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¿Sabes por qué no mezclar medicamentos y alcohol?

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¿Sabes por qué no mezclar medicamentos y alcohol? Foto: Ingimage

Aún en pequeñas cantidades, la ingesta de alcohol puede tener consecuencias devastadoras en el organismo. Si, además, se combina su consumo con medicamentos, los efectos pueden ser muy peligroso, como indica el experto consultado.

A pesar de que diferentes estudios subrayan los beneficios de consumir alcohol de forma moderada, como el difundido por la prestigiosa revista de la Universidad de Harvard, Health Publications, en el que se demostró que la ingesta controlada de bebidas alcohólicas reduce el riesgo de que se generen coágulos en los vasos sanguíneos, estas pueden tener efectos contraproducentes en el organismo cuando se consumen en exceso. Más aún cuando se mezclan con fármacos.

Como explica Milton Josue Crosby, profesor asociado en farmacología de la Universidad Nacional, la asociación farmacológica más frecuente es la combinación de la ingesta de alcohol y medicamentos, quizá por desconocimiento de los efectos o por la normalización del empleo de ciertos fármacos de uso común y rutinario, como puede ser el ibuprofeno o las aspirinas, que, además, se consumen en muchos casos sin receta médica.

Sin embargo, a pesar de que la menor toxicidad -o menor daño- corresponde a la mezcla de alcohol y analgésicos antiinflamatorios tipo aspirina, ibuprofeno, antihistamínicos, antibióticos y antiparasitarios, como recalca el farmacéutico, consumir conjuntamente este tipo de sustancias con bebidas con graduación alcohólica,  induce mayor irritación gástrica, náuseas, dolor abdominal y en algunos casos, puede llegar a inducir sangrado intestinal de gravedad. “El efecto tóxico de mayor relevancia en este caso es la toxicidad sobre el hígado, ya que el efecto del alcohol sobre la fisiología hepática es alto y puede inducir inflamación (hepatitis), alterar el metabolismo de grasas (lo que provoca el desarrollo de un hígado graso) y finalmente, cirrosis. El consumo de bebidas alcohólicas con medicamentos que se metabolizan preferentemente a nivel hepático, como es el caso del acetaminofén, incrementan el daño hepático”, sostiene Crosby.

En aras de evitar una intoxicación, sin importar el grado de la misma, resulta pues imprescindible leer bien la recomendación que acompaña al fármaco que se vaya a consumir o consultar a un médico, para conocer las contradicciones que se derivan de su mezcla con bebidas alcohólicas.

Si bien los efectos fisiológicos de la mezcla alcohol y medicamentos pueden ser imperceptibles en la mayoría de los casos de toxicidad leve, en palabras del especialista en farmacología, “la ingesta de alcohol deber  ser evitada al máximo cuando un individuo se encuentra bajo tratamiento ya que se expone a un incremento del efecto farmacológico o de daño hepático inducido”. De hecho, las consecuencias pueden ser, en otros casos, devastadoras. “La ingesta de medicamentos como hipnóticos y sedantes (anti-epilépticos, tranquilizantes, derivados de morfina o codeína) o una combinación de analgésicos-sedantes para tratamiento del dolor crónico junto con alcohol puede provocar incluso un paro cardio-respiratorio en el individuo, debido principalmente a que estos fármacos actúan directamente sobre el sistema nervioso central y periférico. También porque al mezclarse con alcohol la presión arterial se incrementa significativamente”, indica Crosby.

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