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Cuando la extravagancia se convierte en dieta

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Cuando la extravagancia se convierte en dieta Foto: culturismo-fitness.com

Cada año, surgen un sinfin de regímenes acompañados de sus pertinentes promesas de efectividad y bajada de peso significativa. Algunas de estas cumplen ese compromiso, pero a partir de los métodos más excéntricos posible, como es el caso de las dietas de la drunkorexia y la sonda.

Como ya es costumbre, la Asociación Británica de Dietética (BDA) ha difundido un año más su lista de las dietas “milagro” más peligrosas y con más riesgo de popularizarse entre diferentes grupos poblacionales.

La incorporación más llamativa, y, sobretodo, grotesca, del ranking es el régimen de la drunkorexia, término que deriva de la palabra inglesa drunk (en español, ebrio o bebida) y del sufijo griego –orexia (apetencia). En el intento enfermizo de aproximarse al canon de belleza irreal que impone la moda y la publicidad, ciertas personas adoptan determinados patrones alimenticios poco saludables. Ese es el caso de esta dieta, basada en restringir hasta el extremo el consumo de calorías a lo largo del día y suplir esa ausencia con la ingesta de alcohol. Así, alimentos con una presencia significativa de grasas saturadas, azúcares e hidratos de carbono están prohibidos.

Los jóvenes son el rango de la población que más aceptación y credibilidad están brindando a la dieta de la drunkorexia. El Instituto Europeo de la Obesidad ha hecho un llamamiento para advertir de la peligrosidad de esta tendencia y su consolidación como un nuevo trastorno alimenticio que incluye dos patologías obvias: la anorexia y el alcoholismo. Así, quienes padecen esta enfermedad compensan el exceso de calorías que supone el abuso del alcohol a costa de una ingesta de alimentos irrisoria (en comparación, incluso, con aquellas personas que sólo siguen la dieta de forma puntual).

Esta conducta dilatada en el tiempo puede provocar daños irreparables en la salud. Por un lado, debido a las carencias nutricionales que implica esta dieta, y por otro, por los daños que provoca el abuso de bebidas alcohólicas (y hacer de estas la base nutricional de un régimen) en el organismo, especialmente en el hígado.

Según un reciente informe desarrollado por la citada institución, los efectos de adoptar la drunkorexia son más dañinos en las mujeres. Y es que la sangre de estas absorbe entre un 30 y un 50 por ciento más de alcohol que en el caso de los varones. Asimismo, el documento indica que, también el corazón femenino es más vulnerable a esta sustancia. “Con una ingesta de alcohol menor al 60%, una mujer  tiene las mismas posibilidades de padecer una cardiopatía que un hombre”, recoge el informe.

La dieta de la sonda, también conocida por las siglas KE (Ketogenic Enteral), es otro de los excéntricos regímenes que están ganando en popularidad, en especial, en Estados Unidos, donde el tratamiendo alcanza los 1.500 dólares. Su promesa: adelgazar 10 kilos en 10 días sin comer y sin tener sensación de hambre. Esto se consigue introduciendo un tubo por la nariz que atraviese el esófago hasta alcanzar el estómago, donde se alojará 24 horas al día durante diez días. A través de esta sonda nasal, se suministra a la persona 800 calorías (el mínimo diario necesario para subsistir). Este método de adelgazamiento, ideado por el cirujano italiano Gianfranco Capello, se debe realizar bajo la vigilancia de un especialista y en clínicas dotadas con los aparatos necesarios para su realización.

Esta técnica es la misma que se emplea para alimentar a pacientes en estado de coma, los que padecen anorexia extrema o en enfermos de cáncer que, tras someterse a quimioterapia, no pueden comer de forma normal. 

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