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Hormonas, asunto de mujeres

Revista Fucsia

Hormonas, asunto de mujeres Foto: Thinkstock

Si muchas veces el género femenino resulta un misterio, incluso para sus mismas integrantes, tal vez las hormonas sean la clave para descifrar algunos secretos.

No debe ser una casualidad que las hormonas tengan artículo femenino. Las mujeres, mejor que nadie, conocen la dimensión de estas sustancias que dominan el cuerpo humano de los pies a la cabeza y comienzan a hacerse sentir desde los primeros años de la pubertad.

Las hormonas son una serie de químicos producidos y liberados por las glándulas de secreción interna (endocrinas)
. Al llegar a la sangre se distribuyen por lo que se denomina órganos blancos como el corazón, el sistema digestivo, las articulaciones y, por supuesto, el cerebro. Así logran regular el metabolismo, el sueño, los estados de ánimo, la estructura ósea y los ciclos reproductivos.
Hombres y mujeres poseen hormonas como parte de sus funciones vitales, y como una garantía de la permanencia de la especie, sin embargo, a lo largo de la vida son las mujeres quienes experimentan sus efectos con mayor notoriedad. Especialmente en tres etapas clave: adolescencia, embarazo y menopausia (ver recuadro).

La gran descarga
El término hormona viene del griego “sacudir” o “provocar” y también se asocia con la expresión “yo excito”, y es precisamente eso lo que ocurre con las adolescentes cuando los estrógenos, la principal hormona femenina, hace su entrada triunfal con la llegada de la primera menstruación, hay un sacudón físico y emocional, también llamado pubertad.

Los órganos blancos se ven estimulados y comienzan a crecer los senos, el vello púbico y axilar, pero también hay un cambio notorio en las conductas y el estado de ánimo, debido a que se alteran los neurotransmisores que controlan las emociones. Lo normal es que estos procesos se presenten a partir de los 11 años y hasta los 18. Algunas mujeres se desarrollan más temprano que otras y en muchos casos esto está asociado a los antecedentes de una misma familia. Cuando las hormonas se activan antes de los 10 años se habla de una menarquia precoz y son niñas que pueden, primero, presentar problemas de crecimiento y, segundo, enfrentar un impacto sicológico muy fuerte, ya que tienen una condición de mujeres cuando todavía son muy pequeñas.

Se ha observado que las adolescentes con tendencia a ser obesas suelen tener un despertar hormonal más precoz. Los estrógenos tienen parte de su metabolismo en la grasa periférica, lo que quiere decir que hay más estrógenos circulantes a nivel de la grasa; en la etapa adulta esto puede implicar que estas jóvenes tendrán menor riesgo de osteoporosis en comparación con las mujeres flacas o por debajo de su peso.

En su punto
Enrique Ardila, médico endocrinólogo, explica que a partir de los 20 años una mujer sana se encuentra en una etapa óptima de producción hormonal y, por ende, es el momento propicio para su reproducción. “Podríamos definir la menstruación como un ‘embarazo frustrado’. En cada ciclo, el cuerpo se prepara para su fase de reproducción. El endometrio se adecúa para recibir el óvulo fecundado en el útero. Al no haber fecundación, el nivel de hormonas baja y se produce el sangrado conocido como menstruación. Cuando una mujer queda embarazada se elevan los niveles de estrógenos y también hay un aumento en la producción de progesterona, la hormona del embarazo, que entre otras funciones garantiza la permanencia del feto en el útero”.

El doctor Ardila añade que generalmente en este punto de la vida, entre los 20 y los 40 años, las mujeres han empleado algún método anticonceptivo, que son sustancias diseñadas por la industria farmacéutica para administrar las hormonas, frenar la ovulación y así evitar el embarazo creando un ciclo menstrual controlado. No importa cuánto tiempo lleva una mujer utilizando métodos anticonceptivos, lo usual es que al cabo de un año de interrumpirlos o antes, logre quedar embarazada. Sin embargo, algunas desarrollan una condición llamada anovulación, pero es poco frecuente y reversible con tratamientos médicos.

La dulce espera
En el embarazo el cuerpo de la mujer se convierte en una especie de laboratorio en donde las hormonas van de un lado a otro. Hay una hormona denominada melanocortina que se produce en la corteza suprarrenal que tiene mucho que ver con la pigmentación de la piel. Por eso, algunas mujeres presentan manchas en la cara, denominadas cloasma, vellosidades más oscuras en determinadas zonas del cuerpo, que usualmente desaparecen luego del parto.

En este periodo también aumenta la producción de prolactina, que es la hormona que desencadena el ciclo de lactancia de la madre, pero quizá lo más fascinante de esta hormona es el hecho de que despierta patrones de conducta maternales, eso que las mujeres describen como ‘instinto maternal’, cuando sin haber tenido hijos responden a las necesidades de su bebé de una manera espontánea. Algunos investigadores han estudiado diferentes especies, inyectándoles prolactina a especímenes machos y como resultado la mayoría asume el rol materno frente a las crías.

Después del embarazo, las mujeres pueden enfrentar episodios de depresión a causa del descenso en la producción de hormonas, lo que se conoce como ‘depresión posparto’.

Menopausia, un nuevo comienzo

Entre los 45 y 55 años las mujeres experimentan una reducción drástica en la producción de aquellas hormonas que antes parecían tan inagotables, principalmente estrógenos y progesterona. Los ciclos menstruales se hacen menos regulares, hasta desaparecer definitivamente. Nuevamente, el sistema nervioso central se ve afectado por el comportamiento de los neurotransmisores en vista de la ausencia de hormonas. En algunas mujeres aparecen síntomas que pueden deteriorar su calidad de vida como depresión, sensación de calor, insomnio, piel reseca, pérdida del deseo sexual, uñas quebradizas, pérdida de cabello, osteoporosis, riesgo de enfermedades cardiovasculares, retención de líquidos. El doctor Ardila sugiere que además de la baja hormonal, para muchas mujeres esta etapa coincide con episodios cruciales desde el punto de vista emocional, los hijos se van de la casa, se jubilan después de muchos años de trabajo, lo cual puede influir en el estado emocional.

Estudios recientes han demostrado que cuando las mujeres se encuentran activas laboralmente y en plena etapa productiva les resulta más fácil llevar los síntomas y adaptarse a la nueva condición de su cuerpo.

¿Estrógeno o no  estrógeno?

Con respecto a la terapia de reemplazo hormonal, el doctor Enrique Ardila explica que hubo un estudio relacionado con el tema que desencadenó preocupación entre médicos y pacientes. La investigación denominada Women’s Health Initiative fue un estudio para evaluar los efectos de la terapia de reemplazo hormonal en pacientes en etapa menopaúsica durante más de cuatro años. El estudio fue considerado de alta credibilidad, primero, por el volumen de mujeres participantes y, segundo, porque estaba al margen de la industria farmacéutica.

Para ese momento ya se conocía y se estudiaba la relación entre la terapia de reemplazo hormonal y el cáncer de seno, sin embargo, la investigación abrió un nuevo debate al observarse una incidencia de accidentes cerebro–vasculares e infartos en varias pacientes. El impacto en los medios fue muy fuerte y se suspendió el estudio. el JAMA (Journal of American Medical Asociation) publicó un artículo en donde se advertía de los riesgos de la terapia de reemplazo hormonal. Sin embargo, al revisar las características de las participantes, se encontró que muchas de las voluntarias no eran mujeres completamente sanas. Algunas eran fumadoras, otras sufrían de obesidad, eran de edad avanzada e incluso algunas eran demasiado jóvenes para estar recibiendo suplementos de estrógenos.
Una rama del estudio era un grupo de mujeres que además de estrógenos, tomaban progesterona para proteger el útero del cáncer. Por otra parte, había un porcentaje de pacientes que no tomaban progesterona porque no tenían útero. En ese grupo la incidencia de enfermedades cardiovasculares fue menor.

A partir de ahí, las recomendaciones que están dando los médicos, a nivel internacional, tienen que ver con individualizar el tratamiento para cada paciente. Estudiar su historia personal y familiar. Antes, los estrógenos se les prescribían a todas las pacientes que entraban en la menopausia y hay quienes no deberían tomarlos. Las dosis han bajado y se administran en menor cantidad. No se debe descartar de plano, ya que en caso de que los síntomas sean severos, puede contribuir a mejorar la calidad de vida de la mujer, concluye el doctor Ardila.

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