COMENTARIOS

Permarexia, mal del siglo XXI

Pilar Luna

Permarexia, mal del siglo XXI Foto: Archivo Fucsia

Aunque no está catalogado como una patología, ya se habla de la permarexia como el primer paso antes de sufrir un trastorno alimentario. Reúne a las mujeres que están permanentemente en dieta y que terminan siendo o muy flacas o muy gordas.

Al principio nadie sabe qué es ser ‘permaréxica’. Es más, la palabra no aparece en el diccionario y en un buscador de Internet sólo se encuentran cinco referencias al tema, tres de las cuales proceden de la misma publicación. Los especialistas en nutrición, aunque no conocen este término, saben que es un hecho que el mal existe y que puede llegar a ser una patología dentro de los trastornos alimentarios.

Según las conclusiones de quienes han escrito algo sobre el tema, una permaréxica es una mujer que se obsesiona con la comida, sin ser anoréxica, ni bulímica. “Son mujeres que se saben al pie de la letra las calorías de los alimentos, que conocen los secretos de cada dieta, que saben cómo bajar de peso en una semana cuando, por algún abuso de fin de semana, sienten que han engordado, y que son capaces de pasar de un régimen a otro sin problema. 

Son potenciales nutricionistas porque conocen de alimentos”, dice Pilar Morales ,nutricionista de la Clínica Navarra de Bogotá. Este comportamiento es normal e incluso socialmente aceptado, porque cuidar la alimentación es importante, sano y hasta un símbolo de estatus. “Se puede decir que 95 por ciento de las mujeres, de alguna manera, se la pasan en función de cuidarse para no engordar.

La mayoría no están contentas con el cuerpo que tienen y ya sean flacas, gordas o personas que están en el peso adecuado, siempre se busca mejorar”, aclara Yolanda Rodríguez, jefa del departamento de Nutrición dela Fundación Santa Fe de Bogotá.

Pero, ¿qué tiene de malo que las mujeres quieran estar en buena forma? No tendría ningún problema si la obsesión por la comida no se convirtiera en el principal ingrediente de su infelicidad. Ángela, una joven ejecutivade un importante banco, está consciente de que su forma de vidasana —llevada a una exagerada obsesión por todo lo que come o deja de comer—, la ha convertido en una amargada porque ha dejado de vivir por buscar la salud y la estética. “Voy en el carro hacia mi casa y pienso qué me voy a preparar cuando llegue —dice—. 

Pienso en pasta y digo, no porque son muchos carbohidratos; una sopa, tampoco; pedir una pizza, ni hablar de las calorías; preparar un menú de Atkins, no tengo proteínas. La verdad es que tengo 29 años y he hecho dieta desde que tengo uso de razón”. Ángela no sólo es muy flaca, sino que va al gimnasio tres veces por semana. 

Cuando está en una reunión prefiere no tomar trago porque “eso engorda mucho”, y cuando sale con su novio a cenar siempre busca unrestaurante donde incluyan un menú ligth.“Ir a comer donde mis suegros esun suplicio, porque me obligo a comer algo que sé que tiene ungran contenido calórico. Después me toca rebajarlo”. 

La verdad es queen ningún lado Ángela se siente bien, porque es una permar éxicatípica. “No son anoréxicas porque no dejan de comer, ni bulímicas porque no vomitan lo que comen, pero el hecho de pensar todo el tiempo en alimentación no las deja ser felices. Aunque no es una patología nutricional a nivel siquiátrico hay que estudiarlo porque su vida social se les convierte en un infierno. He visto jóvenes que prefieren no salir paraevitar comer algo que no está dentro de sus patrones alimenticios”, dice Morales.

El modelo Barbie

Los especialistas concluyen que, aunque todas las mujeres pueden sufrir de este mal, las demasiado obsesivas con las dietas son potenciales víctimas de un trastorno alimentario. Eso sí, con elaval de la sociedad que no ve en el hecho de hacer dieta ningún problema y, por el contrario, está asociado con ser una triunfadora.

Los medios de comunicación se la pasan bombardeando a las jóvenes con mensajes que hablan de parámetros estéticos definidos, pero también utópicos. Es ganador quien tiene el cuerpo de actriz o de modelo y eso está lejos de la realidad. Es lo que comúnmente se denomina como el modelo Barbie. “Las jóvenes tienen modelos demasiado delgados. Las celebridades —dice Yolanda Rodríguez— son excepcionales y, por consiguiente, son referencias irreales. 

Son mujeres que miden más de 1,73 metros, que no tienen huesos anchos, que hacen dos horas de ejercicio diarios y que se someten a muchos sacrificios. Son modelos inalcanzables, que acostumbraron a sus cuerpos a vivir con las mínimas calorías porque tienen un estilo de vida distinto al del común de la gente”.

Las permaréxicas se la pasan de dieta en dieta tratando de emular a esas celebridades y hay quienes siguen al pie de la letra todos los regímenes que salen publicados en las revistas. Este tipo de mujeres saben con exactitud qué dieta hace quién y terminan por obsesionarse con estar igual que la actriz o la modelo del momento. “Como no cuentan con la misma disciplina que una celebridad terminan por subir y bajar de peso permanentemente hasta que se desestabiliza el sistema endocrino”, dice Yolanda Rodríguez.

De talla mayor 

Pero lo más grave de la permarexia es que en muchos casos quienes las sufren, que por cierto no saben que la sufren, pueden llegar a desestabilizar tanto su organismo que terminan por ser obesas. Aunque no hay estadísticas al respecto, se habla de que un cuarto de la población femenina del mundo está en dieta permanente y, sin embargo, la Organización Mundial de la Salud, reportó que para este año los índices de obesidad en países como Estados Unidos han alcanzado los mismos índices de desnutrición del continente africano, el más desnutrido del planeta. 

Esto sólo hace plantear un problema grave de salud pública y replantear la forma como la población se está alimentando. “El efecto yo–yo (subir y bajar de peso constantemente) es muy peligroso para la salud. Las dietas restrictivas lo único que consiguen es que la persona, cuando regresa a lo normal, engorde más de lo que perdió. Por consiguiente, el organismo se descompensa y los resultados esperados nunca llegan”, dice Yolanda Rodríguez.

Según Pilar Morales, este tipo de abusos con la comida terminan en graves alteraciones a nivel endocrino, como hipertiroidismo; y también en otras complicaciones como hipoglicemia, graves patologías gástricas y estreñimiento. “El metabolismo entra en una constante aceleración y desaceleración que termina por alterarlo”.

Ángela sabe que tiene un problema con la comida, pero hasta ahora entiende que irónicamente eso es lo que no la deja tener calidad de vida. “A veces siento que tengo una personalidad bipolar: por un lado soy consciente de que existen cosas más importante en la vida que estar flaco, pero por otra parte veo por todas partes a las modelos y actrices que se ven divinas y tienen unos cuerpos perfectos.

Quisiera despertarme un día y no pensar en comida, pero entro al baño y no puedo evitar pesarme para ver si mi peso se ha modificado. Quisiera salir con mis amigos y no pensar que lo que coma va afectar mi figura. Quisiera vivir”.

 

 

 

 

También le puede interesar

COMENTARIOS

Este es un espacio de participación de los usuarios. Las opiniones aquí registradas pertenecen a los internautas y no reflejan la opinión de Publicaciones Semana. Nos reservamos el derecho de eliminar discrecionalmente aquellos que se consideren no pertinentes.
Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.