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Por qué nos gusta la comida chatarra

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Por qué nos gusta la comida chatarra Foto: Thinkstock

Aunque los hábitos saludables estén cada vez más en boga, y esta tendencia esté fortalecida por el gusto social de una figura humana esbelta y magra, las personas siguen acudiendo con apuro a los restaurantes de comida rápida. Más allá de ser una conducta ‘irresponsable’, se trata de una necesidad evolutiva.

Por extraño que parezca, los hábitos de nuestros antepasados de hace miles de años siguen teniendo relevancia en nuestros días, no porque tengamos el mismo estilo de vida, sino porque una vez se ha establecido un patrón de comportamiento que se adapta al desarrollo genético, es más difícil modificarlo.

De acuerdo con David Buss, profesor de psicología en la Universidad de Austin-Texas, especialista en psicología evolutiva, las presiones ancestrales de selección son responsables de haber creado estrategias de alimentación que usamos en la actualidad, aunque las condiciones actuales difieran significativamente de aquellas en que se desarrollaron milenios atrás.

Nuestros antepasados obtenían hortalizas mediante su recolección y carne mediante la caza, en tanto que ahora obtenemos la comida de supermercados y restaurantes; ello ya evidencia un cambio significativo en el estilo de vida de ambas generaciones, con todas sus implicaciones correspondientes. “No tenemos genes para procesar la comida que se consume en cantidades masivas en los establecimientos de comida rápida, pero la comida que ingerimos o preferimos revela las estrategias ancestrales de supervivencia que prevalecen en nosotros”, expresó Buss como ejemplo para sus teorías evolutivas.

¿La comida rápida doblega la voluntad?
El éxito de los restaurantes de comida rápida radica en el tipo de componentes que estos alimentos contienen.

En primera instancia, la comida ‘chatarra’ es salada. El apetito por la sal es un instinto ancestral muy arraigado e importante para la supervivencia, porque está relacionado con la capacidad de compensar rápidamente las necesidades de sodio, componente que ayuda a regular el equilibrio de los líquidos en el organismo.

Por otra parte, las comidas rápidas suelen tener un alto contenido en grasa, azúcar y proteínas, tal como ocurre en las hamburguesas, pizzas, malteadas, y papas fritas. Según Buss, “las cadenas de comida rápida deben su popularidad precisamente a que sirven estos elementos en cantidades concentradas, revelando las preferencias alimenticias que evolucionaron en un pasado de escasez”, dijo el experto, “hoy, sin embargo, consumismos en exceso tales elementos  por su abundancia sin precedentes desde un punto de vista evolucionista, y las antiguas estrategias de supervivencia perjudican ahora nuestra salud”, dijo.

Querámoslo o no,  seguimos anclados a las preferencias alimenticias de hace miles de años, que se desarrollaron en función de una necesidad particular de ese tiempo. “Aunque no podemos retroceder en el tiempo y observar de forma directa cuáles eran las condiciones antiguas, nuestras preferencias gustativas actuales, al igual que el miedo a las serpientes o la afición a los niños, ofrecen una ventana para observar cómo debieron ser. Perviven en nosotros instrumentos concebidos para un mundo más antiguo”, afirmó Buss.

Las estrategias de supervivencia se vienen desarrollando desde hace miles de años y la evolución cultural y social suele ser más rápida que la meramente biológica, es por esta razón que hábitos e instintos arcaicos siguen haciendo parte constitutiva de muchos de nuestros comportamientos, sin que lo sepamos.

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