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Gripe y ejercicio, ¿aliados o enemigos?

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Gripe y ejercicio, ¿aliados o enemigos? ©Ingimage

Se han tejido diversos mitos en torno a si practicar actividad física es beneficioso para la salud o, al contrario, empeora los síntomas de un cuadro gripal. La respuesta de la mano de expertos.

Estudios han confirmado los beneficios que tiene hacer ejercicio físico para el fortalecimiento del sistema inmunológico. “Cada sesión de ejercicio aumenta el número de células blancas de la sangre y la inmunoglobulina, que actúa para reducir la susceptibilidad a la enfermedad”, asegura un estudio realizado por investigadores de la Universidad Estatal de los Apalaches y la Universidad de Carolina del Norte.

El documento, publicado en British Journal of Sports Medicine, también señala que quienes lo practican con frecuencia son menos propensos a desarrollar un resfriado y, cuando se enferman, los síntomas no son tan severos, como en una persona que no tiene un estilo de vida activo. Asimismo, la duración del cuadro gripal es menor.

Ante esto, Oscar Mauricio Sarmiento Becerra, médico general de la Universidad Nacional de Colombia y deportista de alto rendimiento, asegura que durante el desarrollo de un resfriado sí es recomendable hacer ejercicio, siempre y cuando los síntomas no abarquen obstrucción nasal o inflamación de la garganta severos; ya que, en ese caso la mejor opción es guardar reposo y acudir a un profesional de la salud, para recibir asesoría.

Pero si la gripe tiene los síntomas comunes, estar en movimiento es una excelente alternativa para eliminar el virus con mayor rapidez. “El ejercicio aumenta la producción de endorfinas, lo que hace que la persona se sienta mejor”, señala Sarmiento. “Al realizar actividad física aumenta la temperatura corporal, generando una ‘fiebre provocada’, lo que facilita el trabajo del sistema inmunológico”, agrega.


Recomendaciones del experto
La primera sugerencia es hidratarse frecuentemente, ya que el cuerpo tiende a perder más agua y puede sufrir un trastorno de electrolitos. Asimismo, se debe optar por ejercicios de bajo impacto, en los que la frecuencia cardíaca no sobrepase los 150 latidos por minuto, preferiblemente guiados por un profesional del deporte.

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