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Depresión: ayuda sin caer en ella

Depresión: ayuda sin caer en ella Mujer sentada en el suelo, foto: Thinkstock

Evita que los estados de ánimo de una persona depresiva te afecten en el intento por comprenderla y colaborarle. Consejos para sobrellevar la situación.

Por RevistaFucsia.com

La depresión es una enfermedad que muchas personas entienden, erróneamente, como falta de carácter, ganas de llamar la atención o capricho. Quienes la padecen saben con total conocimiento de causa que esa desesperanza que los embarga no tiene nada que ver con eso, simple e inexplicablemente obedece a que no encuentran razones para continuar con su vida, pierden la motivación frente a sus proyectos y no están interesados en socializar con otras personas.

Generalmente, este trastorno es diagnosticado y manejado por un especialista, pero las personas que rodean al enfermo –ya sea en su entorno familiar o laboral– también se ven involucradas quiéranlo o no en el tratamiento. Esto porque son ellos quienes comparten la cotidianidad con la persona deprimida y colaboran para incentivarla a darle un cambio a su vida.

Manejar ese rol no es tarea fácil y menos aún cuando los afectos se interponen y los sentimientos de culpa, pesar o rabia también están presentes. Por ello, es necesario saber algunos aspectos determinantes que pueden ayudar tanto al enfermo como a quien pretende comprenderlo.

1. Lo primero es reconocer si la depresión es resultado del fallecimiento de un familiar, de la pérdida del trabajo, de una crisis económica o ya es un estado permanente que no tiene explicación.
2. De ser el segundo caso, es importante buscar ayuda profesional para que a través de terapias o incluso medicamentos, la persona pueda manejar sus estados de ánimo.
3. Como tercer aspecto, es necesario evitar sobreproteger a la persona, acceder a todos sus caprichos o manifestar que se siente lástima por ella pues esto sólo logrará que encuentre un beneficio en todo lo que le está pasando.
4. Jamás se debe abandonar al enfermo ni pretender que se motive con la vida cotidiana porque precisamente motivación es lo que no encuentra. No obstante, el trato que se le dé debe ser igual al de una persona normal.
5. Es aconsejable hacerle ver las consecuencias de entregarse de lleno a la depresión (descuidar la salud, perder el trabajo, restarle importancia a su aspecto físico y a la higiene de su cuerpo, etc.).
6. Los familiares y amigos no deben someterse a la voluntad del depresivo ni condicionar sus vidas y sus acciones a lo que la persona desee. Lo ideal es que vea que la gente que lleva una vida normal es feliz y que en sus manos está insertarse de nuevo en las actividades de los demás.

Por último, resulta indispensable escuchar las razones por las que la persona se encuentra deprimida. Si ella misma no puede encontrar respuesta, es determinante buscar asesoría profesional y evitar caer en el círculo de sentarse con ella a tratar de buscar un porqué pues esto sólo logrará que ambos se depriman y que quien estaba intentando ayudar, empiece a ver con poco optimismo la cotidianidad.


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