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Esas vainas que desenamoran

Samuel Giraldo

Esas vainas que desenamoran Foto: Thinkstock

Hay cosas de las mujeres que desencantan. Con unos amigos del trabajo hicimos una lista de algunos detalles que nos hacen salir corriendo.

A la existencia hay que ponerla en perspectiva de vez en cuando. Una persona de mi generación vive alrededor de cien años, según va aumentando la expectativa de vida en un país en desarrollo como el nuestro. Esto quiere decir que tenemos más o menos unas 90 Navidades para gastarnos, de las cuales, ya hemos quemado unas 30 ó 40.

El cuento existencialista me viene a la cabeza porque estamos de acuerdo en que hay que vivir enamorado de una persona para hacer más alegres las Navidades que nos restan. Pero así sea esa mi intención, en lo que me queda de vida, hay cosas que definitivamente desenamoran a los hombres.

Con unos amigos de la agencia armamos una ‘lista ejecutiva’ (breve resumen de toda una mañana de intercambiar correos electrónicos) de pequeños detalles que espantan a los hombres de todas las edades y que no dejan pelechar ninguna relación. Son pequeñas taras sociales que no hemos sabido superar.

Por ejemplo, un desenamoramiento fijo es la impuntualidad asociada con el mal genio; que lo hagan esperar a uno cuando invita a salir a una mujer es fatal, pero da más rabia cuando en la sala de la casa de ella los muebles están forrados para que no se ensucien. Es como una rara herencia de la abuela, que por fortuna está en vías de extinción.

Un amigo me dice que lo desenamoran las mujeres que tengan las uñas de los pies de un color distinto al del de las manos; que se pongan chanclas en las tardes para descansar, y que digan rostro en lugar de cara, o peor aun, que hablen de cabello en vez de pelo.
 
No me había imaginado que el uso de la tecnología empieza a ser un elemento de distanciamiento social. ¿Ha visto las mujeres que usan el celular como radioteléfono, que lo ponen de frente para que les escuchen con más claridad? Fatal.
Qué pereza que una mujer tenga iconos para todo en su Messenger o que en su backtone suene un vallenato. También es una desilusión total que pongan frases de autoayuda en sus correos, en el MSN o Facebook.

Ahora bien, en el frente sentimental hay actitudes que desinflan de entrada. Es el caso de las mujeres que le dicen a la abuela “mita” o “mamita”; o que llaman por diminutivos a sus amigas, cosas por el estilo de Naty, Sandy, Caty, Alex, Lauri, Marce…

A mí, personalmente, me desenamoran profundamente las que pronuncian un inglés rebuscado o usan palabras de otros idiomas sin traducción para parecer globales. No me gustan que me pidan flores ni mucho menos canciones, y absolutamente me molesta que compren marcas chiviadas en Sanandresito o que lean a Paulo Coelho.

Para nada quiero que esta columna me la cojan personajes de la talla de Florence Thomas, Eva Rey o Lucrecia Ramírez y le monten un cuento feminista, es sólo una lista de cosas que desenamoran a mis amigos. Qué tal las viejas que cuando uno las lleva a Archie’s piden “una pizza de hawaiana”, o las que se sienten orgullosas de nunca haber montado en bus.

Seguro que los hombres tenemos más taras que las mismas mujeres en materia de relaciones, y que no nos damos cuenta, pero bien vale la pena decir algunas vainas que no nos molestan, como cuando usamos palabras en decadencia.
 

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