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La crisis de los 40 en ellos... ¿¡qué le pasa a mi esposo!?

La crisis de los 40 en ellos... ¿¡qué le pasa a mi esposo!? Foto cortesía Viki Morandeira

La RevistaFucsia.com entrevistó a Viki Morandeira, autora del libro ¿Qué le pasa a mi marido? acerca de la famosa crisis de los 40. Si estás pasando por este momento crucial en la vida de muchas parejas, este es el artículo para tí.

1. ¿Cómo describes la crisis de los 40 en ellos?
En los hombres, la Crisis de los 40, puede presentarse entre los 35 y los 45 años y suelen sentir la necesidad de hacer, vivir, experimentar, probar, todo aquello que no han hecho, vivido, experimentado o probado. Tienen una serie de pensamientos irreales, que les dicen que es ahora o nunca, como si creyeran que la vida se terminara después de los 40. Por suerte no todos los hombres pasan por esta crisis. Y no hay distinción entre solteros, casados, con estudios o sin ellos y de cualquier nivel socio-económico.

2.       ¿Y en ellas? ¿Sufren de estos cambios como los hombres?

Algunas mujeres también sufren la crisis de los cuarenta, aunque los síntomas son distintos. Nosotras, solemos tener ya nuestros hijos, algunas hemos dejado una profesión, o un sueño a medio camino para ocuparnos de la familia. En las mujeres surge el deseo de volver a estudiar, de un mayor crecimiento personal, y también de demostrar que no somos solo una madre o una cocinera.

3.       ¿Cuáles son los síntomas que debemos tener en cuenta para descubrir si nuestra pareja está pasando por esta crisis?
No todos tienen todos los síntomas, como comento en mi libro, ¿Qué le pasa a mi esposo? (Editorial Circulo Rojo),  donde detallo y explico dichos síntomas, por suerte, no todos los hombres los tienen todos. Pero los más comunes y los que pueden ponernos sobre aviso para detectar a tiempo esta crisis son: el mayor cuidado personal, cambio de hábitos, mayor actividad deportiva, el estar constantemente pendiente del móvil, recibir mensajes y ponerse incómodo, la disminución del contacto físico y también del contacto sexual.

4.       ¿Cuáles son las posibles causas?
Con las causas, pasa como con los síntomas, aunque en el libro detallo todas, cada uno tiene dos o tres causas básicas. Desde mi punto de vista, una de las principales causas es el creer que se encuentran ya más cerca del final que del principio de sus vidas, la muerte de un amigo puede ser también causa, la monotonía en la pareja, la baja autoestima en él, una depresión, no responsabilizarse de su falta de emociones, dejando caer la culpa en la pareja, demasiadas ocupaciones y poco ocio, etc...

5.       ¿Cómo ayudar a nuestro marido?

Esta es la parte más complicada. Muchos no reconocen estar en crisis, y no creen necesitar ayuda nuestra, sobretodo porque nos ven como la causa de sus males. Lo mejor que podemos hacer es ayudarles a ver sus pensamientos irreales, a que expresen sus miedos y sus quejas sobre nuestra relación. Aceptar nuestros errores es parte fundamental en la recuperación de la relación de pareja, mostrarle que aún le quedan muchos años por delante y que puede fijarse nuevas metas o incluso alcanzar las que creía imposibles. Dejando de ser quien habla todo el rato, para escucharle. Lo que no debemos hacer es "esperar" a que se le pase.... como si fuera una gripe.

6.       ¿Cómo ayudarnos nosotras?
Lo  primero que debemos hacer es decidir qué queremos hacer. Tomar una decisión en firme. Si queremos ayudarle, si queremos recuperar nuestra relación debemos asumir que también tenemos parte de responsabilidad, que no todo es nuestra culpa, que el problema no somos nosotras, pero que podemos ser la solución si damos los pasos necesarios. Nos ayudamos si dejamos de escuchar a aquellas personas que nos consuelan como si fuéramos las víctimas de ellos. Somos adultas, y ambos estamos sufriendo. Asumir que no nos está haciendo esto a nosotras es el primer paso para poder ayudarle sufriendo mucho menos. Ser positivas, pensar en positivo y asumir que pase lo que pase, la vida continúa y es nuestra responsabilidad seguir viviendo felices, por nosotras y por nuestros hijos.

7.       ¿Cómo sabemos identificar la diferencia entre una crisis o que verdaderamente no nos quiere y se quiere ir?

Si realmente se quiere ir, se sentará delante nuestro incluso antes de cualquier infidelidad y nos dirá que quiere el divorcio. Además, no tendrá algunos de los síntomas más característicos de esta crisis (cambiar de ropa, aumentar el cuidado personal, baja autoestima, etc.)

8.       ¿Hasta qué punto crees que una mujer debe luchar por salvar su matrimonio y cómo?

Esta es una decisión personal. En ningún momento creo que podamos imponer a nadie el rendirse o el continuar luchando. Cada mujer tiene que tomar esta decisión, porque será ella quien sufra, será ella quien se haga responsable de su futuro. Desde mi punto de vista, el intentar recuperar la relación, por amor, porque lo que realmente deseamos es seguir teniendo un matrimonio basado en el respeto mutuo, yo a priori aconsejo intentarlo. Si lo que queremos es no quedarnos solas, o si creemos que no hay vida tras la separación, estaremos equivocadas. Creo que se debe luchar solo si está dispuesta a perdonar, si está dispuesta a olvidar, si está dispuesta a cambiar, si está dispuesta a crecer y aprender de sus errores. Ellos también deben aprender, pero no porque nosotras los obliguemos. No podemos obligarles a cambiar, pero nuestro cambio produce en ellos también esos cambios positivos que son necesarios para volver a tener un matrimonio saludable.

9.       ¿No estaría ella nadando contra la corriente?
¿Quién determina hacia dónde va la corriente? ¿Dónde está establecido lo que sí es nadar a corriente y lo que es nadar contra corriente? Tenemos una vida. Es esta y a veces, habrá que nadar contra corriente para luego poder disfrutar de haber conseguido lo que deseábamos. Lo primero que aconsejo a las mujeres con  las que trabajo para guiarlas en la recuperación de sus parejas, es que la corriente la determinan ellas. Que cada una tiene el derecho de luchar por sus ideales y si aún así, no podemos recuperar nuestra pareja, la experiencia nos habrá hecho crecer y ser mejores personas si la afrontamos con responsabilidad.

10.   ¿Cuáles son los principales ingredientes para que una relación “hoy en día “dure?

Soy una persona visual, me gusta explicarme con imágenes, y si me permites, me gustaría responderte con una metáfora ilustrativa. En algún lugar que ya no recuerdo, leí que el matrimonio era como un jardín. Al casarnos, como al mudarnos de casa, cuidamos de nuestro jardín entre los dos. Con el tiempo, a veces, poco a poco, vamos perdiendo la costumbre de cuidarlo y van saliendo malas hierbas. Entre la pareja, van surgiendo diferencias, que no resolvemos adecuadamente. Y cuando queremos acordar, el jardín parece una selva. Se puede volver a cuidar el jardín, requiere constancia, cuidados diarios, aprendizajes y mucho amor. Los ingredientes para que una relación dure, a mi juicio son el respeto mutuo, la empatía, el mantener metas comunes, el contacto sexual, el hablar el lenguaje de amor de nuestra pareja, el saber pedir lo que necesito y el saber escuchar, el aprender a hacer silencio y escuchar con el corazón. El dejar de lado la idea de "tener razón". ¿De qué me sirve tener razón sobre qué color es mejor para pintar la fachada de casa, si eso me distancia de mi pareja? El amar es una decisión. El amor no es algo sin vida, que se tiene o no se tiene. El amor es algo vivo, como nuestro jardín, que debemos abonar, regar y cuidar cada día.

11.   ¿Y si ya se ha ido?
Aún cuando se ha ido, si es porque nuestro esposo está en la crisis de la mitad de la vida, podemos intentar recuperar la relación si eso es lo que deseamos. Si él se niega a cualquier tipo de comunicación, debemos aceptarlo y seguir nuestro camino. Todo pasa. Lo malo al final, pasa también. Si nos separamos o no, luego de algún tiempo volveremos a sonreír, a vivir y a tener ilusiones, porque el ser humano no puede vivir en la tristeza continua. Aquellos que se quedan instalados en el dolor y en la pérdida más tarde o más temprano terminan enfermando físicamente. Soy de esas personas que creen que el sufrimiento genera enfermedades corporales además de enfermedades mentales. Por eso, una vez aceptado que no hay recuperación posible, tenemos que tomar la firme decisión de ser felices, de volver a ilusionarnos con la vida, con nuestra vida, porque una vez sanadas nuestras heridas, podremos tener un nuevo y hermoso jardín para cuidar.

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