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La escalera ideal La escalera ideal

Por definición, son el puente de unión entre un piso y otro, pero más allá de su función básica, deben integrar todos los espacios y ser un elemento de su estética.


Por: Revista Fucsia
 
“Deben ser un motivo y no un pretexto, no una cosa residual”, asegura el arquitecto Guillermo Arias. “La idea no es que sean túneles de oscuridad sino un espacio en el que uno sienta libertad; no un pegote sino algo lindo que una espacios”, agrega este estudioso de las escaleras.

Por el importante espacio que ocupan —equiparable al área de una habitación secundaria— deben ser muy bien diseñadas y cumplir con cuatro criterios fundamentales: comodidad, proporción, funcionalidad y adecuación al espacio.

“En muchas ocasiones, las escaleras de los apartamentos son mediocres porque no importa el espacio que ocupan, mientras que en muchas casas hay escaleras rimbombantes, en cascada, y con un techo en el que uno siente que se va a matar”, explica Arias.

Por su experiencia sabe que una escalera mal hecha es la que da la sensación de estar embutida en el espacio, con peldaños forzados donde no cabe el pie o en la que una persona siente que en cualquier momento se va a tropezar o a golpear en la cabeza.

A continuación, puntos para tener en cuenta a la hora de diseñar la suya:

- Una forma de clasificar las escaleras es entre macizas y transparentes: las primeras tienen clósets, baños, baúles, jardines, concreto o cualquier otra cosa debajo; las segundas son aquellas donde sólo se ve su estructura, su esqueleto, porque el espacio debajo está vacío.

- Si las escaleras están pegadas a la pared son generalmente menos anchas, si tienen un descanso intermedio son por lo regular más anchas y menos largas, y si son en caracol, ocupan menos espacio pero pueden ser un poco incómodas.

- Las escaleras pueden ser de concreto, madera o metal (hierro o aluminio), aunque el material es secundario a lo verdaderamente importante de una escalera: servir de unión de manera práctica y estética.

- Sin ser una medida rigurosa, las escaleras clásicas deben tener entre 25 y 30 cm. de largo por paso (huella) y una altura de 17 y 18,5 cm. de alto (contrahuella). Cuando se recorta el tamaño de los peldaños en aras de que quepa dentro del espacio asignado, ésta se vuelve incómoda y peligrosa.

- En arquitectura se suele emplear una fórmula estándar para determinar la proporción de los escalones: una huella + dos contrahuellas = 65 cm. Así, si se tiene una huella de 30 cm., la altura de la contrahuella sería de 17,5 cm.

- Ni el primer ni el último peldaño deben ser más bajos que el resto porque predispone fácilmente a un tropiezo, ya que cuando se sube o se baja el cerebro regula la altura.


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