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¿Las mujeres somos mejores jefes?

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¿Las mujeres somos mejores jefes? Foto: Ingimage.

Nuestro género ha tenido enormes avances sociales y progresos en la escala de logros en el último siglo. Sin embargo, el “techo de cristal” es una realidad y seguimos siendo una minoría en cuanto a liderazgo empresarial.

“¿Las mujeres son mejores empresarias?”, preguntó uno de los asistentes a la conferencia Forte MBA Women’s Leadership que se llevó a cabo el pasado mes de junio en Nueva York, en Estados Unidos.

Durante el debate se discutieron algunas de las cualidades que se les atribuyen estereotípicamente a las mujeres: que tenemos más empatía, que somos más indagadoras, colaboradoras y cooperadoras. Si todos estos estereotipos fueran ciertos, se podría decir que nuestro género tiene ventajas al momento de emprender nuestros propios proyectos en los negocios.

Sin embargo, la realidad es otra. Aun en el Siglo XXI, a más alto el rango, más amplia la brecha entre hombres y mujeres, lo que nos deja mal representadas en los puestos directivos.

Jack Zenger y Joseph Folkman de Harvard Business Review llevaron a cabo una encuesta sobre la opinión que tenían los empleados de 7.280 líderes, el concepto de quienes trabajaban con ellos y de los jefes de esos líderes.

Los resultados confirmaron algunos de esos estereotipos: que hay más hombres que mujeres en cargos de mando y que “las mujeres líderes ofrecen más apoyo y sobresalen en construir relaciones; de hecho, muchas sobresalieron en cuanto a desarrollo personal e integridad. Las mujeres obtuvieron mejores resultados que los hombres al ser calificadas por sus pares, jefes y asociados”.

Pero estamos estancadas. Aunque la mujer ha logrado un progreso increíble dentro de un corto periodo de tiempo, Debora Spar, Presidenta del instituto Bernard College, dijo en una conferencia en la Casa Blanca acerca del desarrollo económico y urbano en mayo de 2012: “Caímos en el gueto del 16 %. Si observas cualquier sector, sea ingeniería aeroespacial, Hollywood, educación superior, o las 500 mayores compañías del mundo, las mujeres, como máximo, llegamos al 16 %. Esto es un crimen y un desperdicio increíble de talento”.

Para las columnistas Barbara Kelley y Shannon Kelley del Huffington Post, esto se debe a que, a pesar de los avances en igualdad de condiciones, el lugar de trabajo aún es como en la década de los cincuenta: “Ahora con los celulares y los correos electrónicos debemos estar de turno todo el tiempo aun si ya terminamos nuestra jornada”.

Las escritoras aseguran que, además, los malabares que implican manejar la vida laboral y personal son intimidantes y que al final alguien debe ceder. “Agreguémosle niños a la mezcla. Con una pareja tal vez tan ocupada como nosotras la decisión de quién va a ceder suele ser financiera, y como los estudios revelan que las mujeres a menudo ganamos menos que los hombres... Tres palabras: vida de mamá”.

Ya demostramos que podemos jugar su juego, jugarlo igual de bien, pero, ¿es hora de cambiar las reglas? ¿Hacer el juego nuestro?

Un estudio de la Universidad Carlos III del Departamento de Negocios Administrativos de Madrid y publicado en la revista Journal of Business Research concluyó que “las decisiones se toman de forma más democrática y se construyen más canales interpersonales” en las empresas lideradas por mujeres.

Las encuestas muestran que las políticas administrativas que se encaminan hacia el feedback reflejan nuestra realidad actual: que los empleadores deben darse cuenta de que sus empleados tienen una vida, y que si apoyan el hecho de que tienen una vida por fuera del trabajo, esos empleados serán más productivos en su labor. El mismo tipo de cambios que serían posibles si hubiera más mujeres “en el juego”.

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