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Maridos mantenidos Foto: Thinkstock

A nadie le gusta mantener a nadie, por más amor que se le profese. Cuando la mujer gana más plata que el marido, es más exitosa y está dedicada a su carrera, corre el resgo de que su pareja termine con la autoestima por el piso, o, lo que es peor, goce de su cuarto de hora y se convierta en un mantenido.

Para el 2006, un juez colombiano decretó que las mujeres solventes deben ser ciento por ciento responsables de la pensión alimentaria de los hijos, en el caso de que el marido no tuviera  trabajo ni bienes con qué responder a estas obligaciones, y dejó en libertad a un marido al que se le había dictado una sentencia de cuatro años de cárcel por incumplir con esa obligación.

El fallo fue histórico, pues desde siempre, cuando se divorciaban, las mujeres esperaban que el hombre asumiera tanto sus gastos como los de los hijos. La ley y las mujeres coincidían en que había que ‘castigar’ al hombre por abandonar el hogar y obligarlo a cubrir esas expensas.

La igualdad de géneros llegó para quedarse, según el juez que falló en este caso. Parecería que, según su criterio, las mujeres nos hemos pasado los últimos doscientos años luchando porque nuestros derechos sean aceptados en términos de igualdad con los hombres, pero que, en un acto de doble moral, nos hemos negado sistemáticamente a aceptar que los derechos traen responsabilidades tanto morales como económicas.

A nadie le gusta mantener a alguien que ya no quiere, pero el tema de los hijos no tiene discusión y en eso estoy de acuerdo. No debería ser un problema decidir quién los mantiene, debe ser una responsabilidad compartida. Claro que la mayoría de los hombres piensan distinto y son los magos para abusar de las leyes. No son pocos los que se declaran insolventes, los que dejan el trabajo y se independizan para, en ese caso, ser ellos los que ‘castiguen’ a las mujeres.

Falta mucho trecho para que tanto hombres como mujeres maduren en este aspecto, y en un futuro muy cercano deberá mantener el hogar el que tenga el salario más alto sin importar el género. Hoy por hoy, cuando la mujer gana más plata que el marido, es más exitosa y está dedicada a su carrera, corre el riesgo de que se le acabe el matrimonio, pues inconscientemente desprecia al marido y éste termina con la estima personal en el piso.

Este tema se ha vuelto tan actual que fue motivo de series de televisión como Desperate Housewifes, y de libros como Lipstick Jungle, de la misma autora de Sex and the City. No importa la cultura o la nacionalidad, cuando las mujeres mantienen la casa se vuelven controladoras y poco pacientes, pues tienen que hacer muchas cosas a la vez. Los hombres resienten este trato y como no están acostumbrados a ver el trabajo de la casa como tal, no lo valoran. Son pocos los que han querido participar en el cuidado de los niños.

Desde siempre, y con honrosas excepciones, los hombres han preferido casarse con una mujer que se haga cargo de la casa, una mujer pasiva y no necesariamente con la que ama, pues esto les da estabilidad emocional. Prefieren tener quien los atienda. Pero el papel de la mujer cambió y los hombres siguen confundidos sin entender que, aunque sea a la fuerza, ellos también deben cambiar.

Se les movió el piso y ahora tendrán que luchar por su propio espacio, pero en condiciones distintas, pensando que también se puede ser feliz ejerciendo el papel de papá en todo el sentido de la palabra, y no solamente ser el que paga las cuentas. Esta es la teoría, pero me cuesta trabajo imaginarme a un yuppie con delantal, trapeando el piso, cortando cebolla y atendiendo al bebé que tiene hambre y necesita que le cambien el pañal. Y ni hablar de los hombres de mi generación, que no conocen ni un pañal ni un tetero.

No estoy segura de que la naturaleza humana cambie tan rápido. Es difícil cambiar patrones de conducta de miles de años. El DNA de los cazadores, de los proveedores, es más masculino que femenino. Tal vez si no se les exigiera a todas las mujeres ser madres y a todos los hombres romperse la espalda trabajando de sol a sol y cada uno escogiera su camino libremente, tendríamos familias más felices.

No le veo nada de malo a un matrimonio en el cual la mujer trabaje para ser exitosa y que junto a su marido pueda cumplir sus sueños sin que la sociedad los juzgue. Que mantenga el hogar y él la ayude a lograr el éxito profesional. Lo importante es ver crecer a los hijos sin importar si el que los cuida es el papá o la mamá.

Lo que si tengo claro es que la decisión del juez va a legalizar esa concepción de que la carga más pesada les toca a las mujeres, pues digan lo que digan, si un bebé se enferma es la mamá la que sale corriendo a cuidarlo, la que le ayuda a hacer las tareas por teléfono, pues, con o sin ley, la mayoría de las mujeres son las que se hacen cargo de los hijos. Muchos hombres seguirán pensando que ahora los apoya la ley para no responder por sus hijos.

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