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¿Soltera o sola? Foto: Thinkstock

Disfrutar la soledad, cuando se elige no tener pareja debe estar basado en el convencimiento de haber encontrado nuestro propio ser. Pero, existe la sensación real de querer quedarse sola, ¿o es cuestión del azar?

Ninguna mujer escoge conscientemente quedarse soltera, digan lo que digan las de hoy en día. No es una opción voluntaria, aunque, ante el número tan grande de solteras, se podría pensar lo contrario dados los cambios sociales que se dieron a partir de los años 60.

Y eso que en esos años las feministas radicales que no se casaban no tenían una visión clara sobre la soltería. Inicialmente, rechazaron las relaciones heterosexuales, el matrimonio y la familia, por ser instituciones que esclavizaban a las mujeres. Pero eso no duró mucho tiempo, puesto que había que escoger entre ser lesbiana o soltera, y la mayoría de las mujeres no aceptaron esa premisa.


Llegando los 70, ellas se inventaron el concepto de la pareja igualitaria: el amor entre dos iguales, cada uno participando en la vida del otro, enriqueciéndose mutuamente. Partían de la base de la existencia de la pareja perfecta basada en el amor y no necesariamente en el sexo. Veían a la soltera como una mujer explotada por los hombres con la disculpa de la revolución sexual. Pero tanta belleza no pudo ser verdad, pues el ideal de hombre comprensivo, al que le gusta escuchar, que expresa sus sentimientos, romántico, fiel y buen amante no existe ni en las películas de Hollywood.

La realidad de hoy es que las mujeres a los 20 deciden dedicarse a su carrera y no están muy interesadas en tener relaciones estables que les limiten su desarrollo profesional. Quieren experimentar con la vida, encontrar un trabajo que las apasione, en pocas palabras: desarrollar una identidad propia y fuerte. A esa edad uno piensa que solo después de los 30 tiene que preocuparse por encontrar al compañero ideal, que un día va a aparecer el amor verdadero, pero con unas expectativas tan irreales que hacen muy difícil encontrarlo.

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Pasan los 30 y el tema de los hijos adquiere una dimensión insospechada por cuenta del reloj biológico. Unas deciden casarse con el primero que les propone, pues creen que los hijos se deben tener bajo el manto del matrimonio, otras, sencillamente, se convierten en madres solteras creyendo que ya sin la presión de tener hijos podrán encontrar más fácilmente un compañero. También están las que dicen que no quieren ser madres para no parecer mujeres desesperadas buscando semental. Ninguna se imagina que va a seguir soltera a los 40 o a los 50.

Otras deciden dejar relaciones abusivas y matrimonios infelices con la teoría de que es mejor estar solas que mal acompañadas. Estas últimas en realidad no se pueden calificar de solteras auténticas, pues el hecho de haber estado casadas y tener hijos hace que sus vidas sean distintas. No tienen el estigma de la soltería, pero escogieron estar solas. Lo mismo les pasa a las viudas, que no solo son soberanas, sino que muchas veces heredan de su marido lo que les permite llevar una vida holgada y sin preocupaciones económicas. Como decía Oscar Wilde: “La viudez es el estado ideal de la mujer”.

No hay un plan de ruta para que la soltería sea realmente una opción, pues hasta las mujeres de la serie de televisión Sexo y la ciudad, símbolo de una soltería feliz, terminaron casadas o al menos emparejadas.


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Todo esto suena un poco pesimista, pero creo que aún hay esperanza, pues aunque ser soltera no es todavía una opción que salga del corazón, sino una circunstancia creada por el azar, hay tiempo para aprender. Está la posibilidad de crear un mundo basado en un trabajo gratificante, en unas buenas amigas, en encontrar nuestra autonomía y disfrutar de la soledad, no basadas en el sentimiento de una soledad temporal, sino en el convencimiento de haber encontrado nuestro propio ser. En otras palabras, poder estar felices, solas.

La verdad es que en el fondo del alma todas las mujeres se quieren casar, mejor dicho, quieren compañía, así digan lo contrario. La naturaleza humana es así, la felicidad se encuentra en la vida de pareja.

Lo que sí se puede escoger, es ser soltera en el sentido en que lo aplican los hombres. Simplemente tenemos que tomar el curso de soltería que ellos dictan. Vivir en pareja, pero, eso sí, tener sus propios amigos, organizar sus propios almuerzos, tener su espacio, su tiempo, su soledad. En pocas palabras: volvernos tan egoístas como ellos. Es la diferencia entre ser soltera y estar sola.

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