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“La comida es mi droga”

Fucsia.co

“La comida es mi droga” Foto: Ingimage

Así lo afirma Olga*, una mujer que supera los 40 años de edad y que padece desórdenes alimentarios desde los 13. “Placer” es la palabra que define lo que significa la comida para ella, además de actuar como un anestésico contra sus altibajos emocionales.

- Soy Olga y soy comedora compulsiva-.

Ella se reúne, cerca de dos horas, los martes y jueves de cada semana, con otras personas que, ante su frustración de no lograr controlar su adicción por la comida, decidieron buscar ayuda en el grupo de apoyo Torcoroma.

Antes de que Olga tomara la palabra, cada uno de los asistentes a Comedores Compulsivos Anónimos (CCA) -como se autodenominan-, tomaron su lugar en las sillas plásticas blancas, ubicadas estratégicamente de forma circular, en un pequeño salón, que también funciona como una de las sedes de Alcohólicos Anónimos, en el norte de Bogotá.

El moderador da inicio a la sesión, invitando a los asistentes, incluso a mí, a ponernos de pie y rezar la Oración de la Serenidad. Nos tomamos de las manos en un óvalo irregular. Unos cierran los ojos y otros los mantienen abiertos para alcanzar a leer el rezo, colgado en las paredes del salón: “Dios, dame la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar; valor para cambiar las cosas que puedo; y sabiduría para conocer la diferencia”, repiten todos al unísono.

Tomamos asiento nuevamente para dar da inicio al primer paso de la sesión: la expresión de sentimientos, el momento en el que Olga se puso de frente al grupo:

- ¡Hola Olga!- , responden todos efusivamente.

-Cuéntanos, ¿cómo te has sentido estos días?- pregunta el moderador.

-En octubre pasado logré mi peso sin comer harinas. Me dijeron que debía comer por lo menos una harina diaria y no he sido capaz de sostenerme correctamente. He engordado cuatro kilos, porque no soy capaz de manejar esa harina que me estoy comiendo. Ayer estuve donde la nutricionista y me dijo que volviéramos a la dieta líquida por siete días, y estoy segura de que me voy a volver a organizar…estoy casi segura. Espero ser capaz,- dice.

Otra voz femenina, de una tonalidad muy dulce, interrumpe el silencio del lugar.

-Soy Mariana* y soy comedora compulsiva-. -Me he sentido tranquila con el programa, pero hay muchas cosas que aún me confunden y es el caso de mis relaciones afectivas. No tengo abstinencia total, ni juicio de razón para saber cuándo debo dar el paso, porque a ‘tragonadas’ no voy a llevar una relación sana-.

La ronda continúa hasta llegar nuevamente al coordinador. Los rostros, que antes emanaban angustia, ahora tienen un aire diferente, incluso el ambiente se siente mucho más ligero. La catarsis funcionó y ahora que se han liberado de aquellos demonios emocionales, que minutos atrás les quitaban la respiración, pueden continuar sin reparos.

“No puedo ir a decirle al mundo que soy una compulsiva gorda y me alivio comiendo. Me da vergüenza. En cambio aquí sí lo puedo decir”, me explica Olga, quien considera al lugar de reunión como un “recinto sagrado” y a los miembros de CCA como parte de su familia. Allí, cuenta, es el único lugar donde se siente segura y puede ser ella misma, pues, antes de recibir rechazo ante su enfermedad, obtiene apoyo incondicional.

Mi vida es ingobernable

El plan de comidas es el segundo instrumento (conoce los instrumentos de los CCA, aquí) que utiliza esta comunidad para lograr su recuperación. El objetivo es tener el control de los alimentos que se ingieren, dando una mirada honesta al historial personal con la alimentación, desde los primeros síntomas de la enfermedad. Para ello, es necesario  tener un diario que incluya el qué, cuándo, cómo y cuánto (porciones), con el fin de comer balanceada y racionalmente.

Asimismo, es necesario identificar los “alimentos compulsivos” o aquellos que despiertan más el deseo de comer en exceso. Los miembros de CCA recomiendan que este plan sea asesorado por un profesional en nutrición, además de contar con un padrino, que debe tener conocimiento del proceso del ahijado.

-El plan de comidas me ayuda a recordar que mi vida es ingobernable y, por lo tanto, lo haré hasta el último día de mi vida-, cuenta Mariana. -Es lo que me permite al final del día hacer ese inventario difícil, decir si lo cumplí o no y por qué-, agrega la joven que no supera los 25 años.

-El apadrinamiento -continúa el moderador-, se trata de miembros que están recuperándose y comparten su programa hasta el nivel de su propia experiencia. A él o ella se le pide guía en los tres niveles que trabajamos en el programa: espiritual, físico y mental- explica.

El programa es de atracción; es decir, cada miembro elige a un padrino con el que sienta cierto nivel de afinidad y, por ende, con el que se sienta cómodo. Si en algún momento el ahijado siente que la relación no funciona, es libre de cambiar de padrino.

-El tema del apadrinamiento me gusta mucho, porque lo he vivido desde los dos puntos de vista. Me di cuenta de que el día que me la llevé bien con el padrino crecí y maduré. Todavía me cuesta trabajo hacer caso, aceptar que debo obedecer y usar al padrino- cuenta Olguita (como le llaman con cariño sus compañeros).

- Las reuniones son grupos de dos o más comedores compulsivos que se juntan para compartir su experiencia personal y la fortaleza y esperanza que CCA les ha dado-, lee, al pie de la letra, el moderador. De nuevo, la ronda empieza a dar vuelta.

-Cuando yo dejo de venir a una reunión, me desconecto. Para mí este es un templo de poder superior- asegura Alba*, una mujer que ha encontrado en el grupo de apoyo, según dice, el autocontrol que necesita para  la diabetes que padece.

- Las reuniones me ayudan a recordar la enfermedad y que no sé manejar la comida, que es mi droga. Es difícil para mí ver cómo alguien come de más y se controla- continúa Mariana.

El moderador me explica que el fin principal de las reuniones es “arreglar la cabeza”, argumentando que, una vez que esta encuentra el equilibrio, el proceso empieza a tener éxito.  

Seguido de esto, se inicia el análisis de otra de las herramientas: el teléfono.

-El contacto de un miembro con otro ayuda a compartir uno a uno y a evitar el aislamiento que es tan común entre nosotros. Muchos miembros llaman, escriben o mandan correos electrónicos a sus padrinos y a otros miembros de CCA diariamente- dice el moderador.

¿Cuál es el fin?- pregunto. Servir de apoyo en los momentos de debilidad, cuando no nos encontramos reunidos, me responde.

-Me sirve inmensamente mantener contacto con las personas de la CCA. Si estaba mal me empiezo a sentir bien, no tengo atracones y sigo mi plan de comidas- dice Mariana.

Otra de las herramientas en las que Comedores Compulsivos Anónimos se basan es en la escritura. No es necesario ser un literato para expresar lo que lacera a estos adictos a la comida. Así como la expresión de los sentimientos, plasmar lo que se siente en un papel es una liberación para ellos. Al “tercerizarse”, como me cuenta Olga, “uno se da cuenta del porqué de sus acciones”.

Al igual que escribir, la literatura es otro instrumento de esta comunidad. “Estudiamos y usamos literatura de Comedores Compulsivos Anónimos para trabajar los 12 pasos.  También nos basamos en el dogma de Alcohólicos Anónimos, conocido como “el libro grande”, asegura el moderador. “Este nos lleva a entender la naturaleza exacta de nuestra enfermedad”, concluye.

El director de la sesión sugiere a los integrantes ponerse de pie – tal como en el primer momento- y declarar la oración de finalización. Todos aprietan los párpados y entrelazan sus dedos, con una fuerza que pareciera decir "sácame de aquí, no me dejes caer de nuevo".

“Yo pongo mi manos sobre las tuyas y juntos podremos hacer lo que nunca hicimos por nosotros mismos. Ya no sentiremos la desesperanza, ya no volveremos a depender de nuestra inestable fuerza de voluntad. Ahora estamos juntos, extendiendo las manos para obtener un poder más grande que nosotros mismos…”.

La reunión se termina, pero con ella no se van las esperanzas de, algún día,  dejar de alimentar los deseos desequilibrados de aquel monstruo interior que les dice “es solo un bocado” y, ese mismo, que minutos después se jacta de los sentimientos de culpa, dolor y frustración de los Comedores Compulsivos Anónimos, para quienes cada día representa una batalla contra sí mismos y su mente autodestructiva.

*Los nombres fueron cambiados a petición de las fuentes de CCA.

Conoce más acerca de Comedores Compulsivos Anónimos, en su página web.




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