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Deportes extremos: Para la mujer Latina con sentido de aventura

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Deportes extremos: Para la mujer Latina con sentido de aventura Foto cortesía Jessica Nathan

Jessica Nathan, participante de la Carrera de la muerte, quiere motivarlas a remplazar la maquina elíptica, la bicicleta de spinning, o la trotadora del gimnasio por un poquito de barro, unos guantes de boxeo, una hacha para cortar madera, o unas botas de escalar. Entérate aquí.

Para la mujer Latina con sentido de aventura

Después de vivir en el extranjero por casi doce años,  he perfeccionado mi respuesta a una pregunta que recibo frecuentemente: ¿cómo es la mujer colombiana? La mujer Colombiana es la perfecta combinación entre feminidad y temple, curvas con carácter. Bajo esa definición he vivido mi vida y buscado formas no tradicionales de expresar mi temple sin sacrificar mi lado femenino. Quisiera pensar que al igual que yo existen muchas mujeres en Colombia y en América Latina que tienen un espíritu y siempre buscan la mejor forma de brillar.  Tengo certeza que lo que hace falta es la oportunidad y no el deseo de demostrarlo.
 
Éste es quizás un ejemplo extremo de la expresión de “aventura”. Mi deseo es  motivar a algunas de ustedes a remplazar la maquina elíptica, la bicicleta de spinning, o la trotadora del gimnasio por un poquito de barro, unos guantes de boxeo, una hacha para cortar madera, o unas botas de escalar. En los últimos años, he tenido varias experiencias maravillosas en las cuales he sido la única mujer colombiana participante. Este es el llamado a mis hermanas latinas: ¿quién quiere ser la segunda?

Siempre me ha gustado correr. Empecé con distancias cortas, me gradué en una Media Maratón, luego  maratones y últimamente en Ultra-maratones (distancias más largas que una maratón) He desarrollado un deseo extremo de poner a prueba los límites  de mi cuerpo, pero más importante aún,  la fortaleza de mi carácter. Pienso que el cuerpo va tan lejos como la mente se lo permita. Este año fui la primera mujer colombiana en correr 116 kilómetros sin parar alrededor de Lake Tahoe. Después de 15 horas de competencia fui la segunda mujer en cruzar la  línea  final. Nunca imaginé que mi cuerpo fuera capaz de tal hazaña. Nunca imaginé lo maravilloso que se sentía lograr tal meta. Nunca olvidaré que cuando comencé a correr unos años atrás, mis pulmones se sentían en llamas, mis piernas pesaban una tonelada, mi cuerpo me gritaba: “¡quiero parar!”.

Últimamente, he tenido el ritual de celebrar mi cumpleaños completando alguna aventura o competencia física. Pienso que con la edad olvidaré cuantos tragos de aguardiente me tomé ese día, o qué me regalaron, o qué tan buena fue la fiesta. No hay mejor forma de crear memorias o de honrar la existencia que hacer algo inolvidable ese día. Mis 30 años los celebré participando en mi primer triatlón y mis 33 años con un viaje a Tailandia a un campamento de boxeo Tailandés. De regalo de cumpleaños empaqué mis maletas y me fui sola a explorar mi espíritu de combate. Por dos semanas, dos veces al día,  día tras día, me metí en un ring de boxeo. Golpeada, fuerte, cansada, y feliz descubrí de nuevo lo que superficialmente parece un acto de expresión física es en realidad un acto de transformación mental.

Quizá la prueba más intensa a la que he sometido mi cuerpo y mi mente fue cuando participé en la carrera de aventura más extrema en los Estados Unidos – La Carrera de La Muerte. De nuevo, he sido la única mujer colombiana que ha participado. En Junio del 2012 haré un segundo intento en completar esta carrera. Sería maravilloso que alguna de las lectoras se atreva a hacerlo conmigo. ¡Todavía a hay tiempo!

¿Qué es la Carrera de la Muerte?
Es una competencia en la cual un grupo de alrededor 100 personas se aparecen en las montañas de Pitsfield Vermont, listas para cumplir una serie de obstáculos físicos y mentales por un periodo indefinido de tiempo. Este año la carrera duró tres días seguidos. Los organizadores de la carrera les envían a los participantes una lista de artículos que hay que llevar y cargar consigo a todo momento. En adición, cada participante debe llevar lo que considere que necesite para sobrevivir en la competencia (comida, bebidas, ropa, etc.)

En el 2010 cuando participé fuimos 10 mujeres. Los hombres competidores eran en su mayoría ex militares. Yo no tenía ni idea a lo que me estaba metiendo pero me comprometí a hacer lo posible para no dejarme vencer por mi propios miedos o dudas. Competí 24 horas seguidas y no terminé la carrera. Durante la competencia cargamos a todo momento todas nuestras pertenencias y la lista de artículos que nos pidieron llevar: 50 dólares en monedas de un centavo, una libra de cebollas, un libro en griego, un cuchillo de 6 pulgadas, y un instrumento de jardinería para abrir huecos en la tierra. Todo esto a cuestas, pesando alrededor de 90 kilos.

Por horas y horas en las montañas de Vermont cortamos madera, escalamos sin parar, arrastramos nuestros cuerpos y pertenencias por caminos de lodo y alambres de púas. Tradujimos del griego al inglés, comimos una libra de cebolla cruda, cruzamos lagos de agua helada; todo esto sin dormir y sin comer realmente.  A la hora 24, mis pies, sangrados y llenos de ampollas no me dejaron seguir. Puedo decir que la experiencia es similar a la de un entrenamiento militar en su forma más  extrema. Cansancio, delirio, y determinación son los ingredientes principales.  El próximo  año regresaré y haré lo posible por ser una de las pocas personas (alrededor de 10) que terminan la carrera.  Espero hacer un poco de mi entrenamiento en Colombia.

Aunque parezca extremo,  estas experiencias han marcado mi vida de una forma profunda. Los resultados estéticos el tener un cuerpo fuerte y en forma es maravilloso pero irrelevante a la vez. La transformación  interna, la fortaleza de carácter que se requiere para completar  cualquier meta física es el mayor premio. Pienso que la mujer Latina está desproporcionadamente poco representada en el mundo de la aventura. Como yo,  tienen que haber más. Las invito a que exploren los límites de su empuje y lo hagan con las uñas pintadas, el pelo bien arreglado, y una buena pinta. Al final de cuentas, la mujer Latina es como ninguna.

Por Jessica Nathan


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