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Por qué comer rápido engorda y comer lento ayuda a adelgazar

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Por qué comer rápido engorda y comer lento ayuda a adelgazar Foto: Thinkstock

Siempre lo han dicho los nutricionistas, comer despacio y pensando en la actividad misma de comer, es una buena ayuda para comenzar a perder peso; así se genera una mayor consciencia de lo que se está haciendo y no se corre el riesgo de comer en exceso. He aquí la explicación científica.

Es sorprendente cómo las personas logran comerse un baldado de maíz en el cine, junto con un perro caliente, una gaseosa de un litro y, para rematar, un helado. Tratar de hacerlo a la hora del almuerzo, cuando se tiene plena consciencia de lo que se está haciendo, puede resultar casi imposible para un estómago normal, porque constituye una gran cantidad de comida que puede incluso ser abrumadora teniéndola al frente.

Este fenómeno se presenta porque, siendo la ingesta de comida una acción mecánica y el estómago un órgano flexible, es fácil que las personas excedan su capacidad gástrica si no están prestando atención a la cantidad de comida que están consumiendo.

Esta situación también suele ocurrir cuando las personas ingieren grandes cantidades de comida en medio de un ataque de ansiedad. Media libra de arroz o un paquete entero de galletas no parece tanto en un estado de nerviosismo, porque el fin último no es alimentarse o satisfacer una necesidad fisiológica, sino paliar un efecto mental.

Una explicación plausible a este fenómeno se debe a la agilidad con que se consumen los alimentos. Un estudio realizado por en el Hospital General de Laiko, en Atenas, comprobó la idea popular de que comer rápido perpetúa el apetito. La investigación, publicada en el Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, mostró que cuando las personas comen rápido pueden ingerir mayores porciones de comida.

Estudio
El estudio griego encontró que comer apresuradamente disminuye la liberación de un determinado tipo de hormonas intestinales (GLP1 y PYY), responsables de emitir la sensación de saciedad en el cerebro; es una pequeña proteína de 36 aminoácidos liberada por células del íleon y colon en respuesta a la alimentación que parece reducir el apetito. La principal conclusión de este hallazgo fue que, a causa de la ingesta acelerada, la persona no consigue una sensación de saciedad con la porción adecuada de alimentos, sino que requiere una mayor.   

El estudio se realizó con un grupo de 17 personas que debían realizar una sencilla prueba, comer un helado de 300 mililitros con un promedio de 59% de calorías, 33% de carbohidratos y 8% de proteínas. Las personas debían comer el helado a diferentes velocidades, mientras los investigadores tomaban muestras de sangre cada 30 minutos para determinar los niveles de glucosa, insulina y lípidos contenidos en el plasma, así como el nivel de las hormonas intestinales.

Los investigadores establecieron que entre mayor es el tiempo transcurrido desde el primer bocado hasta terminar el plato, bien sea un plato fuerte o un postre, mayor será la concentración de péptidos intestinales liberados, en consecuencia, la aparición de la sensación de saciedad se dará antes de que se hayan consumido cantidades excesivas. El experimento se realizó antes, durante y después de cada comida.

“Descubrimos que cuando se ingería el helado en 30 minutos, en vez de cinco, las concentraciones de ambos péptidos intestinales (GLP1 y PYY) era mayor, razón por la cual la sensación de saciedad se presentaba antes”, dijo uno de los investigadores en medios de comunicación. La reducción de la segregación de tales péptidos induce a la necesidad de comer en mayor cantidad, para generar finalmente la sensación de saciedad, y en consecuencia tienden a engordar.

Comer despacio para saciarse más rápido
El mecanismo de sensación de saciedad es complejo porque incluye aspectos digestivos, neurofisiológicos y hormonales, entre otros, regulados por el hipotálamo. Según el estudio, la sensación de saciedad tarda de 20 a 25 minutos en llegar, por eso es recomendable que cada tiempo de comida dure mínimo 30 minutos, además es una buena práctica esperar entre platos para evitar comer en exceso.

A partir de estos resultados es posible comprender por qué el ritmo acelerado de la vida de hoy tiene una influencia directa en el exceso de comida consumida, tomando en cuenta que  un gran porcentaje de las personas tienen una vida sedentaria y consumen más alimentos de los que el cuerpo realmente necesita para realizar sus procesos metabólicos.

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