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Protegidos también en casa

Protegidos también en casa Protegidos también en casa

Mantener tu hogar limpio y libre de bacterias es fundamental para disminuir el riesgo de que tu hijo enferme. Te enseñamos una práctica rutina de limpieza.

 Para toda mamá, la salud de su bebé es una prioridad. Por lo mismo, cuidar que su hijo no se lleve objetos a la boca o que toque superficies llenas de gérmenes o bacterias que puedan producirle algún trastorno de salud, se convierte en una necesidad.

No obstante, lograr tener una casa totalmente higienizada resulta casi imposible si se tiene en cuenta que ser mamá implica cuidar al bebé, alimentarlo, jugar con él, trabajar y mantener las necesidades del hogar al día, entre otras muchas actividades. Para que estas ocupaciones no representen un peligro para tu hijo en tanto no puedes asear la casa con esmero, te damos unos sencillos consejos muy fáciles de poner en práctica.

1.Bañera libre de bacterias:tener este espacio limpio es menos complicado de lo que parece. Empieza por comprar un tapete antideslizante y antihongos de un material que puedas lavar regularmente con cloro. En cuanto a los juguetes del bebé, cuida que éstos sean antibacteriales o de fácil secado para que luego del baño los puedas introducir en una malla o canasta y ponerlos a escurrir. De esta manera controlarás la proliferación de gérmenes producidos por la humedad. En el mismo sentido es indispensable que retires el agua de los juguetes que a presión sueltan líquido.

También es muy importante que si el niño entra en contacto con el piso de la ducha o de la bañera que ha sido usada por un adulto con anterioridad, se limpien muy bien las áreas dado que los gérmenes propios de la piel de los adultos pueden provocar lesiones en los bebés.

2.Practicidad en las superficies: olvídate de los tradicionales limpiones que te obligan a enjuagarlos con esmero y a esperar a que estén totalmente secos. La solución para limpiar las superficies y objetos con los que tu bebé entra en contacto está en las toallitas desinfectantes, cuya composición logra eliminar casi el 100% de las bacterias y los virus peligrosos. Además, son desechables y económicas si comparas su precio con la cantidad de preocupaciones que te evitan y con el gasto de jabón.

3. Todos los días: para desinfectar los espacios permanentemente no necesitas un arsenal de productos ni mucho menos tener medio día libre para limpiar. Lo importante es que tengas a la mano un rociador en cuyo interior puedas mantener un líquido desinfectante ligero y de buena calidad. Esto te permitirá rociar los espacios a medida que vayas pasando por ellos mientras cuidas a tu bebé o desarrollas alguna actividad con él. Este tipo de artículos no necesitan enjuague y por lo general traen un agradable olor.

Para estar segura de que pueden ser usados cerca de niños y mascotas revisa con atención las etiquetas e instrucciones de almacenamiento y utilización.

4. Manos limpias: usa un gel antibacterial que no necesite enjuague para mantener tus manos libres de gérmenes. Recuerda que no basta sólo con velar porque las superficies que tu hijo toca estén limpias, también es indispensable que tú no le pases al bebé las bacterias que se albergan en tus manos, especialmente cuando le das de comer o le cambias de pañal.



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