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Las deudas que tenemos con Sergio Urrego

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Las deudas que tenemos con Sergio Urrego Ilustración hecha en homenaje a Sergio Urrego. Por Daniel Arzola - @Arzola_d

CONTENIDO EDITORIAL. Dos años después de la muerte de Sergio Urrego, el joven de 16 años víctima de discriminación por parte de su colegio, hacemos un recuento de lo que como sociedad seguimos debiéndole a él y a todos los niños y adolescentes del país.

Ya se cumplieron dos años de un doloroso episodio no sólo en la historia de una familia residente en Bogotá, sino en la de Colombia y en la trágica manera en que como en la sociedad abordamos ciertos temas.

Hace dos años conocíamos la noticia del suicidio de un chico de 16 años. Uno más de los casi 2000 casos que se registraron en 2014 según el Instituto de Medicina Legal, uno más que sin embargo no pasó desapercibido y se volvió un símbolo de la lucha contra la discriminación, contra la pésima calidad educativa que parece estarse colando en los colegios y un ícono a favor de los derechos de los homosexuales y la comunidad LGBTI.

Sergio Urrego era gay, y también el décimo mejor bachiller del país, un hijo amado, un estudiante sobresaliente, un amigo y un niño acosado y discriminado precisamente allí en la cuna del conocimiento, en las aulas de donde deberían salir las promesas del país. ¿No decimos tanto a viva voz que nuestros niños son el futuro? ¿Cómo llegan a ese futuro si desde los colegios empiezan a sufrir de matoneo y de intolerancia?

Sergio estudiaba en el Gimnasio Castillo Campestre. Su drama inició cuando se conoció por unas fotos la relación que llevaba con uno de sus compañeros de clase. Se le obligó entonces desde el departamento de psicología del colegio a declarar ante sus profesores su orientación sexual, se le advirtió que los besos eran "manifestaciones obscenas" y que "según el manual de convivencia debían distanciarse". (Lea también La sociedad de los trinos suicidas)


Sergio Urrego y su mamá Alba Reyes. Foto: Archivo Semana

Un año después de su muerte, aún le debemos a Sergio una explicación sobre nuestra ausencia y falla como sociedad. Le debemos una declaración más clara de lo que son las instituciones educativas, del papel de los maestros, de lo que se hace desde el Ministerio de Educación. Le seguimos debiendo una cuenta larga sobre nuestro comportamiento mezquino e indiferente con el que "no se parece a nosotros". Esto y más le debemos a él y a todos los jóvenes del país.

1. ¿El manual de convivencia?: En una entrevista con Revista FUCSIA, la ministra de Educación, Gina Parody, aseguraba que los manuales de convivencia deberían ser un reflejo de la Constitución no sólo para cumplir los deberes sino para promover los valores. "Los manuales de convivencia provienen de una ley que busca que se desarrolle los valores de respeto, deben ponerse en práctica dentro del colegio. Los colegios deben constituirse como unos centros de paz".

En 2013 el Ministerio expidió la Ley 1620 o de Convivencia Escolar que defendía el libre desarrollo de la personalidad y el ejercicio de una "sexualidad libre, satisfactoria, responsable y sana en torno a la construcción de sus proyectos de vida". ¿Cuántos colegios han implementado esto? ¿Cuántos se han hecho los de la vista gorda? El manual de convivencia es más un librito que, siendo sinceros, los colegios acomodan a su antojo y conveniencia con sus creencias. Hasta ahí nada malo, cada "empresa" pone las reglas que quiere, pero que en estos casos se ha vuelto un documento homófobo y limitante.

Un manual que no respeta incluso los pronunciamientos de la Corte Constitucional sobre la libertad para ser quienes somos en un marco de respeto y tolerancia, sino que promueve unos patrones de comportamiento, de "lo que es correcto ser". Un cambio sustancial y una mano dura para las instituciones que no abren nuevos espacios de diálogo es una deuda con Sergio y con todos los niños y adolescentes del país.

2. Educación Sexual:  Sólo hasta 2008 de creó el proyecto de acuerdo 334 por medio del cual se creaba la cátedra de educación sexual en los colegios privados y públicos del Distrito Capital. El programa se ha extendido a nivel nacional, pero evidentemente ha tenido sus retos y detractores.

El principal obstáculo ha sido llegar a regiones apartadas donde se presentan el mayor número, por ejemplo, de niñas embarazadas. Lo siguiente es no contar con la cantidad adecuada de personas que hablen bien, directa y contundentemente de todos los temas. Desde los temas netamente sexuales hasta los de orientación e identidad sexual, así como los reproductivos.

Dejar eso en manos de profesores sin capacitación previa y abierta, de todo lo que tiene que ver con los derechos sexuales, sería repetir el modelo y no avanzar. De los detractores ni hablemos. Desde ciertas entidades gubernamentales se ha hecho una cacería a la educación sexual, el matrimonio igualitario, al derecho a la adopción entre parejas del mismo sexo, entre otras. No es de extrañar que, por ejemplo, la Procuraduría, en cabeza de Alejandro Ordónez, haya dicho que "las creencias religiosas constituyen un factor protector" para "no tener relaciones sexuales" o para "proteger de prácticas como la descarga de material erótica". ¿De verdad estamos en un estado social de derecho laico?

3. ¿Por qué tengo que decir lo que soy?: Qué Sergio Urrego tuviera que declarar su orientación sexual es uno de los actos más discriminatorios a los que puede someterse alguien en esta era moderna. ¿Alguno de nosotros o de los compañeros heterosexuales de Sergio también debieron declarar públicamente que les gustaba las mujeres o a las chicas que les gustaban los hombres?

Es como si la sociedad asumiera de manera muy equivocada que todo lo que no está "dentro de la norma" tuviera que tener una etiqueta gigante que confirmara precisamente que está fuera de lo "normal". No me veo en la calle diciendo, "Hola. Soy periodista y heterosexual". Y eso sólo pasa porque no hemos terminado de tener como natural todas las otras identidades sexuales. Nos debemos también como sociedad una buena dosis de educación sexual.


Plantón delante del Gimnasio Castillo Campestre. Foto: Twitter

4. Mejores colegios, mejores profesores, mejor educación: Todo derivado de lo anterior. No es menor que tanto Ivonne Echeque como Amanda Azucena Castillo, psicóloga y directora del colegio donde estudiaba Sergio, hayan sido imputadas y sentenciadas por actos discriminatorios, falsa denuncia y ocultamiento de material probatorio.

Una educación de calidad no implica sola tener claro las fórmulas de químicas y matemáticas ni leer toda la literatura universal, sino también tener como suprema prioridad la integridad de los jóvenes, sus sueños, la construcción de su personalidad. Tener educación de calidad es tener profesores y psicólogos capaces de detectar problemas en el hogar, dificultades en el aprendizaje, obstáculos en la socialización.

El matoneo empieza precisamente por allí y muchos no logran nunca superar una etapa tan difícil. Estamos seguros que todos recordamos o fuimos víctimas no sólo de nuestros compañeros sino de un sistema educativo que no se da cuenta de lo que realmente pasa intramuros.


5. Recordar siempre a Sergio: Recordar por qué se fue y recordar la enorme tarea que nos deja como sociedad.


Cindy A. Morales
@CinMorAleja

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