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Ana Wills al desnudo

Camándula

Ana Wills al desnudo Camisa, $630.000; de Kika Vargas. Falda, $149.000; collar, $89.000; de Zara.

Nada en su ADN permitía anticipar su destino. Descendiente de una familia aristocrática, los Wills-Obregón, se esperaba de ella una vida de alta sociedad, entre clubs y cabalgatas en fincas de la sabana. Nada de eso sucedió. Tal vez se impuso la vena artística de su madre, y Ana es considerada hoy la gran rebelde de la élite bogotana, que en lugar de criticarla, respeta su autenticidad e independencia.

Extrovertida y ansiosa, Ana Wills quiere todo ya. De temperamento fuerte y explosivo, desde que nació en Bogotá, creció en un ambiente feliz, como la segunda de cuatro hermanos, consentida y caprichosa. Desde chiquita le encantaba hacer shows, bailar, pintar y cantar, animada por su mamá, la pedagoga musical chilena María Teresa Briceño de Wills. Comenzó a estudiar en el Liceo Francés, terminó en el San Patricio y se graduó de publicista en Argentina, donde vivió cuatro años y tuvo varios grupos de rock. Después viajó cuatro meses por Brasil y volvió a Colombia por carretera. Al llegar, grabó un disco con el productor Raúl Suárez, en el que fusiona lo electrónico con ritmos colombianos, pero dice que todavía no ha llegado el momento de lanzarlo.

Espontánea, alegre y claustrofóbica, nunca va al gimnasio, de vez en cuando se fuma un cigarrillo y es adicta a las gaseosas. Le encanta comprar ropa y sobre todo zapatos, los libros de José Saramago, la historia, y cuando viaja siempre lleva su iPod, para poder caminar y oír música, alejada del resto del mundo.

Al año de haber regresado a Bogotá, se casó con Alejandro Laserna y quedó embarazada. Cuando acababa de nacer su hijo, Salvador, ya había dejado de trabajar en publicidad y, buscando otras opciones de vida, lanzó la marca de ropa para bebés Divino Baby, con 200 prendas de diseños roqueros muy originales, que se vendieron en 15 días.

La actriz
“De repente me llamó una amiga que trabaja en televisión –cuenta Ana– y me dijo que el productor de la telenovela Amor en custodia me quería ver para el personaje de Bárbara Sanín Delucci, una niña anoréxica y problemática. De chiquita yo había hecho muchos comerciales y nunca le había tenido miedo a las cámaras ni a actuar. Como cantante, estaba familiarizada con los escenarios y sabía enfrentar al público, pero nunca había pensado en ser actriz. Sin embargo, se me presentó esta oportunidad en el momento menos esperado y no quise negarme a hacer un casting para una novela importante, y acepté. Estoy muy agradecida con ese personaje, porque, a pesar de ser problemático y odiado por muchos, dejó un mensaje positivo para la sociedad, sobre todo, para la cantidad de mujeres que sufren de algún desorden alimenticio. Fue una verdad que se destapó en un país como Colombia, donde no se trata este tema con profesionalismo, ni le dan la importancia necesaria.

“Al principio fue difícil el manejo de cámara y algunas cosas técnicas, pero, gracias a los directores, actores y al equipo técnico, aprendí a manejarlo, le cogí mucho gusto a este oficio, mucho cariño a mis compañeros de set, sobre todo agradezco enormemente la paciencia que me tuvieron y en especial a Alejandra Borrero. Las escenas con ella fueron las que más disfruté, nunca me sentí actuando, todo fluía naturalmente; fueron momentos muy especiales y logramos conectarnos de una manera muy particular. Ella fue mi guía, consejera y maestra en todo este proceso.

La primera escena íntima fue complicada, me puse nerviosa, pero todo el equipo hizo que fuera más fácil. Mi marido lo respetó muchísimo, obviamente, prefería no ver esas escenas, pero es un trabajo, no hay nada qué hacer, y fue netamente profesional. Después me han tocado varias escenas íntimas y cada vez es menos difícil.

“La actuación me cambió la vida drásticamente, en general para bien. Hay cosas que uno deja de lado, tiempo que quisiera compartir más con mi familia y recrearme con otras actividades, pero no me quejo. Adoro mi trabajo y es realmente satisfactorio ver un buen resultado después de tanto camello. Actualmente estoy grabando el personaje antagónico en la telenovela Allá te espero, escrita por Adriana Suárez”.

La mamá
“Tristemente, hace un año me separé de mi marido. Al mismo tiempo que murió mi papá estaba viviendo la tristeza y el vacío de la separación. Ha sido difícil porque me casé con las mejores expectativas de tener una familia y de repente las cosas cambiaron inesperadamente. Decidimos separarnos porque, simplemente, ya no nos entendíamos. Por el momento ambos estamos mejor solos y no descarto la posibilidad de reanudar el matrimonio, pero en este momento no. Somos amigos y tenemos un hijo adorado que nos trae mucha felicidad.

El matrimonio es tan complicado como una ruleta rusa, a unos pocos les funciona, encuentran el amor y al eterno compañero, pero la mayoría no. Creo en el enamoramiento, que es la parte rica, cuando uno está feliz e ilusionado; ojalá que eso durara para siempre, pero al final se vuelve una lucha por reencontrar ese enamoramiento perdido, porque si uno no lo reinventa o lo sabe mantener y cuidar, se acaba. El amor de pareja es muy complicado, pero encantador.

“El tiempo libre que tengo lo comparto con mi hijo. Él es el hombre de mi vida. Me encantan los animales y tengo dos perros setter irlandés, un gato y un burrito en miniatura que se llama Benicio del Toro. Duré un año buscándolo por todo el país para regalárselo de cumpleaños a mi hijo”.

La estrella
“Durante tres años me negué a salir en la revista Soho, pero después acepté con fotos tomadas por un fotógrafo amigo mío, en Santa Marta, que es un sitio que me encanta, y mostrando hasta donde quise mostrar. Esas fotos funcionan en un país donde se valora a una mujer estéticamente delgada, como soy yo, pero aquí les encanta ver una mujer voluptuosa, operada y vulgar. Me gustó marcar una diferencia con lo que comúnmente se ve en esa revista, y no darle gusto a 80% de colombianos que se quedaron con ganas de ver más. Me di gusto a mí misma y a los que valoran unas fotos estéticamente bonitas, en las que cada detalle contaba, la luz, el paisaje, el vestuario; y sin un solo retoque de Photoshop, soy yo al natural y eso me gusta”.

La empresaria
“Hace dos años abrí Bembé, un restaurante-bar de salsa, en La Macarena. ¡Sí, el famoso bar a donde fue el Bolillo Gómez a armar estragos! También monté con la actriz Estefanía Godoy el restaurante Marisol en Santa Marta, a donde viajo cada vez que puedo porque tengo una casa allá. El restaurante está dirigido especialmente a extranjeros, a quienes les gusta la comida sana, vegetariana y la de mar, además, tenemos planes ecoturísticos, como un tour en bicicleta por la Sierra Nevada”.

La fama
Exótica, segura de sí misma, sorda a las críticas malintencionadas y convencida de que la buena energía es un escudo protector, Ana se siente por encima del bien y del mal, y sabe que hay que tener personalidad y mucha fuerza para medírsele a situaciones como la que tuvo que enfrentar cuando se presentó al Premio TV y Novelas con un vestido de Leal Lecarett que dio mucho de qué hablar. Pero ella, en lugar de ofenderse, confiesa: “Dicen que soy la Lady Gaga colombiana, ¡qué delicia!, para mí es todo un honor marcar tendencia y ser original”.

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