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“De mí para mí”

Revista FUCSIA

“De mí para mí” Foto: Pantherstock

En la conquista de su independencia, muchas mujeres se cansaron de esperar a que un príncipe azul llegara con un anillo. Ahora ellas mismas se regalan un diamante.

Que las mujeres necesiten un hombre para ser felices ha probado ser un mito. La imagen de la novia abnegada y ansiosa, que espera ver en el vacío dedo anular de su mano izquierda una sortija de compromiso, está mandada a recoger. Hoy, ellas no le temen a la soltería, pues han alcanzado la independencia.

Según el libro The End of Men, está llegando la era de las mujeres. Las señales estarían demostrándolo: en octubre del 2009 las estadounidenses ocupaban el 51,5 por ciento de los cargos directivos y tenían posiciones con altos salarios. Además, por cada dos hombres que se gradúan de la universidad hay tres norteamericanas que lo logran. Y es normal que busquen desarrollarse profesionalmente, cumplir metas como comprar el apartamento de sus sueños y gozar de su libertad, antes de pensar en formar una familia. 

Pero si la mano izquierda permanece “solitaria”, con la derecha no tiene que pasar lo mismo. La moda es un termómetro de los cambios sociales y las joyas no son la excepción. Esto se evidencia en las nuevas tendencias de consumo: en los últimos años ha aumentado el número de mujeres que se dan gusto comprando sus anillos, relojes, collares, aretes y pulseras sin depender del romanticismo, de la capacidad de compromiso o del bolsillo de su pareja.

En la actualidad se comprometen con ellas mismas. Es cierto que todavía algunas percepciones de antaño se mantienen: la página web What Men Are Saying About Women señala que dos tercios de las mujeres consideran que cuanto más gane un hombre, más debe gastar en ellas, y el 23 por ciento opina que a mayor gasto, más amor.

Sin embargo, en el 2002, un estudio titulado Jewelry Report, realizado por Unity Marketing, registró un incremento en las compras por parte de ellas que llegó a duplicar las del año anterior. Las encuestas indican que cerca del 90 por ciento de las adquisiciones de diamantes son realizadas por mujeres. Aunque una gran porción de esta cifra corresponde a novias que escogen su propio anillo de compromiso, hay un segmento significativo de quienes simplemente por gusto lo están llevando como un accesorio de uso diario.

En definitiva, los hombres siguen siendo los mayores compradores: cerca de dos tercios de las alhajas se les venden a ellos durante las festividades, como obsequio para ellas. “Pero esta propensión tiende a revertirse porque si antes los hombres manejaban un 95 por ciento de las compras, y las mujeres el 5 restante, hoy hablamos de una proporción de 60-40”, explicó a FUCSIA el joyero y gerente de la casa Sterling, Alan Bursztyn.

De acuerdo con el diario financiero The Wall Street Journal, la firma de mercadeo Mintel denominó a un grupo de mujeres profesionales, especialmente a las que están en los 40, como las “solo porque sí”, por ser quienes más tienden a comprarse un brazalete por puro gusto. En el 2010 el 59 por ciento de las que se regalaron joyas no celebraban ninguna ocasión especial. “Existe una tendencia que se llama el “Me ring”, que consiste en darse a uno mismo un anillo.

Hace 20 años me compré el mío porque me cansé de esperar a que alguien me lo obsequiara, o que este no fuera como yo lo quería. Este cambio es muy evidente cuando se habla de diamantes porque han sido tradicionalmente un dominio exclusivo de los compromisos matrimoniales. Pero con tanto divorcio, mejor que sean de uno para no tener que devolverlos”, bromea la economista y coach Isabel Londoño. “Las joyas son una expresión exterior de autonomía. Ahora las mujeres se realizan, adquieren sus bienes y antes de casarse firman capitulaciones para proteger su patrimonio”.

Considerando que las cifras de matrimonios que fracasan van en ascenso, que muchas deciden no casarse o que las casadas no tienen por qué esperar, es normal que así sea. De la misma manera, Katharina Flohr, directora creativa de Fabergé, explicó al periódico The Independent que con esto se refleja el “empoderamiento” y cómo las “mujeres exitosas se recompensan a sí mismas”. La tendencia es entonces una extensión de un movimiento mucho más grande. 

Las joyerías están aprovechando este mercado creciente y entendieron que su publicidad tiene que hablarles directamente a las mujeres y menos a las parejas. Con esa consigna, surgió hace algunos años la campaña “Right Hand Ring” de la compañía De Beers, dedicada a los diamantes: “Tu mano izquierda cree en armaduras brillantes. Tu mano derecha cree que los caballeros son para los cuentos de hadas. Tu mano izquierda dice ‘yo te amo’. Tu mano derecha dice ‘yo también me amo’”, son  las líneas del comercial. John White, exdirectivo de Pandora, explicó en un artículo titulado Buy it for Yourself que “el típico joyero es el que se basa en hombres y diseña para hombres que se sienten tan culpables que deben comprarles una joya a sus compañeras”, pero que son las mujeres el pasaporte para aumentar las ventas.

Según el Business Courier, “las mujeres están comprando más oro y diamantes por la misma razón que los hombres compran carros deportivos. Las joyas pueden representar estatus, una señal de que han alcanzado el éxito profesional y financiero. Un regalo por una promoción”. Bursztyn agrega que siempre serán “la manera de enmarcar un momento especial” y recuerda que hace más de una década era frecuente en el almacén la frase “espere a que traiga a mi marido”. “En la actualidad ellas trabajan por lo que quieren y pueden llevarse un reloj Cartier de veinte millones sin preguntarle a nadie”, explica el gerente de la joyería, que siguiendo esta tendencia acaba de lanzar una nueva estrategia con la tarjeta Sterling, que aplica un interés del cero por ciento para pagos diferidos hasta doce meses. 

Como sucede con el vestuario, ellas están haciendo su propio “guardarropa” con estas prendas, con la diferencia de que un diamante no pasa de moda por ser, en muchos casos, considerado una pieza de arte. Por eso a los hombres les va a tocar ser más creativos a la hora de conquistar a las mujeres convencidas de que “lo que no sirve, que no estorbe”. 

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