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La niña “nueva” Fotos: AFP

Había sido el secreto mejor guardado de Hollywood. Pero en los últimos dos años, con más de 13 películas y dos nominaciones al Oscar, Jessica Chastain se ha vuelto la actriz más codiciada del momento.

Jessica Chastain reconoce que extraña cocinar, dedicarle tiempo a arreglar su jardín y jugar Scrabble. Que no ha renunciado a salir con su perro Chaplin hasta un café o a la playa, y que le encanta pasarse por alguna librería para sentarse a leer. Hasta hace poco, la actriz de 35 años aseguraba disfrutar del anonimato, pese a su inconfundible pelo rojo, y para ella ha sido un privilegio mantener una vida privada, razón por la cual su consigna sigue siendo no salir con actores: “Debo ser la primera actriz desconocida de la que todo el mundo está cansado. La gente no me reconoce cuando voy por la calle en Nueva York, pero oyen mi nombre y seguramente piensan: ‘Está en todos lados’. Esto es una locura”. De esta manera resumió meses atrás lo que estaba viviendo al periódico británico The Independent.

Ha confesado que la fama aún es nueva para ella, pese a que en su hoja de vida figuren, entre 2011 y 2013, una larga lista de catorce películas, a que Al Pacino se convirtiera en una especie de padrino de su carrera, y a dos nominaciones al Oscar, por The Help y Zero Dark Thirty.

Además, ha actuado con figuras como Brad Pitt, quien alguna vez dijo que “usualmente un actor tiene que trabajar en la industria del cine porno para tener esa clase de éxito”, refiriéndose al don de la ubicuidad de su compañera en The Tree of Life. Cuando Gary Oldman escribió en la edición de Time sobre los cien personajes más influyentes del año pasado una reseña sobre ella calificando su trabajo de “formidable”, Chastain quedó aterrada: “No tenía ni idea de que tan siquiera supiera mi nombre”.

Presencia discreta
Y es que quizás el mayor talento de Chastain sea el de saber cómo desaparecer detrás de sus personajes, tanto en el teatro como en el cine, camuflarse en una nueva rica, una militante del Mossad o una obstinada agente de la CIA. “Es dulce y suave, pero es un camaleón”, dijo Sam Worthington, con quien protagonizó The Debt. “Siempre trato de interpretar personajes que son muy diferentes a mí. Si es una nadadora, me intereso en esta actividad, porque en la vida real le tengo miedo al agua”, explica Chastain.
Sin embargo, comparte su tenacidad con Maya, a quien personifica en Zero Dark Thirty, una mujer que no descansa en su lucha por cazar a Osama Bin Laden: a su interpretación en The Tree of Life quiso darle un halo espiritual y se fue al Metropolitan Museum of Art a estudiar las pinturas de Madonnas expuesta allí.

Igualmente, aprendió Krav Maga, el arte marcial israelí, y lo puso en práctica en The Debt. Para convertirse en la voluptuosa Celia Foote en The Help se obsesionó con ganar peso, algo que le resultó difícil porque es vegana. En el último momento, al no haber obtenido el resultado deseado, terminó bebiendo durante el rodaje helado de soya derretido en un microondas. Según su director, Tate Taylor, varias actrices famosas querían el papel “pero se veían exageradas, como Jessica Rabbit, despampanantes y tontas”. Chastain, en cambio, llegó vestida de manera natural y cuando estaba diciendo su parlamento todos empezaron a llorar. La cinta se convirtió en su primer gran éxito de taquilla con 211 millones de dólares. 

“Es muy espontánea y emocional”, afirmó John Hillcoat, quien le hizo el casting para Lawless. De hecho, Jessica es tan llorona que pone nerviosos a sus compañeros durante los ensayos. “No se preocupen... tengo un pozo sin fondo lleno de lágrimas”, es su manera de calmarlos. Por su habilidad de transformarse por completo, su mentor Al Pacino la ha calificado como la nueva Meryl Streep.

De la academia a la Academia
Jessica Chastain es una actriz de escuela. Su primera inspiración fue su abuela, quien a los 7 años la llevó a teatro a ver Joseph and the Amazing Technicolor Dreamcoat, musical de Andrew Lloyd Webber. “Cuando el telón se abrió había una niña de 10 años en el escenario en el papel de narradora. Al verla supe cuál sería mi trabajo”, relata. “Mi papá es bombero y mi mamá, una chef vegana, así que la única conexión real con el arte que tuve en mi infancia fue mi abuela. Ella siempre quiso ser actriz, pero como era joven en los años 50 no tuvo oportunidades. Le dijeron que tenía que casarse cuanto antes y tener hijos. Así que de pequeña siempre me daba regalos como un vestido de ballet para que tomara lecciones”. En agradecimiento, su abuela fue su invitada de honor en la gala de los Oscar.

Cuenta que creció en un hogar humilde de California, al lado de cuatro hermanos, y que fue la primera de su familia en entrar a la universidad. Sus papás se alarmaron cuando fue aceptada en la prestigiosa academia Juilliard de Nueva York, pues no tenían cómo pagar. Pero ella obtuvo una beca al interpretar a la Julieta de Shakespeare. Al graduarse, decidió reemplazar su apellido Howard por el de soltera de su mamá, porque sonaba más artístico. Pero ese cambio no la ayudó a tener suerte en un principio en Los Ángeles: “Miraba alrededor en las audiciones y me daba cuenta de que no era como las demás, ni alta, ni rubia, ni bronceada. Así que los directores no sabían qué hacer conmigo. Pero luego tuve un papel en la serie ER como una mujer psicótica, y desde entonces me dieron trabajos para televisión en los que nunca interpretaba a alguien normal”. Su belleza clásica fue un talón de Aquiles: “No me veo moderna, no soy el tipo de mujer que entra a un salón y todo el mundo exclama ¡oh!”.

Un amigo de Al Pacino la vio en una obra de teatro y el actor le tomó audición para la obra Salomé, que luego llevaría al cine. Después, en Coriolanus, tendría la satisfacción de actuar con Ralph Fiennes, su actor favorito. Y el voz a voz empezó a ser su mejor carta de presentación: “La gente me dice ‘Sean Penn estuvo aquí y dijo grandes cosas de ti’. Cuando uno está buscando trabajo esas son mis referencias”, señala la actriz, quien asegura que nunca escoge un papel por dinero sino por el reto. De hecho, recientemente rechazó participar en la seguramente taquillera Iron Man 3 para rodar un proyecto menor. 

Jessica Chastain se considera tan tímida que incluso se avergüenza cuando le cantan el Happy Birthday. Por eso le gusta mantener una vida sencilla. Dice que conserva el carro viejo de siempre, que sus papás siguen en el mismo lugar donde ella creció y que por eso hasta hace poco no les creían cuando contaban que su hija iba a actuar con Brad Pitt. “Mi estilo de vida no ha cambiado. No me he vuelto una compradora compulsiva. Hace tres años me di el gusto de comprarme un portátil y pasé los siguientes meses pensando en lo que había hecho”.

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