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“Me gustan los hombres y las mujeres”

Arnoldo Mutis García

“Me gustan los hombres y las mujeres” Los protagosnistas de Tres aceptan la bisexualidad y terminan conformando un ménage á trois

La película alemana Tres conquistó aplausos en todo el mundo a través del polémico tema de la bisexualidad, aceptada por la psicología, pero blanco aún de rechazo por parte de gays y heterosexuales.

Sebastian y Sophie son una típica pareja moderna de Berlín. Ambos rozan los 40 años y se quieren, pero se conceden momentos en los que cada uno disfruta por su lado luego de salir de las oficinas en que se desempeñan como profesionales exitosos. Ella es una combativa periodista, especializada en temas polémicos como las células madre. Él, por su parte, es dueño de una agencia de nóveles artistas que capotea la crisis económica.

Así son los caracteres que le sirven al director alemán Tom Tykwer, famoso por Corre, Lola, corre, para narrar en la cinta Tres, que estuvo hasta hace poco en cartelera en Bogotá, no la clásica aventura de un hombre y una mujer que se enamoran y luchan por estar juntos, sino la de una pareja que se esfuerza para que las cosas entre ellos funcionen. La relación de Sebastian y Sophie ya presenta amenazas como la mengua del deseo y la duda sobre la monogamia. Aún así, un buen día, es él quien recuerda que cumplen veinte años de vida en común y se casan.

Pero como exclama uno de los personajes en la frase que quizá sea un leitmotiv de la historia, “la vida es impredecible” y comienza a pasarles de todo luego de la boda: la madre de Sebastian muere súbitamente de cáncer, a él le extirpan de urgencia un testículo y Sophie termina en la cama con un científico llamado Adam, sorda a las insistentes llamadas por celular de su esposo poco antes de entrar al quirófano.

Tres, cuyo realizador es un reconocido maestro de la coincidencia, muestra entonces cómo Adam luego seduce a Sebastian en el vestier de una piscina pública, sin saber que es el marido de Sophie. Al rubio ya lo hemos visto retozando con otro hombre, o sea que no se toma muy en serio las cuestiones del corazón y vive su bisexualidad sin ambages. Sebastian, quien ignora la relación de su nuevo amante con su mujer, descubre algo nuevo en su vida: es capaz de sentir excitación y enamorarse de otro hombre con una naturalidad que le ha valido elogios a la obra. De pronto, Sophie descubre que espera un hijo, pero no sabe si es de su esposo o de Adam, a quien corre a contarle su dilema. Irrumpe en su casa justo cuando él y Sebastian están en uno de sus encuentros sexuales y los esposos descubren que han estado siéndose infieles con el mismo hombre.

Finalmente, tras un periodo de separación, el trío se reúne en la cama, dispuesto al parecer a que la bisexualidad no los separe sino que los funda en uno solo. Tres responde así a una pregunta clave que surge a lo largo del guion: “¿Por qué es tan difícil liberarnos de nuestra sumisión a las ideas predeterminadas?"

El aparente final feliz del filme es posible, aunque poco probable, en la vida real para los expertos en relaciones, en parte porque el hecho de que a alguien le gusten los dos sexos todavía es un tema muy polémico. Empero, para el psicólogo José Alonso Peña Herrera*, ello “es totalmente posible”. “La atracción tiene muchos componentes, desde el psicológico hasta el cultural o el biológico.
Como terapeuta, me he encontrado incluso hasta con confesiones de personas heterosexuales que en algún momento se han sentido atraídas e incluso han tenido experiencias sexuales con esas personas y eso no los hace homosexuales ni bisexuales. No es nada descabellado sentir atracción por los dos sexos”.

No obstante, hay quienes ven a los bi como gays o lesbianas que no se han asumido como tales.
El doctor Peña, egresado de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá y especialista en relaciones de pareja, explica al respecto que la psicología hoy acepta la bisexualidad. “Es una orientación sexual reconocida y que debe ser respetada. Así como se reconoce la heterosexualidad y la homosexualidad, la psicología la reconoce como una vía totalmente válida de vivir el erotismo. Es una orientación sexual específica que puede ser llevada de manera sana, tranquila y con los mismos valores y necesidades que cualquier otra”, afirma el psicólogo, experto además en técnicas de seducción.

Por los mismos días en que Tres recibía en Colombia las buenas críticas que ha obtenido también en otros países de América y Europa, el tema de la bisexualidad volvía a la palestra gracias a que el 23 de septiembre es, de manera informal desde 1999, el Día del Orgullo Bisexual en varios lugares del mundo, pero especialmente en Berkeley. Esta ciudad californiana, famosa por su apertura hacia los derechos de la sexualidad alternativa, se convirtió en octubre en la primera en adoptar la fecha oficialmente, para regocijo de esta comunidad que se queja de ser incomprendida.

Como lo explica el doctor Peña, los bisexuales forman una categoría aparte dentro de la comunidad LGBTI, sigla que significa Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales. No obstante, su integración dentro de este conglomerado no se ha dado de manera total ni armónica. “Los bisexuales experimentan a menudo prejuicios y marginalización por parte de los heterosexuales como de los homosexuales”, le dijo al San Francisco Chronicle Sam Worthington, el concejal que promovió la proclamación del Día del Orgullo Bisexual en Berkeley. Los homosexuales, por ejemplo, recelan de los bi porque se relacionan con personas del sexo opuesto. Por eso, en últimas, no han sido vistos como integrantes legítimos del movimiento LGBTI, añade Worthington.

“Hay que aclarar una cosa —dice el doctor Peña en Bogotá—, el hecho de que una persona sea bisexual no quiere decir que tenga la necesidad de tener relaciones sexuales con personas de ambos sexos todo el tiempo”. Así, alude a otro de los preconceptos que han afectado el libre desarrollo de los bisexuales, a quienes se les ha creado así fama de promiscuos. En ello coincide con Brendan Behan, director del San Francisco Pride, una organización LGBTI, quien resume: “Lo mismo que en cualquier otro grupo, los bisexuales pueden salir con muchas personas o estar en relaciones con una sola durante largo tiempo”.

La ciencia hoy reconoce la bisexualidad, pero trabajos incluso recientes no ayudaron mucho a la visibilidad que hoy tanto anhelan sus activistas. Aunque a mediados del siglo XX el profesor Alfred Kinsey, pionero de la sexología, ya la había incluido en su famosa Escala Kinsey, que describe la historia sexual de una persona o los episodios de su actividad erótica en un determinado momento, en el año 2005 un nuevo estudio sembró la duda. En la investigación, expertos de la Northwestern University, de Chicago, y el Center for Addiction and Mental Health, de Toronto, utilizaron sensores para medir la excitación genital de quienes decían ser bisexuales y resultó que tres cuartas partes de ellos tuvieron patrones idénticos a los que los gays monitoreados en el mismo estudio presentaron por voluntarios de su mismo sexo. Los demás fueron etiquetados como indudablemente heterosexuales.

Pero el año pasado una nueva investigación de la misma Northwestern University sugirió que los bisexuales se identifican como tales por razones distintas al estímulo genital. “Los bisexuales no son personas que naden entre dos aguas o que no puedan soltar una vida u otra ni nada de eso”, le dijo recientemente a The San Francisco Chronicle Leslie Ewing, directora de Pacific Center, un centro LGBTI de Berkeley. “Hay a quienes les atraen por igual seres de los dos sexos y escogen vivir con parejas de acuerdo con su amor y no con su identidad de género o orientación”, concluyó.

Además, como lo insinúa Tres, en realidad “las relaciones humanas tienen matices infinitos y es muy raro poder encasillarlas fácilmente”, concluye Brendan Behan, del San Francisco Pride. Y esa verdad tan simple es la que aún resulta ininteligible para esa mayoría de espíritus que aún no se atreven a hacerse la gran pregunta de la película: “¿Por qué es tan difícil liberarnos de nuestra sumisión a las ideas predeterminadas

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