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La piel a los 40 Foto:Pantherstock

Del esmero que una mujer ponga en cuidar su piel depende que la mantenga joven después de los 40. El doctor Hernando Harker da algunas claves para lograrlo.

“Aunque el envejecimiento propiamente dicho comienza desde la niñez, los cambios de la piel empiezan a hacerse evidentes a partir de los 35 años y están relacionados con factores hereditarios, el tabaco, los hábitos alimenticios, el estrés y el sedentarismo”, dice el doctor Hernando Harker, médico otorrinolaringólogo especializado en cirugía plástica facial y reconstructiva, quien agrega: “La exposición al sol y la radiación ultravioleta intervienen en este proceso, disminuyendo en cantidad y calidad las fibras de colágeno y elastina y los sistemas de autohidratación de glicosaminoglicanos (cadenas largas y no ramificadas de heteropolisacáridos)”.

¿En qué signos se manifiesta la pérdida de lozanía de la piel de una mujer pasados los 40 años?

El envejecimiento de la cara y el cuello se presenta básicamente en tres estructuras: los músculos, la grasa y la piel; hay descolgamiento, flacidez, manchas, arrugas, poros abiertos y cambios en la coloración y la textura de la piel.

¿Qué cuidados básicos pueden contrarrestar esta condición?

Adquirir hábitos saludables, tres de ellos los mejores aliados de la piel: hidratación, tomar agua pura durante el día; una dieta en la que abunde el consumo de frutas y verduras, y haya poca sal y azúcar; y horas de sueño de calidad; cuando decimos que el sueño es reparador no es simplemente una expresión, es verdad.

¿Puede explicar cómo se da la pérdida de colágeno en las pieles maduras?

El colágeno es la proteína más abundante de nuestro cuerpo, el componente estructural de todo tejido conectivo, y como tal proporciona fuerza a los huesos, cartílagos, tendones, piel, pelo y uñas. A pesar de seguir una alimentación cien por ciento natural y hacer ejercicio a diario, perdemos colágeno todos los días. Incluso entre los 20 y los 30 años su producción disminuye dramáticamente y cuando una persona llega a los 60 años se habrá reducido en más del 35 por ciento.

Pero los efectos profundos del envejecimiento de la piel no se evidencian hasta los 50 años, cuando las fibras de colágeno disminuyen, pierden su flexibilidad, se degradan y se desorganizan, y las fibras elásticas pierden elasticidad y aumentan su grosor. Debido a ello, el tejido conectivo pierde su capacidad de absorber humedad y la piel se vuelve seca, se forman las arrugas.

Como quiera que cada caso es diferente en lo que se refiere a la calidad de la piel, ¿cuándo es aconsejable recurrir a tratamientos radicales y cuándo no?

Una persona que quiera recuperar la lozanía, eliminar arrugas y flacidez, por ejemplo, las mejillas descolgadas, condición muy usual que se convierte en un dolor de cabeza para las mujeres, tiene dos opciones: someterse a una cirugía de estiramiento facial o a un sistema llamado Ulthera (ver recuadro).

Si selecciona la cirugía, debe contemplar pasos como la anestesia, incapacidad médica, quirófano y postoperatorio. Y no solo eso, hay que contemplar que su salud, los medicamentos que toma, la tensión arterial y demás le permitan someterse a una cirugía. 

¿Es posible acompañar los resultados que ofrecen tratamientos como el Ulthera con cremas?, ¿de qué tipo?

Por supuesto. Las cremas tienen un efecto positivo en la piel, y en ese sentido es importante recordar que hasta ahora las medicadas con principios activos tales como ácido retinoico, ácido láctico, ácido pirúvico, ácido kójico, ácido mandélico y péptidos de cobre, ayudan a mantener y mejorar la salud de la piel, siempre y cuando sean aplicadas en forma constante y por largo tiempo, además de que su uso sea dirigido por un médico especialista en el tema.

¿Recomendarías ciertos productos para la piel como óptimos para preservarla del envejecimiento?

En primer lugar, un buen protector solar que la defienda de la radiación UV, todos los días, aun los nublados. Ácido retinoico para reparar las fibras de colágeno y aumentar el promedio de recambio de células muertas en la superficie de la piel. Algún ácido controlador de la pigmentación (kójico, fítico, mandélico, arbutina), puesto que la piel “latina” tiende a mancharse.

Los péptidos de cobre, que controlan la enzima metaloproteinasa, encargada de degradar las fibras de colágeno de mala calidad y renovarlas por nuevas fibras, deben utilizarse todos los días. Por último, un buen jabón para la limpieza, que no dañe ni cambie el pH de la piel ni deteriore el manto ácido que la recubre. 

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