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Los antioxidantes Los antioxidantes

La batalla contra el envejecimiento de la piel tiene en los antioxidantes algunos de sus mejores aliados.

Aunque su presencia en la escena de la belleza es notoria hace ya varios años, es posible que los antioxidantes no ocupen todavía el lugar que les corresponde como un arma poderosa de comprobada eficacia frente al envejecimiento de la piel. A pesar de que algunos ingredientes antiedad de última generación siguen siendo introducidos en el mercado de la belleza, los expertos en el cuidado de la piel recomiendan continuamente los antioxidantes que se encuentran en la naturaleza y en algunos productos como un método efectivo para proteger, prevenir y revertir los daños de la piel.

Sin embargo, no es tan fácil detectar, entre la gran cantidad de productos a nuestra disposición, cuáles son estos auxiliares de belleza que pueden, en un momento dado, detener el avance inexorable del marchitamiento de la piel o, más precisamente, mejorar su apariencia. Para empezar, hay que centrarnos en la idea de que podemos incorporar los antioxidantes a nuestro organismo a través de una alimentación adecuada que los haga parte indispensable de la dieta diaria.


Batalla sin tregua

En primer lugar, es bueno saber que los radicales libres viven en el cuerpo en forma de moléculas inestables que perdieron un electrón y que por esta razón se vuelven altamente reactivas. Estas moléculas se convierten en radicales libres y producen una reacción en cadena que puede dañar muchas células si no intervienen los antioxidantes. Pero no somos conscientes de que, segundo a segundo, la batalla entre los antioxidantes (los buenos) y los radicales libres (los malos) se da sin tregua dentro de nuestro organismo.

Mirados a través de una lupa, estos últimos se activan por la presencia de agresores externos como la luz del sol, la polución y el cigarrillo, y causan daño a las células saludables y a la piel, de manera que estropean el colágeno y la elastina que la conforman. Y lo que justamente hacen los antioxidantes, tanto si los comemos como si nos los aplicamos en preparaciones tópicas, es hacer más difícil el proceso que pone a funcionar los radicales libres, neutralizarlos, de tal forma que los primeros actúan como una barrera contra el proceso de oxidación de las células.


En los alimentos

La buena noticia es que no tenemos que esforzarnos mucho para encontrar en nuestra alimentación diaria antioxidantes, pues están contenidos en los productos que consumimos de manera impensada y de modo habitual. El té verde es, por ejemplo, una de las mejores fuentes de antioxidantes, según investigaciones que revelan su alto contenido de catequinas y polifenoles, que además actúan como activadores del metabolismo. Y así como vemos que la gente lo ha incorporado a su costumbre de tomar bebidas calientes una o varias veces al día, hay alimentos como los frutos secos y las frutillas pequeñas o “berries”, que han entrado a formar parte de la dieta de muchas personas en razón de sus virtudes antioxidantes. Otros frutos secos que las contienen son las almendras, avellanas, nueces de nogal y pecanas, entre otras que podemos comer de comida a comida.

Y como los antioxidantes llegan a nuestra alimentación diaria revestidos de varias maneras, hay que ingeniárnoslas para lograr que el efecto neutralizante que ejercen los radicales libres sobre aquellos no ocurra. Sí, los antioxidantes pueden ser neutralizados rápidamente, así que debemos asegurarnos de consumir la cantidad necesaria de estos para obtener buenos resultados. Por eso es importante incluir al menos cinco a diez raciones de alimentos ricos en antioxidantes en nuestra dieta diaria (comprendidas las comidas y los pasabocas).

Asimismo, se debe tener en cuenta que la cocción excesiva de los alimentos incide en buena parte en que algunas verduras como el brócoli, la zanahoria, el puerro, los berros y otros pierdan su contenido de antioxidantes. Por eso es mejor cocinarlos al vapor, poniéndolos en un colador sobre una olla con un poco de agua hirviendo. Así quedan crocantes y no pierden sus propiedades.


Cremas antirradicales

Los productos para la piel que contienen antioxidantes están destinados a ser, según lo dicho, los mejores auxiliares en la tarea de mantener su lozanía, y como tales bien pueden empezar a formar parte de la rutina diaria de limpieza y cuidado.
Pero, volviendo a su origen, la gracia es que cremas, sueros y otros están elaborados a partir de componentes como extractos de ciertas plantas y frutos, y son ricos en vitaminas A y C, que le hacen el mejor favor a la piel. Los que contienen extracto de uvas, por ejemplo, son buenos para restaurar el colágeno y la elastina. Algunos frutos del Amazonas como el açai y el copoaçu, y otros como la granada son antioxidantes y ricos en vitaminas, de allí sus propiedades hidratantes y por ende reconstituyentes. La granada posee una envidiable reputación en este sentido, pues tiene más antioxidantes que otras frutas, como los cítricos y los arándanos, e incluso más que el té verde, que desde luego está también entre los virtuosos componentes de algunas cremas.

Existen, igualmente, otros productos obtenidos a partir de ingredientes como el ácido alfa lipoico, como la crema humectante del doctor Perricone, que mejora la textura de la piel, o provenientes de antioxidantes sintéticos como la idebenona o la enzima Q10, que la defienden de agentes externos como la polución y otros.

Finalmente, las fórmulas antioxidantes de la firma SkinCeuticals, desarrolladas por dermatólogos y científicos, han ganado reconocimiento por su eficacia en combatir la principal causa de envejecimiento prematuro: la oxidación producida por los rayos UV y los factores medioambientales.

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