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Lo bueno, lo malo y lo feo de la menopausia

Lo bueno, lo malo y lo feo de la menopausia Thinstock

Un nuevo documental trata de explicar con humor y pequeñas dosis de drama lo que las mujeres experimentan en el inicio de la madurez. El ginecólogo Jaime Urdinola aclara algunos conceptos en torno a esta etapa.

Esa vieja está como menopáusica”, suelen decir hombres y mujeres al referirse a cualquier persona, ya sea por malhumorada o por cansona, sin importar la edad. La expresión refleja, aunque de manera jocosa, hasta qué punto se ha estigmatizado este momento de la vida.

Hot Flash Havoc, un aclamado documental norteamericano, pareciera darle la razón a esos estereotipos: “Le advertí a mi esposa que si volvía a pasar por la menopausia me divorciaría”. Este es uno de los testimonios que hacen parte de la producción que se estrena por estos días en las salas de cine de Estados Unidos. Sin embargo, y con humor, lo que pretende el filme es mostrar las distintas caras de la menopausia y el climaterio para que las mujeres estén informadas y sepan cuáles son sus opciones en esa nueva etapa de la vida que ha cargado con tan mala reputación.

El documental fue producido por Heidi Houston, quien después de su experiencia personal se dio cuenta de que la menopausia es un tema que le importa a todos, pero que muy pocos entienden. Explica que en torno al desarrollo de la mujer hay muchos tabúes. Por ejemplo, las mujeres entrevistadas muestran las palabras que, como mensajes cifrados, les dijeron de niñas para explicarles su ciclo menstrual: “Te va a llegar una visita y se va a quedar contigo unos 30 años. Luego se irá y no la volverás a ver”. Muchos de los testimonios reflejan que para algunas mujeres la menopausia no solo indica el inicio del famoso hot flash, o sofoco, síntoma por el cual fue bautizado el documental, sino efectos más extremos como depresión, pérdida del apetito sexual, sudores nocturnos y hasta ataques de pánico.

Además de los testimonios, el documental cuenta con la opinión de expertos que dan en su mayoría un veredicto favorable en torno al polémico asunto de la terapia de reemplazo hormonal como solución para los síntomas indeseables. Una espectadora escribió en su blog que después de verlo le quedaron memorizadas varias lecciones: “Muchas de nosotras no tenemos claro cuál es el mejor tratamiento para los síntomas que padecemos. Debemos entender a nuestros maridos, el tema de nuestro cambio de humor los asusta. La salud se trabaja en equipo y por eso es aconsejable visitar a distintos especialistas, desde el acupunturista hasta el nutricionista, para tener un panorama más amplio. Es importante que seamos proactivas y busquemos alternativas a la medicina tradicional porque hay opciones. La prevención es la clave”. Y quizá lo más importante: “Todas las mujeres somos diferentes y debemos ser tratadas como individuos independientes”.

La gran enseñanza es que no hay que demonizar el tema, sino entender que se trata “de una etapa especial, que debe ser vista como un evento natural, de manera que cada mujer pueda disfrutar plenamente de su vida”, observa el ginecólogo Jaime Urdinola, para quien ha habido un cambio en la actitud de la sociedad frente a la menopausia, que marca el final de la edad reproductiva y el climaterio, que es el periodo que comienza con la pausa de la menstruación hasta el comienzo de la vejez, que se estima que se inicia a los 70 años.

La idea de una mujer de 50 años en uso de buen retiro y fuera de circulación ya no parece tan realista. “Los 50 son los nuevos 40 y hasta 30”, dice un dicho. El doctor Urdinola señala que en la actualidad las mujeres tienen 50 por ciento de la tasa de participación laboral y que en esas circunstancias “mantienen una vida activa. Aunque la edad de jubilación, en el caso colombiano, está en los 55 años, ellas no se quieren jubilar de la vida. Y si trabajan y tienen compromisos es lógico que se preocupen por su salud y apariencia”.

Históricamente, el tema de la menopausia ha ido dando un giro que corresponde al contexto de la época. Los especialistas explican que hasta los años 50 el promedio de vida de las mujeres alrededor del mundo estaba en los 50 años. De esta manera era muy poco lo que se podía debatir acerca del tema. En la siguiente década empezó una desenfrenada exaltación de la juventud, y la llegada de la madurez se veía con un sentido peyorativo. También fue en los 60 que el doctor Robert A. Wilson escribió el famoso libro Por siempre femenina, con la promesa de que la terapia con estrógenos mantendría a las mujeres bellas y jóvenes al frenar los efectos de la menopausia. Y es desde entonces que el tema de la terapia hormonal se ha puesto sobre el tapete.

Hacia los años 70, los estudios afirmaban que las mujeres que tomaban estrógeno y progesterona tenían menos problemas de corazón, y empezó el boom de las hormonas. Cuando a finales de los 80 cerca de 30 millones de mujeres en el mundo (15 millones de norteamericanas) consideraban estas sustancias como su santo remedio, los institutos nacionales de salud llevaron a cabo la Iniciativa para la Salud de la Mujer (WHI por sus siglas en inglés), con el fin de comprobar la eficacia y seguridad de la terapia hormonal.

Los resultados no fueron del todo alentadores, pues se habló de un aumento de infartos y otros problemas cardiovasculares, así como cáncer de seno. La mayoría de expertos entrevistados en el documental argumentan que las conclusiones del estudio presentadas en el 2002 fueron tergiversadas y que por cuenta de ello muchas mujeres suspendieron innecesariamente la terapia hormonal. “El uso de estrógenos cayó en 71 por ciento del 2001 al 2009, de acuerdo con la Sociedad Norteamericana de la Menopausia”, comenta Mikaela Conley en su reseña sobre el filme para ABC News.

El artículo señala las dos posiciones: defensores del estudio WHI como Marcia Stefanick, que participó en él, aseguran que la investigación pretendía ir más allá de la menopausia y centrarse en los riesgos para la salud de mujeres mayores que tomaban hormonas para prevenir enfermedades como problemas cardiacos, osteoporosis y demencia. “La terapia hormonal no reduce las enfermedades coronarias en las mujeres de edad avanzada y en cambio sí incrementa los infartos. Es cierto que evita algunos síntomas como la resequedad vaginal, pero el uso prolongado trae riesgos, y las mujeres merecen saberlo”.

Por otro lado están los críticos que dicen que la población que se usó como muestra estuvo sesgada, pues la edad promedio de las pacientes fue de 63 años. “Las mujeres por lo general llegan a la menopausia a los 51 años y es en ese momento cuando experimentan los síntomas más severos”. Esto indicaría que antes de los 60 podrían beneficiarse de la terapia.

El doctor Urdinola opina que en la salud no se puede hablar de soluciones en blanco o negro porque todos los organismos son diferentes: “Diez por ciento de las mujeres posmenopáusicas presentan síntomas incapacitantes, 30 por ciento los tiene severos, otro 30 moderados y 30 por ciento restante leves. Los tratamientos son diferentes”. Por eso, con la intención de dirimir la discusión se están esperando los resultados de nuevos estudios.

Entre tanto, el especialista aconseja que las mujeres en esta etapa tengan los mismos hábitos que cualquier persona debería tener: “La vida es una continuidad y el cuerpo tiene memoria. Las medidas no se deben dejar para cuando se cumplan los 60”. Se refiere a ‘estrategias’ básicas como hacer ejercicio, evitar la sal y llevar una dieta baja en grasas (explica que los porcentajes de una dieta balanceada en general deben aproximarse a 60 o 70 por ciento de carbohidratos, 25 a 30 por ciento de proteínas y 5 por ciento o menos de grasas).

Lo cierto es que la menopausia está mostrando su mejor cara. Si antes se hablaba de mujeres pasadas de moda, ahora el mensaje es: “Una mujer a esa edad es activa, está en su mejor momento porque ya no tiene hijos pequeños y puede retomar proyectos que había abandonado”, comenta Rocío Oyanguren en su libro Dichosas. Una mujer a esa edad tiene el poderoso atractivo que Urdinola resume en tres palabras: “vida y experiencia”.

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