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Bernardo Álvarez Un “duro” de la publicidad política

Bernardo Álvarez Un “duro” de la publicidad política Bernardo Álvarez Un “duro” de la publicidad política

Una carrera llena de logros, premios y distinciones marca la vida de este creativo antioqueño especializado en diseñar campañas publicitarias políticas en los Estados Unidos.

Publicista, productor de cine y televisión, hacedor de políticos, son todos títulos que le van bien a Bernardo Álvarez, un paisa de 34 años que se define como un director creativo, que ha vivido la mitad de su vida en los Estados Unidos y ha seguido los pasos de su tío político, Norman Smith, un colombiano hijo de norteamericana e inglés, creativo por naturaleza.

Álvarez llegó a los 11 años a conocer el estudio de su tío en Nueva York: “Desde ese momento supe lo que quería hacer. No entendía exactamente qué hacía él, pero su mundo me fascinaba. Norman se mudó a Miami, donde montó una boutique de posproducción que se llamaba The Loft. Trabajó con grandes agencias de publicidad haciendo comerciales para Coca Cola, Postobón, Pepsi, Cerveza Águila y Cerveza Gallo de Guatemala, entre otras grandes compañías latinoamericanas.

Cuando mis padres me mandaban en los veranos a Miami, me pasaba el tiempo en su estudio, ayudando y aprendiendo.
Yo era instructor de parapente en Medellín y solía filmar todas las locuras que hacíamos. En Miami editaba videos excelentes con los que regresaba a Medellín. Así, cuando entré a la universidad me eximí de muchas materias gracias a la experiencia  con mi tío”.

Los premios que han ganado Bernardo y los diferentes equipos con los cuales trabajó, especialmente durante la década del 2000, reconocimientos a la producción de comerciales, la excelencia en el diseño, el diseño de campañas publicitarias y otros, se concretan en tres EMMY en la categoría Promotional Spot, por comerciales producidos con Galavisión, canal bilingüe de Univisión, con el que Álvarez trabajó cinco años; dos Promax BDA, uno a la excelencia en el diseño por un comercial producido con Univisión, y otro al diseño, por una campaña publicitaria del programa Taboo de National Geographic.

Además, un Pollie a la Mejor Campaña Política en Televisión del candidato presidencial Ron Paul, que abarcaba más de 25 comerciales que ganaron premio independiente y que sumados obtuvieron esta distinción.

Viento a favor
“Mirando atrás –dice Bernardo– me doy cuenta de que las cosas se me facilitaron. Con mi tío Norman, en The Loft, nos dedicábamos a campañas publicitarias de alto perfil para el mercado hispano. Tras los ataques del 11 de septiembre, las grandes empresas de Estados Unidos suspendieron la publicidad, en primer lugar la del mercado hispano y se cerraron muchas agencias en Miami.

En ese momento me contrataron de planta en Univisión como productor-editor. El mundo de un canal de televisión es fascinante, las entregas no son en dos semanas, sino ‘¡mañana!’, y no cuentas con un equipo de producción sino que tú eres el equipo, debes hacerlo todo, y si hay algo que no sepas hacer más te vale que aprendas, pues de ti depende que la campaña sobresalga o sea otra del montón”.

Bernardo pasó a trabajar en la empresa de posproducción D. C. Henninger, en Washington, donde llamó la atención el nivel de su portafolio y llegó a ser director creativo: “Nunca olvidaré un día en que entregaba en Univisión un proyecto que llevaba perfeccionando varias noches; cuando lo mostré en el salón de juntas con la vicepresidenta de promociones y el director de arte, me aplaudieron y uno de ellos me dijo, entre risas: ‘Tú deberías ser el director creativo, pero estás muy joven para darte ese título’”.  Es algo que se grabó en mi mente.

“La publicidad política que se producía en Washington D. C. era la misma de siempre. Comerciales de televisión hechos con tecnología vieja, sin efectos, diseño ni concepto. Como otras empresas similares de esa ciudad, Henninger tenía una clientela política. La primera vez que me solicitaron un comercial político, el cliente solo tenía un guion escrito, es decir, conocía qué mensaje quería sacar al aire, pero no tenía imágenes, pietaje, música ni concepto. Sobra decir que fue una noche larga, pero cuando les mostré el producto final no podían creer que fuera un comercial cien por ciento animado, de diseño moderno, con una inyección de humor. No sabían si era un chiste, si yo estaba loco o era demasiado MTV para ellos.

No podían creer que el comercial lo había hecho una sola persona en quince horas, con edición, animación, musicalización, diseño de sonido, locución, etc.“La publicidad política es cincuenta por ciento del trabajo que realizo hoy en día. Y la clave fue que yo no era de Washington, es más, que ni siquiera era norteamericano sino un outsider y traía unas ideas completamente nuevas y frescas a la publicidad política. Nunca pensé que me fuera a gustar, pues jamás me interesó la política y mucho menos la de los Estados Unidos. Ahora me apasiona ver cómo cada comercial que producimos cambia la opinión del público a los pocos días de estar al aire”.

Brillando con luz propia

Cuando Bernardo creó Shine Creative, una de las boutiques de diseño y posproducción de comerciales más importantes de Washington, se orientó hacia el servicio personal al cliente: “Es tan importante o más que el trabajo creativo. Mi título oficial es Director Creativo, pero nos dedicamos a la publicidad y al diseño y por ende todos en Shine somos editores, fotógrafos, camarógrafos, animadores, diseñadores, compositores, decoradores, etc. No hacemos películas, documentales ni programación.

No porque no me guste o no quiera trabajar en una película, sino porque llevo en la producción de comerciales catorce años. Es lo que sabemos hacer y lo hacemos muy bien. Ya sea promos para National Geographic o Discovery Channel, comerciales para Sears, o Procter & Gamble o publicidad política para una campaña presidencial”.

En un año electoral puede haber dieciséis creativos en Shine. Cuando traen gente nueva, es de fuera de Washington: colombianos, españoles, californianos, floridanos, neoyorquinos, que aportan nuevas perspectivas. Su sueño era crear una empresa como Shine, que se ha ganado más de catorce premios Telly, más de diez Pollie, un Promax BDA Award, un Mark Award y que fue nominada de nuevo a un Emmy el año pasado.

Reconoce que una parte difícil de su trabajo es el tiempo que pasa sin su esposa y sus hijos
: “Estoy felizmente casado con Alexia Minervini y tengo dos hijos, Martín, de 6 años, y Lucas, de 3. Ellos son mi razón de ser, no me cambio por nadie, nací para ser padre. Si no estoy en la oficina o en un estudio, soy papá y esposo cien por ciento. No juego golf, no veo fútbol con mis amigos, no hay noches de póquer, no salgo a pescar. Es gratificante mirar la televisión en un aeropuerto y poderles decir a mis hijos, ‘¡eso lo hizo Shine!’.

Por lo demás, me gusta la música de varios géneros, casi todos, el único requisito es que sea poderosa, que me mueva e inspire. Hay música que me motiva a bailar, otra a hacer ejercicio, otra a sentarme a diseñar. Si una canción me inspira, va para el iPhone”.

Aficionado a deportes extremos como kitesurfing, parapente y motocross, los practica si su familia lo acompaña. “En mi casa no se ve televisión, ‘en casa de herrero azadón de palo’, ¿no? Pero sí vemos y coleccionamos películas. Una buena noche es para mí un vaso de vino y una película con mi esposa. No me considero workaholic, y hasta ahora ni mis hijos ni ella me han acusado de serlo. Me fascina leer, y aunque no me queda mucho tiempo, adelanto aunque sea un capítulo por las noches. Ahora estoy leyendo What the Dog Saw, de Malcolm Gladwell”.

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