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La nueva ola de la exclusividad

La nueva ola de la exclusividad Fotos: Imágen Reina / Simón Flórez.

Casa Bizancio se ha apoderado de una de las mejores esquinas de Bogotá. Givenchy, Alberta Ferretti, Valentino, entre otras firmas, son sus verdaderos protagonistas.

El romanticismo de los clásicos vestidos rojos de Valentino, y los trajes en chifón de Alberta Ferretti son el sueño de toda mujer amante de la alta moda y la exclusividad. Entregárselos a ellas es y ha sido siempre la ilusión de Eugenia Iriarte, una madrileña que empezó muy joven como modelo de pasarelas de grandes diseñadores y que aprovechó esa experiencia para también forjar relaciones públicas y guardar importantes contactos para su futuro. Contactos que para 1982, cuando se divorció y quedó sola con sus dos hijos, le ayudaron a resurgir y crear su propia empresa. Calculadora, visionaria y muy exclusiva, Eugenia fundó Iriarte Trading Fashion (ITF), su propio grupo empresarial de importación y distribución de exclusivas marcas de trajes, chaquetas y accesorios italianos y franceses, que funciona en todo el territorio de la Península Ibérica hace ya treinta años.

Givenchy, Alberta Ferretti, Just Cavalli, Courreges, Red Valentino, Moschino y Dsquared son la amplia carta de opciones que la Mamma —como apodan cariñosamente a la señora Iriarte— se ha encargado de coordinar exitosamente para que el cliente de lujo las tenga siempre a la mano.

El buen sabor de una crisis
Diez años atrás, la capital colombiana brillaba por la ausencia de grandes y reconocidas marcas. Pero poco a poco las cosas comenzaron a cambiar. Europa entró en una crisis financiera nunca antes vista, y los ojos de los empresarios del Viejo Continente se posaron en las Américas. Súbitamente, en Bogotá se empezaron a abrir boutiques de alto calibre como Carolina Herrera, Bulgari, Hugo Boss, Ermenegildo Zegna, Emporio Armani y BCBG Maxazria. Entre Ciudad de Panamá, São Paulo y Miami, Bogotá se fue colando en la amplia lista de ciudades top para ir de compras. Con el voz a voz y la creciente reputación de las ciudades colombianas en la industria de la moda, Eugenia Iriarte y su familia también se aventuraron a traer Casa Bizancio.

Una casona inglesa de tres pisos, en la carrera 11 con calle 85, fue restaurada para alojar todo el lujo posible y darles cabida a siete marcas de alta gama, de modo que hoy se encuentran los más exclusivos diseños.

“El cliente colombiano tiene capacidad de adquisición, eso ha demostrado el análisis de mercado que hemos realizado, además tiene la cultura, altura, exclusividad y calidad que nuestras marcas ofrecen”, cuenta la cabeza de Casa Bizancio, quien junto con sus socios, José Antonio Álvarez y Lina Soto, unieron fuerzas para ofrecerles a las colombianas la oportunidad de vestirse al último grito de la moda europea.

El foco de atención de esta casa de modas también han sido las mujeres venezolanas que habitan en Bogotá, pues son una población creciente, atrevida y de buen gusto que puede convertirse en cliente potencial.

Pensando en llevar próximamente el proyecto de Casa Bizancio a Medellín, Cartagena, Cali y Barranquilla, los españoles reconocen el buen esfuerzo que ha hecho Colombia en el tema de la moda: “La industria textil va ascendiendo a pasos agigantados. Los tejidos artesanales me parecen sorprendentes, hay mucha creatividad y profesionalismo, aunque falta una difusión más internacional del negocio”, afirma de manera contundente la matrona de las marcas de lujo.

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