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La vida agridulce de Nigella Lawson

Revista FUCSIA

La vida agridulce de Nigella Lawson Las malas lenguas señalan a la diva de la cocina de ser excesivamente ansiosa, controladora y hasta de tener un antepasado criminal. Fotos: AFP, AP.

La chef más sexy de la televisión ha conquistado al público con su estilo picante. Pero su más reciente notoriedad corrió por cuenta de la foto de su marido estrangulándola en un restaurante lo que desembocó en su divorcio.

Los maestros de la culinaria suelen tener un toque secreto a la hora de preparar sus platillos. En el caso de Nigella Lawson, debe tratarse de uno tan poderoso que no solo le ha permitido producir exitosos programas, sino vender tres millones de ejemplares de su decena de libros alrededor del mundo y crear su propia línea de utensilios. Aunque ella no se considera profesional en la materia, pues su talento es intuitivo, este le basta para que hombres y mujeres sean seducidos por igual. Tal vez porque el ingrediente estrella de su cocina es su propio encanto, esa mezcla de sensualidad y glamour que a sus 53 años sigue luciendo hasta para picar cebolla. “¿Quién dijo que no hay problema con los excesos? Mmmmm”, dice mientras juguetea con su pelo, “se me hace agua la boca. Nada como el chile para absorber los excesos de una noche”. También presenta la combinación de “azúcar, sal y aceite” como el perfecto ménage à trois. No es casualidad que se refieran a su trabajo como “gastroporno” y a ella como “la diosa del placer”.

Para Ellis Cashmore, profesor de cultura y medios de Staffordshire University, el show de Lawson “es una coreografía” para hacer pensar al espectador en sexo: “no es una supermodelo, no es delgada, ya es mayor, y con eso le demuestra al género femenino que se puede envejecer y ganar peso sin perder el sex-appeal. De paso excita a los hombres que las prefieren voluptuosas, con curvas al estilo de Rubens (en alusión a las damas desnudas y regordetas del pintor flamenco). Ella es consciente de esto y prepara sus menús de una manera sugestivamente ambigua, por lo cual ha sido caricaturizada. Cocinar como si fuera un acto de seducción ¡qué brillante idea!”. Según el experto, ella termina de aderezar ese carácter con su atractivo “acento británico refinado de clase alta”.

Pero en su vida no todo ha tenido buen sabor. Últimamente ha vuelto a ser el plato favorito de los tabloides debido a su reciente separación del millonario de origen iraquí Charles Saatchi. Sin embargo, este episodio es solo uno más de una larga lista de tragedias. “Tengo un lado oscuro”, confesó al periódico The Sunday Times. “La gente piensa que si cocinas eres toda dulzura y luz”. De hecho, su amor por la cocina y su consiguiente fama fueron en parte consecuencia del dolor que le produjo la pérdida de su mamá, su hermana y su primer esposo, víctimas del cáncer. “Escribir las recetas de la comida que compartíamos fue mi manera de seguir mis conversaciones con ellos”.

Para Nigella, comer ha sido un refugio y una manera de celebrar la existencia. “Es una actividad terapéutica, una forma de decir ‘acepto seguir viviendo’ aun cuando no tenga ganas”. Por eso, advierte que si hay una tristeza profunda, se habla metafóricamente de “perder el gusto por la vida”. “Soy muy glotona. Siempre estoy pensando en picar algo más y necesito llevar comida conmigo a donde vaya, en mi cartera cargo mostaza”. La clave de tal voracidad está en que, en su imaginario, la delgadez es sinónimo de problemas de salud: “cuando convives con un enfermo eso te abre el apetito por la vida y uno se mide menos”. Luego le quita seriedad a su argumento agregando que además no quiere adelgazar porque luciría mayor. Sus declaraciones no suelen dejar contentos a quienes forman parte de las campañas contra la obesidad: la mantequilla es su aliada y cuenta que, cuando sus hijos eran pequeños, uno de sus manjares favoritos consistía en chocolate y papas fritas que ella les ponía en cada mano.

Cuando le dicen que su mayor talento es coquetear frente a las cámaras, ella responde que solo se trata de lograr mayor cercanía y niega que apele al doble sentido. La evidencia no parece respaldarla: “Creo que las mujeres que pasan toda su vida haciendo dieta tienen una sexualidad miserable. Si tu cuerpo es tu enemigo, ¿cómo vas a relajarte y disfrutar?”. Ella por su parte se enorgullece de sacarle el jugo a las dimensiones de su figura y, sin considerarse una persona religiosa, bromea con que Dios la escuchó al darle “un gran trasero y un busto abundante”, que acentúa con sus atuendos ajustados.

Al verla en acción en su serie Nigellissima, o de jurado en la competencia gastronómica norteamericana The Taste, es difícil imaginar que la escritora y presentadora haya sido en sus primeros años una joven introvertida, depresiva e insegura, entre otras cosas debido a su peso.

Lo cierto es que el halo aristocrático que exuda lo lleva en las venas. Es la segunda de los cuatro hijos de Nigel Lawson, exministro de Hacienda de Margaret Thatcher y de Vanesa Salmon, heredera de la familia de origen judío que creó la cadena de tiendas y restaurantes Lyons Corner House. Quizá por eso la primera maestra de Nigella fue su mamá, quien le enseñó a cocinar por instinto, sin seguir las recetas. “Así que me iba al supermercado y compraba sacos de cebollas, era la reina de la sopa de cebolla. Aprendí cómo alimentar a muchas personas con poco dinero y esa es la mejor enseñanza”, explicó a ABC News. Curiosamente, como reza el dicho, “en casa de herrero azadón de palo”: Salmon sufría de bulimia y anorexia, y la chef ha llegado a describirla como “una mujer histérica”. La relación entre ambas solía ser bastante tensa.

“Mi mamá creía que yo era autista, porque hablaba sola”, reveló en una entrevista. Sin embargo, la defiende diciendo que se casó muy joven y que no estaba preparada para la maternidad. Entre los 9 y los 18 años Nigella, la oveja negra de la casa, cambió cinco veces de colegio y estuvo en un internado, debido a que no “era buena con el tema de la autoridad”. Desde los 14 años buscó su independencia trabajando de vendedora en tiendas y de mesera. Cuando sus padres se separaron, la joven sentó cabeza e ingresó a Oxford, donde estudió lenguas modernas.

Nigella siguió los pasos de su hermano mayor, quien fue editor del periódico británico The Telegraph. Empezó escribiendo reseñas de libros y a los 23 tuvo una columna sobre restaurantes en la revista The Spector. También se dedicó a los temas de sociedad y de belleza. Al poco tiempo ya era editora literaria adjunta en el prestigioso The Sunday Times. Fue entonces cuando conoció al periodista John Diamond, con quien tuvo dos hijos, Cosima y Bruno, de 19 y 17 años en la actualidad. Cuentan que él le dio la seguridad que ella necesitaba para empezar a sobresalir, y que supervisaba desde su ropa hasta sus peinados. Y también la habría motivado a publicar un libro que le llegara a todo el mundo con un título sencillo como How to Eat (Cómo comer, en español).

Hasta ese momento Nigella solo había cocinado para sus amigos, entre ellos Salman Rushdie, a quien le preparó cordero, aunque al abrir el horno casi se le incendia el pelo. Pero el experimento de su esposo dio resultado y en el año 2000 salió al mercado su gran obra How to be a Domestic Goddess (Cómo ser una diosa doméstica, en español), que dio origen al título con el que hoy es famosa: “Diosa doméstica”. La obra recibió el prestigioso British Book Award, por lo general otorgado a las novelas. Hay quienes afirman que obtuvo el galardón como consuelo porque su esposo sufría de cáncer de garganta. Él había registrado con un toque de humor la evolución de su enfermedad en un documental, en el periódico y en un best seller.

“Su lengua fue extirpada y tuve que aprender de las enfermeras a alimentarlo solo con malteadas… Era lo opuesto a lo que debe ser la cocina, tenía que meter la mayor cantidad de calorías en un vaso”, recuerda ella. Para esa época, “con un esposo agonizando, poco dinero y la imposibilidad de trabajar fuera de casa”, había decidido empezar las grabaciones de un programa en su propia cocina. Con tono jocoso cuenta que temía que algún televidente le dijera: “Si yo tuviera un trasero de ese tamaño no me atrevería a mostrarlo”.

Nigella rechaza la idea de que la traten como a una mártir, y asegura que nunca llora. A los pocos meses de la pérdida de su marido ya disfrutaba del reconocimiento y de su relación con Saatchi, magnate de las campañas publicitarias, coleccionista de arte y quien por ser amigo de Diamond, habría recibido de él una especie de bendición para cuidar a la viuda. Otra cosa pensaba la segunda mujer del millonario, Kay Hartenstein, quien la culpó de meterse con su marido y el padre de su niña y de engañar al moribundo en sus narices.

Ambos lo negaron, pero el año pasado Saatchi, cuya fortuna supera los 200 millones de dólares, dejó claro que el lema de su vida consiste en “ser lo peor que puedas ser”, como tituló su libro, en el que especifica que es un error pensar en los demás. En días pasados, al parecer hizo honor a su filosofía cuando después de diez años de matrimonio, el septuagenario fue fotografiado mientras sujetaba a Nigella violentamente por el cuello en un restaurante del sector de Mayfair. Las imágenes causaron conmoción y convirtieron a la diva en la “diosa” de la violencia “doméstica”.

Por si fuera poco, cuando salieron a la luz, él se presentó ante las autoridades y explicó que no la había lastimado y que con sus gestos solo trataba de hacerla entender sus argumentos frente a la discusión que tenían acerca de sus hijos. Añadió que ella hacía lo mismo cuando peleaban en casa y que su relación estaba en crisis desde tiempo atrás. Además la humilló al anunciar públicamente su decisión de divorciarse, todo indica que sin avisarle a ella previamente, responsabilizándola de lo ocurrido por no defenderlo ante “acusaciones falsas”. En esta oportunidad su ex lo apoyó diciendo que él no era un “abusador”. Para cerrar con broche de oro, Saatchi insinuó que en la escena que lo muestra tocándole la nariz de manera violenta solo trataba de limpiarla: “Hasta las diosas domésticas tienen mocos”.

A la mujer que había jurado “nunca” llorar se la vio descompuesta. Aun así, su estrategia inmediata fue el silencio; abandonó su residencia de casi 20 millones, no sin antes contratar a la temible Fiona Shackleton, la abogada que defendió los intereses de figuras como el príncipe Carlos y Paul McCartney en sus respectivos divorcios. Quizá el signo más revelador de su mal momento es que últimamente luce más delgada. Y esa no es una señal menor para alguien que una vez hizo alarde de haber ganado tres kilos gracias a su programa, y que no se cansaba de decir que comer es el reflejo de la pasión por la vida.

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