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Mercedes Salazar Brilla con su joyería en la Gran Manzana

Revista FUCSIA

Mercedes Salazar Brilla con su joyería en la Gran Manzana Mercedes Salazar Brilla con su joyería en la Gran Manzana

Las pulseras diseñadas por la joyera colombiana a partir de las técnicas artesanales de algunas comunidades indígenas ya están en las tiendas Henri Bendel y Bergdorf Goodman de Nueva York.

Cuando Mercedes Salazar recibió, hace menos de un mes, un mensaje de la persona encargada de las compras en la tienda Henri Bendel de la Quinta Avenida de Nueva York, en el que la felicitaba por su reciente colección de pulseras de tonos pasteles inspiradas en las piezas artesanales de las etnias indígenas colombianas y le comunicaba que querían comprarlas tal y como las habían visto exhibidas en el showroom, se emocionó muchísimo.

No era para menos, pues ella ya había tenido oportunidad de ver el brillo casi imperceptible de los hilos de seda y alambres de colores que le ha intercalado a sus pulseras en uno de los almacenes de moda más codiciados de la Gran Manzana, Bergdorf Goodman, y pensó que el esmero que ha puesto en lograr estas piezas únicas no ha sido en vano.

Y es que los trece años que hace que Mercedes llegó de estudiar joyería y orfebrería en México no solo le han dado confianza en su oficio, sino que han llevado el mensaje implícito en muchas de sus pulseras, aretes, collares y otros accesorios de la marca identificada con su propio nombre a Cartagena y Medellín, en Colombia, y a México y Estados Unidos como una reiteración de que lo primero es el amor por el oficio: “Sí, ese amor está implícito en mis joyas. Constantemente estoy buscando enseñarles a mis empleados las virtudes que tienen los productos hechos a mano. Mis colecciones tienen siempre detrás una historia para contarles a quienes las usan”.

Mercedes le atribuye gran parte del éxito de la marca a su esposo, Diego Martínez: “Él se dedicó a llevar las joyas a Madrid, París y Nueva York, entre otras ciudades que realizan importantes ferias especializadas en accesorios. Hace diez años que estamos en esa actividad, pues nos dimos cuenta de que teníamos que exportar. Así, volví a México, el país donde aprendí, además de joyería y orfebrería, arte y escultura sobre metal, con una tienda en Ciudad de México en una
de las mejores esquinas de Polanco, la de Oscar Wilde con Virgilio, un lugar que es poesía pura”.

Para franquear las fronteras hacia otros países, Mercedes ha buscado enriquecer sus piezas haciendo uso y siguiendo muy de cerca las técnicas artesanales de comunidades indígenas como los kamëntsá del Putumayo, los wayúu de La Guajira, los wounaan nonan del Chocó, y los zenúes, de Córdoba. A partir de este valioso legado autóctono la joyera ha creado varios diseños de pulseras que pueden ser de metal martillado a mano, decoradas con bandas de chaquiras tejidas en telar de madera (Putumayo); de güerregue trabajado de modo tradicional e intercalado con alambres con baño de oro (Chocó); o de hilos de seda manejados con la técnica de la caña flecha e intercalados con alambres (Córdoba).

Otras pulseras son metálicas, pintadas de colores y con un mensaje grabado que dice: “Es tiempo de amar… ayudar… bailar… besar… cantar… fiestear…”. Quizá como cediendo ella misma al dictado de esas líneas que atadas a la muñeca de las mujeres las hacen portadoras de un mensaje de amor, Mercedes ha decidido conquistar los grandes mercados con pulseras que llevan implícito el mensaje de una Colombia auténtica.

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