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Valeria Steele: la glamorosa oveja negra de la academia

Revista FUCSIA

Valeria Steele: la glamorosa oveja negra de la academia Fotos: AFP. Retrato: Cortesía Ixel Moda. Fotos libro: © Gerardo Gómez/13

A pesar de que tiene bajo su poder 50 mil vestidos y 4 mil pares de zapatos, no los puede usar. La curadora del museo FIT de Nueva York, uno de los pocos del mundo enfocados en moda, ha logrado que un público masivo descubra las historias que habitan los vestidos. FUCSIA habló con ella.

Aunque Valerie Steele no puede usar cada una de esas piezas, sí puede  coleccionarlas y amarlas, nada muy diferente a lo que hacen muchas chicas con sus clósets privados. Valerie Steele es la curadora del Museo del Fashion Institute de Nueva York, uno de los pocos del mundo dedicados exclusivamente a la moda, un lugar que ha recolectado pacientemente vestidos de épocas inmemoriales con la convicción de que son documentos que hablan de la historia, de los gustos de la humanidad, de la forma como las mujeres de una época contenían su respiración al usar corsés que estrujaban su cintura hasta los 55 centímetros, o de la manera como las lejías para teñir las telas les carcomieron la piel.

Así como cada mañana las mujeres debemos enfrentarnos a la pregunta inevitable de “¿qué me voy a poner hoy?”, Stelee abre cada tanto las puertas de ese inmenso y riquísimo clóset para disponer una nueva exhibición en el museo. Algunas veces se ha empeñado en la búsqueda del mítico corsé que afinaba la cintura hasta los 40 centímetros y que nadie sabe si realmente existió; otras veces ha viajado a Oriente, a través de las telas, para desentrañar su relación con la estética de Occidente, y en ocasiones ha intentado desvelar cómo ha sido la influencia del mundo gay en la moda. “Haciendo la investigación para esta muestra, me sorprendió descubrir cómo los hombres gais han desempeñado un papel determinante como creadores de moda y fijadores de tendencias desde el siglo XVIII.

Además, se me fue revelando cómo los aportes de esta comunidad  han sido desterrados de las narrativas de la historia”, explica Valerie Steele, quien con su tono claro y académico ha querido darle una resignificación a la moda. Recientemente invitada al foro Ixel Moda, en Cartagena, se atrevió a lanzar punzantes preguntas: “¿acaso no es sospechoso que siempre nos hayan hecho creer que un documento histórico y social tan importante como el vestido está desprovisto de cualquier contenido?”.

Velierie Steele confiesa que tiene un pequeño clóset privado en el que sobresalen algunas creaciones de Hussein Chalayan, Haider Ackermann, Phoebe Philo de Celine, Rick Owens y Comme des Garçons, pero su gusto por la moda no fue siempre evidente y mucho menos confeso. Fue tardíamente, cuando estaba realizando un Ph. D. en historia cultural europea en la Universidad de Yale y se encontraba en la búsqueda del tema de su disertación final, que Steele tuvo una extraña pero reveladora epifanía: “tras leer en un texto que el corsé era la encarnación del sometimiento femenino, y al contrastarlo con otro autor quien lo definía como el epítome de la libertad lograda por las mujeres, la moda se me reveló como parte de la cultura. En consecuencia, como historiadora cultural, yo podía hacer historia de la moda”. Este pensamiento se convirtió en una convicción que quiso llevar al límite; como resultado, recibió tratos displicentes, no solo por parte de sus colegas académicos, sino también de muchas de las firmas a las que solicitó trabajo y donde le aseguraban que la moda no era un campo de estudio.

“¿Por qué la moda ha sido vista históricamente como algo tan banal? Creo que está relacionada con dos cosas esenciales: la primera, que la moda siempre ha estado vinculada al cuerpo, no al alma o a la razón, lo que le ha asegurado un lugar muy particular, pero además esta ha sido asociada siempre a lo femenino y el lugar de lo femenino ha sido más bien marginal y sometido”, explica esta experta quien, a fuerza de insistir, se convirtió en una elegante oveja negra de la academia que encontró como curadora del Museo del FIT, un lugar prolífico para realizar sus investigaciones y un espacio para fundar el Fashion Theory: The Journal of Dress, Body and Culture, el primer periódico académico especializado en moda.

Vestida casi siempre con pantalones ajustados, una chaqueta y unos estiletos, totalmente de negro, Valerie Steele ha logrado que la academia y los museos presten más atención a los vestidos. No resulta extraño escuchar por estos días que afamados recintos del arte como el Metropolitan de Nueva York acogen exhibiciones de moda y convierten a los vestidos en sus nuevos bienvenidos. Con la academia ha pasado algo similar, aunque aún persiste cierta reticencia. “Muchas veces, alumnas de maestrías de sociología tienen que llevar un número del Fashion Theory para comprobarles a sus maestros que este es un campo académicamente aceptado”. Pero su influencia ha ido más allá. Cada vez que el museo, de la mano de esta experta, decide apostar por uno u otro diseñador para adquirir o exhibir sus piezas en ese recinto, muestra una disposición de reconocer quiénes están influenciando verdaderamente el mundo de la moda, y no necesariamente son siempre los que más venden o son más comerciales sino, como lo explica Steele, “los que tienen la capacidad de influir en su tiempo y entre sus colegas”.

También de su mano el público corriente, no necesariamente interesado en la moda, ha descubierto cuánto ha influenciado la moda los uniformes y armaduras de la guerra, cómo las grandes batallas han heredado importantes siluetas al mundo del estilo. Fue Valerie la que lanzó una pregunta acerca de esos riquísimos procesos en torno a la estética y el vestido que se están llevando a cabo en Japón, ya no solo apegados a la impronta de grandes creadores como Rei Kawakubo o Issey Miyake, sino emparentados con procesos urbanos y callejeros.

Sin embargo, esta curadora es consciente de todas las cargas y recriminaciones que recaen sobre la moda, vista muchas veces como una villana que ha condenado a las mujeres a padecer su cuerpo. “Ellas siempre han sido conscientes de que son valoradas en gran medida de acuerdo a su apariencia física: deberían ser siempre jóvenes, altas, delgadas, pero no todo el mundo es canónicamente bello y no hay nada que hacer con la vejez. La gente suele culpar al sistema de la moda de haber creado unos estándares irreales y de alguna manera esto es cierto, pero lo interesante es que la moda también provee la posibilidad de crear una belleza diferente; un nuevo vestido puede ayudarnos a crear un nuevo cuerpo, hacernos ver más jóvenes. Un vestido es siempre un chance de transformarnos, no de condenarnos”.

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