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Deseo de mujer Foto: Thinkstock

Los tabúes , la religión y la sociedad se han encargado de enredarle el cerebro a las mujeres. Nos movemos entre el complejo de culpa que nos han inculcado desde chiquitas para pasarnos al extremo de la liberación tota.En definitiva, el sexo es para las mujeres algo que está muy involucrado con los sentimientos.

Freud llamaba a la sexualidad femenina ‘el continente oscuro’ y creo que las mujeres estamos de acuerdo con esa definición, pues ni siquiera nosotras logramos entendernos en este aspecto. Sólo sabemos que el sexo es una fuerza poderosa que actúa cuando menos se espera. Este es un tema del cual es fácil hablar teóricamente, pero que en la realidad es aun más misterioso y desconocido de lo que Freud solía afirmar.

Los tabúes ancestrales, la religión y la sociedad se han encargado de enredarle el cerebro a las mujeres, y generalmente la sexualidad es un tema que nadie tiene claro. Nos movemos entre el complejo de culpa que nos han inculcado desde chiquitas para pasarnos al extremo de la liberación total, en el que la promiscuidad agota el deseo. El exceso siempre termina en hastío.

Finalmente, parece que la ciencia está empezando a aclarar cómo el placer y la pasión toman forma en el cuerpo y la mente de una mujer. Sobra decir que los hombres funcionan en otro plano. Ellos sólo tienen un botón, y punto. Nosotras poseemos un pánel de comandos como el de un avión supersónico, lleno de luces y colores.

El mercado está saturado de libros con infinidad de recetas para recobrar el deseo, para mejorar las relaciones, para darles una fórmula mágica a todas esas mujeres que no conocen la palabra deseo, sino en los libros. Siempre nos habían dicho que las mujeres teníamos localizado el deseo solamente en la cabeza. Alguna vez le pregunté a mi médico sobre el tema, y me dio como respuesta un discurso de cómo teníamos el deseo, la sexualidad y la pasión en el cerebro y cómo todo lo que había que hacer era pensar en sexo para solucionar cualquier deficiencia. Que debíamos olvidarnos de píldoras, hierbas o ungüentos mágicos, pues el tal viagra femenino era una quimera.

En parte, mi médico tenía razón, pues los intentos iniciales de producir viagra para mujeres han fracasado; los parches de testosterona, que constituían otra alternativa, no fueron autorizados por la Food and Drug Administration de Estados Unidos, por considerar que sus riesgos superaban sus beneficios. El problema con el que chocan los científicos es que las mujeres antes que responder al deseo sexual respondemos al deseo de ser amadas.

Pero como todo cambia tan rápidamente, hoy me encuentro con un reporte médico de la Universidad de British Columbia y del Colegio de Medicina de la Universidad de Vermont que les agrega un factor a todas las teorías de mi médico.

El cerebro solito no puede hacer todo. Según estos investigadores, hay que empezar por examinar lo que comemos: la serotonina que producen los carbohidratos simples bloquea la dopamina, que es la encargada de activar el deseo. Por el contrario, el Omega 3 dispara la producción de dopamina y nos convierte en unas máquinas sexuales. O sea, la idea es menos pan o pasta y más salmón, o tomarse unas cuantas pepas de aceite de pescado para potenciar el deseo.

El estrés es otro factor devastador para las ganas. Lo malo es que es casi un imposible evitar las angustias y la ansiedad en una sociedad que nos obliga a ser las súper mujeres. El remedio: la meditación, un baño caliente, masajes, y otros. Esto quiere decir, que todo lo que relaja interrumpe el flujo del cortisol, el culpable de la inapetencia sexual.

Nada mejor, entonces, que un masaje de los pies antes de una noche de amor. Igualmente, los científicos dicen tener pruebas de que el ejercicio contribuye a mejorar el desempeño sexual, pues al aumentar la frecuencia cardiaca se irriga mejor el cerebro y, desde luego, al verse uno mejor en el espejo, atrae inmediatamente la mirada masculina. Eso parece un chiste, pues todas sabemos que a los hombres sólo les interesa la belleza exterior y no la interior, digan lo que digan.

Finalmente, la imaginación también juega un papel importante, pero más allá de la teoría de mi médico, como pretendía mi médico. En resumen, para estimular el deseo, ayuda también el hecho de sentirnos bien con nosotras mismas, comer bien y permanecer tranquilas, pero en realidad el amor sigue siendo la fórmula mágica.

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