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Matrimonio con fecha de vencimiento

Lila Ochoa

Matrimonio con fecha de vencimiento Foto: Thinkstock

Un contrato renovable cada siete años haría el matrimonio menos aburrido. ¡El compromiso con fecha de expiración! Cada siete años se renueva el contrato si las cosas van bien y expira naturalmente si están mal.

Soy una convencida absoluta de las bondades del matrimonio y en varias ocasiones he escrito defendiendo esa institución. Y no sucede, ahora, que haya cambiado de idea, simplemente he llegado a la conclusión de que así como evoluciona la sociedad deberían evolucionar las instituciones. El número de parejas que viven juntas sin casarse ha aumentado vertiginosamente durante los últimos años, se habla de que esta cifra ha crecido en más de 65 por ciento y ya se están viendo los problemas que traen este tipo de uniones.

Según estudios realizados en Inglaterra, los hijos de estas parejas tienen conflictos en el colegio, abandonan los estudios muy temprano y corren el riesgo de contraer enfermedades graves
. Por el contrario, los hijos nacidos dentro del matrimonio crecen sin tantos problemas. No se necesita ser un sabio para adivinar la causa, que no es otra que la inseguridad que genera la unión libre y que se refleja en el bienestar físico y sicológico de los hijos. Todo niño quiere que sus padres vivan juntos, en el sentido físico y en el legal.

Para muchos hombres la cohabitación es una situación muy cómoda, pues pueden dar la impresión de ser todavía solteros y disponibles, pero tienen estabilidad y todas las prerrogativas de uno casado. Finalmente, no hay ningún papel que atestigüe su compromiso y en cualquier momento arreglan la maleta y se van sin verse abocados a enfrentarse al engorroso trámite de un divorcio. Esta opción, que parece muy atractiva puesto que mantiene las alternativas abiertas, es en realidad una actitud propia de adolescentes: “quiero conservar el ponqué, pero también comérmelo”, como dicen los gringos.

Las mujeres también padecen el impacto del abandono.
Su situación económica se deteriora, pues en muchos casos son ellas las que deben hacerse cargo de la casa y de la educación de los hijos y no tienen siempre una preparación que les permita tener suficientes ingresos. También aumenta para ellas el riesgo de contraer enfermedades como el cáncer y la depresión.
Por otro lado, no importa si uno es joven o viejo, el divorcio es devastador. Yo, que pasé por ahí, podría llenar páginas enteras con mi testimonio y creo que en el fondo mis hijos nunca han podido superar del todo esa circunstancia.

Los datos que arrojó la investigación inglesa hablan por sí solos: todos queremos encontrar la solución perfecta para lograr una unión feliz y estable, pero la realidad es otra. Al aumentar la expectativa de vida aumenta el número de años que en teoría debería durar un matrimonio. Los hombres, que de por sí no son muy constantes en sus amores, y que después de un tiempo piensan que es hora de volver a sentir, extrañan las mariposas en el estómago de los enamorados y la adrenalina que produce el amor durante los primeros años. Deciden de un momento a otro empacar maletas y partir. Son hombres de mediana edad que se deslumbran con la belleza y la juventud y que piensan que pueden vivir de nuevo un cuento de hadas con una mujer de 25.

Pero pasa, igualmente, que de parte de la mujer el amor también se acaba. Sí, un día se para uno frente al espejo y descubre que se le acabó el amor. Nos pasa y, aunque cueste trabajo creerlo, también queremos volver a sentir. Pero, ¿qué hacer ante tantas dificultades? Sí, es verdad que el matrimonio es bueno para uno, pero también es cierto que no logramos que funcione bien; si la noción de monogamia nos causa sensación de ahogo y ganas de salir corriendo, ¿cuál es la solución ?

¡El matrimonio con fecha de expiración! Cada siete años se renueva el contrato si las cosas van bien y expira naturalmente si están mal. Con ello se logran varias cosas: primero, lo de las mariposas puede funcionar, lo mismo que lo de volver a sentir, si hay que conquistar a la pareja cada vez que se vence el contrato. Y en segundo término, para los que quieren presumir de solteros la oportunidad está ahí, latente, cada siete años. Y, como dicen al final de los cuentos de hadas: “todos vivieron felices y comieron perdices”.

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