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Parejas del siglo XXI

Lila Ochoa

Parejas del siglo XXI Foto: Thinkstock

Nuestra generación fue educada dentro de una serie de valores y principios que creíamos que eran los mismos con los cuales deberíamos educar a nuestros hijos. Pero las realidades están imponiendo cambios en las costumbres sociales que nos confunden y nos dejan meditando.

Para comenzar, cuando nosotras empezábamos a salir con muchachos y a tener novio, era imposible suponer que nos saliéramos de la casa paterna para vivir con un hombre, así ese hombre fuera nuestro prometido. Suena raro, pero nuestros padres esperaban que llegáramos al matrimonio vírgenes.
 
Hoy en día, nadie espera que una mujer sea virgen y ella, un buen tiempo antes de casarse, si no vive con su novio por lo menos pasa las vacaciones compartiendo con él la habitación.


Me pregunto si esta evolución en las relaciones no estará justificada en vista de que el aumento en el número de divorcios nos hace pensar que las parejas no se preparan como se debe para el matrimonio. Hace pocos días me contaron acerca de una pareja que se casó en diciembre del año pasado y ya se separó, duraron menos de seis meses casados.

¿No será que el hecho de vivir con quien uno considera la pareja perfecta permite realmente conocerse como personas, con sus defectos y cualidades? ¿No deberían estas parejas tomarse las cosas con calma y darse el tiempo necesario para saber lo que es la convivencia antes de casarse?

Debo decir aquí, que ya no me parece absurda la actitud de muchas parejas jóvenes que han conocido los efectos del divorcio en carne propia, por ser hijos de divorciados, y que puesto que no quieren repetir esa experiencia deciden vivir un tiempo juntos para conocerse.

Cuando se está en la etapa de enamoramiento es difícil ser objetivo porque no se piensa con la cabeza, sino con las hormonas. Con el tiempo la relación evoluciona y aparece la realidad, que no siempre es color de rosa. Sí, creo que los jóvenes tienen razón.

Otro tema que escandalizaba a la sociedad de mi época, era el que una mujer quedara embarazada sin estar casada. Hoy esta situación no tiene ningún problema. Por el contrario, es una razón de felicidad para la pareja y la familia. En el caso actual, la explicación es más compleja porque es difícil generalizar y cada caso es diferente.

Por un lado, están las mujeres que se dedican a su profesión y llegan a una edad en la que no quieren evitar los hijos, y si están enamoradas y se sienten seguras de su relación deciden tener un hijo para casarse más adelante. Hay otras, que piensan que un hijo puede hacer que el novio concrete una propuesta de matrimonio.

Y la tercera posibilidad, es la que me resulta más difícil de aceptar, que es el quedar embarazada por accidente. Pienso que este es un ‘lujo’ que ninguna mujer en el siglo XXI se puede dar, justamente cuando existen toda clase de métodos anticonceptivos. Sinceramente, creo que deben ser cada vez menos las posibilidades de que una cosa así suceda.

Aunque me alegra que ya no sea un estigma estar embarazada, no dejo de pensar que los bebés no deben ser una excusa para solucionar nuestros problemas. Y es fácil caer en la trampa de creer que se puede obligar a un hombre a casarse por cuenta de un hijo que viene en camino. Un esposo que se siente atrapado nunca será un buen marido y desde luego nunca podrá ser un buen papá.

Ya hay, de hecho, demasiados padres que casados con todas las de la ley abandonan a sus hijos con la disculpa de que necesitan espacio. Los hijos requieren de ambos padres para crecer sanos y equilibrados, para convertirse en personas productivas para la sociedad. Las ganas de tener un hijo no son una disculpa para traer un niño al mundo. Eso es ser demasiado egoísta.

Pero, en definitiva, para nosotras, las mamás, no es fácil aceptar estos cambios, pues siempre queda la duda de si estos conllevan mejores soluciones de vida o, al contrario, traen más confusión, dolor y soledad. La palabra la tiene la próxima generación.



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