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Nuestro Redescubrimiento Estético

Nuestro Redescubrimiento Estético Desfile de la colección Crucero 2016/2017 de Chanel, presentado en Cuba. Foto cortesía Chanel.

El creciente auge que personifica el diseño y la moda colombiana es un hecho y la admiración que suscitan las propuestas de los pensadores de esta industria atrae cada vez más adeptos.

Tanto global como localmente, los consumidores y conocedores de moda se enlistan en las filas de una nueva vertiente de Colombomaníaque se siente palpitar dentro y más allá de la región.  

Ojear cualquiera de las principales revistas de moda y toparse con exponentes del “Lujo Latinoamericano“ es algo cada vez más recurrente para quienes frecuentamos gustosos los caminos que nos proponen las páginas de estas publicaciones. La atracción suscitada por el hechizo latinoamericano de la exuberancia del trópico, las sazones de su gastronomía y el misterio de las múltiples culturas ancestrales que la habitan, estallaron al unísono al ritmo de los bongós y la cadencia de las caderas que acompañaron la celebración del desfile de Chanel Cuba, colección  Cruise 2016/2017

Con la mirada del mundo atenta a las propuestas de Latinoamérica y el Caribe la consolidación de firmas como Creo Consulting, de Giovanna Campagna y Clo Clo Echavarría o Muzungu Sisters, de Dana Alikhani y Tatiana Santo Domingo demuestran una absoluta pertinencia: plataformas de difusión de prendas y accesorios de diseño, caracterizadas por su relación directa con las técnicas de manufactura artesanal como común denominador de estas piezas de culto, en su mayoría colombianas, que se roban suspiros de los detenedores de cierta sensibilidad por la belleza.    

Es imposible no sentir júbilo al presenciar cómo esta búsqueda por nuestra estética propia y nuestra identidad nacional, que se remonta hasta el momento en que soplaron los primeros vientos de independencia, ha tomado una senda de re significación y dignificación que incluye cada vez más el amplio espectro de la multiculturalidad y plurietnicidad que nos enriquece como nación.

Vivir durante generaciones un fuerte proceso de desarraigo y aculturación que nos han marcado históricamente como sociedad, nos ha traído a un momento presente en el que el diseño y las diversas manifestaciones creativas de la moda colombiana, nos permiten apreciar con plenitud nuestras tradiciones, técnicas de manufactura endógenas y la manera tan propia de tratar las materias primas extraídas de la naturaleza de nuestros maestros artesanos.

Tras ser una colonia sometida a la prohibición de manufactura de objetos terminados por parte de la corona borbónica, en pos de mantener un monopolio comercial, el  universo material de los bienes de lujo se reducía a lo que llegaba en los galeones del Viejo Mundo. Posteriormente, junto con la bandera de igualdad, libertada y fraternidad que nuestros próceres importaron de Francia, todo el menaje, el mobiliario y la moda Neoclásica producidas en el país galo marcaron la parada de la sofisticación y el buen gusto.

De la francofilia republicana pasamos en las primeras décadas del siglo XX a una anglomanía exacerbada, en la que se manifestaba el afán del país por entrar en la modernidad de la era industrial liderada por la Inglaterra victoriana.

Tras calmar la ansiedad de ser una nación progresista, con ferrocarriles surcando nuestras sabanas, barcos de vapor navegando por el Magdalena y ciudades crecientes con poderosas fabricas, el mundo de la segunda postguerra nos atrapó con las seductoras propuestas del made in Italy y la haute couture parisina. Fuertes ascendentes que nos acompañaron hasta los psicodélicos años sesenta donde el diseño nórdico y la influencia norteamericana nos pusieron a bailar twist y beber martinis al son de Frank Sinatra y Harry Bellafonte.     

Tristemente, el paréntesis de los años del narcotráfico no se puede ignorar y sus marcadas consecuencias en la manera en que nos relacionamos con el lujo, lo socialmente aceptable y lo considerado como vulgarmente ostentoso.

¿Se hace notorio cómo cualquier alusión a las raíces de nuestras manifestaciones artísticas y ornamentales anteriores al desembarco de Colón es prácticamente inexistente?

El movimiento de moda con sentido y cultura de moda colombiana que con tanto esfuerzo y ahínco están entrelazando los diferentes diseñadores colombianos y que se está tejiendo desde el proyecto de Maestros Costureros 2016, se alza como todo un manifiesto de recuperación, trazabilidad y revitalización del invaluable patrimonio cultural de nuestros pueblos indígenas vivos que lo han heredado y protegido orgullosos de sus nobles ancestros, los habitantes originales de estas tierras.

Más allá de admirar la sobriedad de las vajillas de barro negro, las coloridas mantas Wayuu o el preciosísimo de las reproducciones de joyería precolombina, la fortaleza de este despertar que acompaña a todas las esferas de la moda, la artesanía y el diseño colombiano, debe convertirse en un movimiento profundo de responsabilidad e iluminación que paso a paso erradique el analfabetismo hacia lo indígena y nos convierta en portadores orgullosos de los múltiples legados culturales que nos privilegian como colombianos.

Frente a nosotros, si somos dignos observadores e investigadores respetuosos, se abren los miles de relatos que cuentan las curvas laberínticas de la filigrana, la composición puntillista de las chaquiras de los Envera Chamí, las figuras de protección que habitan las molas Kuna y los mitos y leyendas de las majestuosas tejedurías Arhuacas e Ingas, entre otros.  

Frente a nosotros, inefable, se abre El Dorado.

Escrito por: Nicolás Silva Silva.

@Mr.Sinvergüenza.

Fotos cortesía Chanel. Desfile de la colección Crucero 2016/2017 de Chanel, presentado en Cuba. 

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