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Y sí, el peor enemigo de una mujer es otra mujer

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Y sí, el peor enemigo de una mujer es otra mujer Foto: Ingimage

En pleno siglo XXI, cuando la igualdad de género todavía es una quimera, existen mujeres que, en vez de practicar la solidaridad con sus homólogas se desgastan en despedazarlas y criticarlas.

**Por Julia Alegre

Dicen que el peor enemigo de una mujer es otra mujer. No soy partidaria de absolutizar las cuestiones; creo firmemente en la relativización como una actividad mental necesaria que, para qué mentir, no suelo poner en práctica en la mayoría de los casos que atañen a mi vida personal. Menos en este caso. Porque seamos francas: el peor enemigo de una mujer, a parte de ella misma es, efectivamente, otra.

Vivimos en una sociedad que todavía sienta sus bases en un patriarcado feroz e infame. Los estereotipos que denigran al género femenino siguen siendo el común denominador de nuestro ideario social. Lo mismo ocurre con el machismo, esa doctrina de la desigualdad que rige el día a día de muchas mujeres en la actualidad y que anega todos los ámbitos de su vida, coartando su libertad y menoscabando su dignidad. Por no hablar de la discriminación y la violencia sexual de la que son víctimas millones de mujeres en el mundo.

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Por si no fuera suficiente la presión a la que estamos sometidas como género y como seres humanos por parte de la sociedad (hombres y mujeres por igual, porque el sexismo lo practican ambos géneros), ya nos ocupamos nosotras de asfixiarnos mutuamente más si cabe. Entre nosotras, lo que menos demostramos es solidaridad.

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Hemos normalizado la competitividad feroz, y si podemos pisarnos las unas a las otras, no nos contentaremos con eso: nos patearemos con saña hasta que una de las dos desfallezca. Nos embriaga saber lo mal que le va a otra mujer; eso nos hace más exitosas. Lo gorda que está la vecina de enfrente después del embarazo, porque eso nos hace más delgadas. Lo fea que es la mejor amiga de tu pareja, porque eso nos da sensación de autoestima; nos hace indestructibles. Lo ignorante que es la compañera de trabajo, porque eso nos hace más listas. Sin hablar de las duras palabras que dedicamos a nuestras homólogas cuando tienen la desfachatez de  disfrutar de su sexualidad abiertamente o son más propensas a experimentar con su cuerpo en el plano sexual.

Emitir juicios de valor contra nuestras iguales se ha convertido en un entretenimiento para muchas mujeres que encuentran en esta cruel actividad la forma de mitigar su falta de autoestima y de apaciguar la mediocridad que define sus vidas. Jueces implacables que someten a las demás a implacables críticas, pero que carecen de la humildad suficiente para someterse al mismo tribunal y permitir que se las juzgue bajo los mismos parámetros.

A lo largo de mi vida he tenido la oportunidad de encontrarme con infinidad de grandes damas. Mujeres valientes, luchadoras y libres; libres de prejuicios, de estereotipos, de imposiciones y de envidias enfermizas. Una de ellas mi madre, a la que tengo la obligación moral de nombrar porque gracias a ella, a su ejemplo y entereza, hoy me enorgullezco de ser la mujer que soy.  En la otra cara de la moneda, las cientos de inseguras malévolas con las que me he topado, que no pierden ni un segundo en despedazar y menoscabar a cualquier fémina que se ponga en su camino.

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A ellas van dirigidas mis palabras, con la intención de que desistan en su empeño y eviten emplear sus energías en esta lucha encarnizada y sin sentido contra sus homólogas. Más nos valdría a todas que destinaran esas embestidas a combatir las injusticias que se ciernen contra el género femenino en su conjunto, y no a destruirnos las unas a las otras. Y si no, les sugiero que contraten a un psicólogo que les ayude a controlar la frustración y la falta de amor propio. Seguro que viven más felices. Y nosotras también.


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Acerca del blog:


El síndrome de la mujer pensante
Ni somos el sexo débil, ni se nos ha forjado para dejar el cerebro en casa, privado de toda actividad. Vivimos en una época de transformación, de inmediatez, de información y de libertad. Es el momento de hacer alarde de todas las posibilidades que se nos brindan; de apostar por una sociedad que no invalide la crítica constructiva proveniente de una mujer por tratar temas susceptibles y duros que, indudablemente, la repercuten. Este es el espacio para la ironía, el análisis, la contestación, la liberación... El todo y el nada.



Julia Alegre es una periodista española especializada en Cooperación Internacional y Acción Humanitaria. Actualmente desarrolla su trabajo como redactora en Fucsia.co.
JAlegreB@semana.com + @JuliaAlegre1

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