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Simons confía en revolución de Christian Dior

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Simons confía en revolución de Christian Dior Foto: AP

En el cuarto día de la Semana de la Moda de París Raf Simons develó el más reciente capítulo de su viaje a casi un año al frente de Christian Dior.

Tras su aclamado debut de 2012, la presión había aumentado para el diseñador belga en su segundo desfile de confección en uno de los puestos más influyentes de la moda.

En el Hôtel des Invalides de París, los editores de moda trataban de abrirse paso entre la multitud para poder ver algo de la propuesta de la casa y descubrieron que Simons cumplió con las expectativas.

Con confianza, Simons hizo evolucionar las porciones angulares de las temporadas anteriores para lograr siluetas más suaves y asequibles. La nueva chaqueta Bar, un poco más holgada y con lana denim (una mezcla de mezclilla y lana) que está tan de moda, daba indicios de un hombre que finalmente se ha asentado en su trabajo.

Esta temporada fue la mejor fusión de su minimalismo con la ultra-feminidad y las curvas de la firma.

El desfile otoño invierno incluyó varios "vestidos de memoria" unos 48 modelos que exploraban la emblemática pata de gallo, las faldillas y los diseños originales de la década de 1940 del propio Christian Dior. Los modelos llegaban a la pasarela condensados de una nueva manera, a veces asimétricamente, para imponerse entre la decoración del salón.

Unas esferas plateadas, que reflejaban a las modelos en formas distorsionadas, establecieron el tono para la muestra, que incluyó un vestido con corsé y falda en corte "A'' de tul con bordado, originalmente una pieza de archivo llamada "Miss Dior 1949", que fue recreado con cuero negro con bordados. El estampado de pata de gallo, empleado por la casa por primera vez en los años 50, reapareció maximizado en franjas verticales en siluetas de columna.

Además de una descarga de rojo escarlata, la gama de colores negro, azul marino, blanco y rosa pálido fue una prueba más de la evolución de Simons.

También hubo mucha imaginación en las siluetas que remitían a la moda de los 50 y los 60. Los estampados y bordados de ojos surreales y lágrimas que parecían hormigas le dieron el toque Salvador Dalí a la pasarela. Quizá los motivos de Andy Warhol, como un estampado brillante de tacones, que parecía muy adolescente y no tan de buen gusto, salían sobrando.

En general el desfile cumplió el propósito del diseñador de Dior de "lanzar su emblemático estilo al siglo XXI".

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