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La ciencia de un matrimonio feliz

La ciencia de un matrimonio feliz La ciencia de un matrimonio feliz

Encontrar el secreto de un matrimonio feliz exige un juicioso entrenamiento, y no siempre se logra.

Siempre he pensado que me encantaría descubrir la fórmula para un matrimonio feliz. No deja uno de asombrarse de cómo ciertas parejas son absolutamente felices aun con el paso de los años, y otras, en cambio, parecen perros y gatos desde el primer día.
¿Se imaginan si el día del matrimonio le entregaran a cada uno un manual de instrucciones como el que viene con el televisor, por ejemplo? Cómo sería de maravilloso que uno pudiera apretar el botón de ajustes y pudiera escoger, como en la televisión, la intensidad de la luz, el idioma y el número de canales en una relación. No habría tantos dolores y, sobre todo, le evitaría problemas a los hijos. Pero como nada es sencillo en la vida, ni siquiera lo del televisor, a pesar del manual, hay que seguir aprendiendo a base de ensayo y error.

Pero no soy la única interesada en el tema desde el punto racional. Ahora, esto de las relaciones matrimoniales es un asunto de estudio en las universidades. Y las conclusiones del Instituto Carolingio de Suecia y de la Universidad de McGill de Canadá me parecieron muy interesantes. Según éstas, la infidelidad es un tema genético. Hay personas naturalmente resistentes a la tentación, que tienen mecanismos emocionales para, simplemente, no caer en la infidelidad, y proteger su relación de antemano. Para ellos el compromiso y la estabilidad son fundamentales.

Pero, y ahora viene lo grave del asunto, según esos estudios, si un hombre tiene una variación en sus genes respecto a una hormona, el vasopresin, que regula la química del apego, no le interesa el matrimonio y si está casado será infiel cuantas veces pueda. Va a hacer infeliz a cualquier mujer y sus relaciones siempre serán desastrosas. Esto no quiere decir que las mujeres no sean infieles. La diferencia está en que, según los investigadores, las mujeres y los hombres reaccionan distinto. Algunos experimentos para comprobar esta teoría dieron como resultado que los hombres engañan sin remordimiento y las mujeres tienen una especie de código interno que las previene de antemano. Si entendí bien, las mujeres engañamos a conciencia y los hombres ni se dan cuenta de que lo están haciendo.

Pero, tal vez, el dato más revelador es que el amor y el sentimiento de lealtad no es lo que mantiene unida a una pareja. Dice la ciencia que el nivel de compromiso depende de en qué medida un compañero le incrementa a su pareja la calidad y de la capacidad para ampliar sus horizontes. Este concepto es llamado por los sicólogos ‘expansión personal’. En español, es encontrar a una persona que le permita a uno crecer y que le haga la vida fácil y feliz.

Suena sencillo, pero la realidad es bien distinta. Lo normal es ver cómo las parejas suelen enloquecerse la una a la otra, pues quieren que todo se haga a su manera y no entienden que para que una pareja encuentre la felicidad, ambos tiene que realizarse como personas. Ser pareja es como jugar en equipo, hay que divertirse y ayudarse mutuamente.

Lila Ochoa
lochoa@revistafucsia.com

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