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¿Y tú a qué ‘target’ aplicas?

Fernando Quijano

¿Y tú a qué ‘target’ aplicas? Foto: Thinkstock

Aunque no lo crean, cada mujer tiene un target, un mercado propio, un espacio de éxito en el que se siente bien y le es más fácil ligar o levantar.

El mercadeo es en nuestros días lo que fueron la filosofía y la matemática en cierta época del Renacimiento, o como fue la economía bien entrada la década de los 90.

Todo el mundo habla de las cuatro ‘Pes’: Producto, Promoción, Plaza y Precio. No es sino hablar con un grupo de ejecutivos neos en cualquier café, restaurante o bar de Cali, Medellín, Cartagena o Bogotá, para darse cuenta de que su mundo gira en torno al tema.

“Esa vieja no es de mi target”. “Esa gordita, en su target, aguanta”. “Aquella ya entró en el mercado de los separados o con hijos”. “A esa no es para llevarla a ese sitio”. “Está buena, pero le falta un no sé qué”. “Tiene pinta de cuchibarbie y no se entera”.

En pocas palabras, estamos volviendo trizas el viejo dicho popular que dice, “cada tiesto tiene su arepa”. Cada mujer, silenciosamente, y sin darse cuenta, camina despacio hacia una clientela determinada. Y aunque no lo crean, cada una tiene un target, un mercado propio, un espacio de éxito en el que se siente bien y le es más fácil ligar o levantar.

Recuerdo que una gran amiga me preguntaba, “¿por qué será que a mi sólo me buscan los separados o los que tienen hijos?”. Otro amigo me contó que a su novia le atormentaba que ya no la miraban los de su generación, sino los más mayorcitos. Parecen palabras ociosas o sin sentido, pero tienen una carga de verdad social muy profunda y no entenderlas a tiempo le pueden generar a una mujer choques estrepitosos.

A estas alturas de la columna, me siento como Walter Rizo y al releer los párrafos de entrada me da un miedo terrible de que la gente piense que el tema va de superación. Mucho menos es de alta gerencia por aquello del mercadeo y las cuatro ‘Pes’.

La idea del escrito es hacerles mirar que pueden estar andando caminos muy opuestos a los que quieren recorrer. Por ejemplo: hay mujeres que aplican a un target cronológicamente opuesto al suyo. Sí, está bien, lo justifican diciendo que Demi Moore tiene un novio de 28, o que el difunto Pavarotti, que en paz descanse, tenía una esposa de 30. Pero eso es en Dinamarca no en Cundinamarca, aquí las cosas operan distinto.

Las cronológicamente opuestas pecan siempre por defecto. Les echan los perros a los jóvenes sin importarles el ridículo ni medir el paso de los años, pues cada quien es libre de actuar. O las que están al otro extremo, muy jóvenes, les flirtean a los veteranos sin medir las consecuencias, por lo general les endosan su juventud o años más dinámicos a escuchar conversaciones del gobierno de Turbay, Belisario o Gaviria.

El grupo más terrible es el de las aspiracionales. Esas que ven en todo hombre una posibilidad de mostrarse socialmente. Recuerdo que había una en El Tiempo a la que le decían ‘la monja’ porque sólo le gustaban los Santos. Por lo general, se aprenden el nombre de los jefes, los tutean, y hacen todo lo posible por frecuentar los mismos lugares. Esas ven pispo al Ministro de Hacienda, dinámico al Ministro del Interior y hasta les parece guapo el Presidente. Es bastante aburrido hablar con ellas, conocen a todo mundo, han sido ex novias de tipos de la tele, etc.

Las radicales tiene su cuento: cero cuchibarbies, nada qué ver con las cronológicamente opuestas y muy alejadas de las aspiracionales. Son plenamente libres, deportistas, mochileras, desarregladas los fines de semana, lo más malo (para nosotros) es que tienen un radar especial para detectar a los hombres que van con su estilo y los demás simplemente no tienen posibilidades.

Paremos aquí, en sólo tres grupos (sin las cuchibarbies). Por ahora, si no lo sabía, mire en qué grupo anda, el tema de producto pesa, la promoción vale mucho, la plaza es crucial y el precio aún no lo sé, pero todo esto opera en ciertas mentes masculinas, por lo general, en la de los más exitosos.

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