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Comerse la placenta ¿Cuáles son sus beneficios?

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Comerse la placenta ¿Cuáles son sus beneficios? Pantherstock

Kim Kardashian anunció que se comió la placenta de su hijo Saint para disminuir los riesgos de depresión posparto. ¿Qué tan ciertos serán los beneficios de esta práctica?


Kim Kardashian es conocida por causar revuelo y esta vez la causa fue su anuncio de que se comió la placenta de su segundo hijo Saint, según lo publicó en su cuenta de Twitter.

En su app, Kardashian escribió que la placenta tiene muchos beneficios para la salud, y es buena para combatir la depresión posparto.





Ella ya lo había hecho con su primera hija North, y por recomendación de su hermana Kourtney.



"Deliciosas cápsulas de placenta. Me pondré muy triste cuando se me acaben, realmente te cambian la vida", escribió.

Pero las Kardashian no son las únicas en unirse a esta práctica. La placentofagia es una tradición tan honorada en Hollywood como la cienciología y querer ser Meryl Streep.

Mira también: 'Usos extraños de la placenta después del parto'.

Otros actores como January Jones y la modelo Holly Madison han expresado los supuestos beneficios de consumir la placenta después del parto.

Cuando tuvo a su hijo en 2011, Jones le dijo a la revista People: “La placenta se deshidrata y la vuelven vitaminas. Tenía muchas dudas, pero somos los únicos mamíferos que no lo hacen. No es brujería. ¡Se lo recomiendo a todas las mamás!”.

Pero no sólo las madres defienden las propiedades de la placenta.

En 2008, el actor Matthew McConaughey guardó la placenta tras el nacimiento de su hijo y le dijo a CNN: “Va a estar con las orquídeas y producirá frutas maravillosas. Cuando estuve en Australia tenían un árbol de placenta (…) y allí enterraban todas las placentas de la tribu. Ese árbol era el más saludable, grande y alto de todos”.

¿Por qué lo hacen?

La mayoría de los mamíferos se comen la placenta inmediatamente después del parto. Algunos estudios sugieren que es para eliminar la sangre que pueda atraer a los depredadores.

Hay reportes de culturas antiguas sobre los beneficios de este órgano hormonal que alimenta al feto y lo conecta con su madre. Asimismo, en oriente se vende como medicina tradicional. Según la publicación EverydayHealth, estas culturas emplean la placenta para tratar la infertilidad, la impotencia y mejorar la lactancia.

Aunque quienes la favorecen dicen que es natural, los humanos no practicábamos la placentofagia antes de que la sociedad la calificara de “repulsiva”.

En una revisión histórica, William Ober afirma que a la placenta se le han otorgado ciertas propiedades curativas, pero es probable que las circunstancias en las que se llevaba a cabo esta actividad fueran, en su mayoría, extremas como las hambrunas. El autor concluyó que “con la suficiente motivación, la humanidad se come lo que sea”.

La práctica moderna de madres que se comen sus propias placentas no se estableció sino hasta los setentas cuando, según Ober, una “mujer de la contracultura” lo hizo después de dar a luz en su comunidad. La mujer y sus amigas, quienes también se unieron al acto, lo describieron como “maravilloso, reconstituyente y delicioso”.



Existen sitios en internet dedicados a explicar cómo se prepara la placenta.


En 1954, un estudio checo que buscaba aumentar la lactancia materna dándoles placenta seca congelada a las nuevas madres reportó que “de las 210 mujeres que se comieron la placenta 71 tuvieron muy buenos resultados, 110 presentaron resultados buenos y 29 experimentaron resultados negativos”. Pero el estudio estaba limitado ya que no se comparó con un grupo control y, 59 años más tarde, la ciencia aún está por actualizar estos hallazgos.

Una encuesta en línea publicada en febrero de este año reportó que, “de las mujeres mayores de edad que practicaron la placentofagia, (…) la gran mayoría eran estadounidenses blancas, de clase media, con educación superior y que habían tenido el parto en casa. La mayor parte reportó efectos positivos (…) y dijeron que lo harían de nuevo en su próximo parto”.

Entre los beneficios que las participantes le adjudicaron a comerse su placenta, el más frecuente fue un mejor estado de ánimo y bienestar general. Aunque algunas experimentaron dolores de cabeza, “eructos molestos”, brotes en el bebé, calores, calambres, sangrado, estreñimiento y hasta estigma social, el 75 por ciento manifestó haber tenido una “experiencia muy positiva”.

Una de las mujeres comentó haber sentido un “alivio casi inmediato después de mi primer ‘smoothie'. Otra escribió: “¡Mi familia siempre sabía si no me había tomado las pastillas ese día!”.

Controversia

No todos avocan por la placentofagia. La autora Nancy Redd tomó pastillas de placenta después de tener a su hijo y concluyó que fue una idea “terrible”. En un artículo del diario New York Times, Redd cuenta que al día siguiente de ingerir las cápsulas “tuvo una crisis nerviosa, estaba en un estado de miedo, llorando e iracunda. Esto duró dos días terribles hasta que mi esposo insinuó que no era la ‘locura postparto’ sino las hormonas y quién sabe qué más de lo que tenían las cápsulas”.

En un estudio publicado en marzo de este año en la revista “Ecology of Food and Nutrition”, Mark Kristal, investigador y profesor de neurociencias de la Universidad Estatal de Nueva York (EE. UU.), explicó que el hecho de que “las madres de ahora lo hagan independientemente de la dosis, el método o la preparación sugiere más un efecto placebo que médico”.

Por su parte, Maggie Blot, representante del Colegio Real de Obstetras y Ginecólogos (RCOG, por sus siglas en inglés), le dijo a BBCNews: “Sólo porque los animales se comen sus placentas no significa que los humanos deban hacerlo. Los animales lo hacen para adquirir nutrientes, pero no existe un beneficio cuando las personas ya están bien nutridas. No hay una razón”.

El problema se resume a que tales beneficios no han sido estudiados. Y aun así, Kristal dice que, si se hicieran tales estudios, “los resultados serían médicamente relevantes si fueran favorables, pero si son negativos, las especulaciones y recomendaciones continuarán ya que es imposible probar lo que no existe”.

Efecto o afecto

“Sea que aprendamos o no por qué los humanos lo hacen, es importante que investiguemos los beneficios medicinales o comportamentales de la placenta. Esto es por las mismas razones que buscamos los beneficios de las sustancias que se basan en las plantas”, afirmó Kristal.

Sin embargo, el investigador anotó que esta labor “no es necesariamente una invitación a que las mujeres se coman su placenta, sino a que los científicos aíslen e identifiquen las moléculas que tienen los efectos benéficos y creen tratamientos con ellas”.

Uno de estos ejemplos es una sustancia analgésica llamada factor placentario potenciador de los opioides (POEF, por sus siglas en inglés). Varios estudios demostraron que, aunque los hombres no lo producen, pueden responder a él.

Si bien no hay evidencia de que la placentofagia cause daño, también existe muy poca sobre sus beneficios. Tal vez para Nancy atribuirle su mal humor a la placenta fue tan precipitado como tomar las cápsulas, pero aún no sabemos lo suficiente como para juzgar la experiencia de las mujeres que lo hacen.

Y aunque algunas se arrepientan de hacerlo (los “eructos placentarios” parecieran ser razón suficiente para no hacerlo), ver la placenta como un producto más de la concepción o un bono medicinal de la madre naturaleza, por ahora, está sujeto a las creencias de cada mujer.

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