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El lado oscuro de la maternidad

Juliana Villegas

El lado oscuro de la maternidad 'La vida láctea' por Tatiana Andrade y Maria Camila Sanjinés

Extractos gráficos y escritos del libro 'La vida láctea'.

La escritora Tatiana Andrade y la artista plástica María Camila Sanjinés confiesan en su libro La vida láctea que ser mamá es una experiencia dolorosa, triste, cansada, llena de humor y de libertad, pero también de dureza. Extractos gráficos y escritos de sus reflexiones diarias.

Pérdida de sueño

“Una vez tienes hijos pierdes el sueño profundo, entre otras cosas (...) Son las 9 de la noche y ya estoy en pijama, con el pelo revuelto, ojeras, pierna cruzada, rogando que Tomás no se despierte. Rogando que pase la noche en silencio. Ruego que la noche sea silenciosa, que la calle no sea más calle, que el tráfico se detenga y que ni el sonido de una hoja al caer del árbol pueda si quiera perturbar su sueño. ¿Será esta la noche en que voy a roncar y babear hasta las seis de la mañana? Olvidarme de mí, de mi bebé, de mi esposo, del mundo entero. Olvidar que existo. Qué gran fantasía”.

 

Otra mujer

“Ayer, en una entrevista de trabajo todo iba muy bien hasta que, en un punto crucial, mi entrevistadora dice algo así como, ‘no sé si te interesa este trabajo porque tienes un bebé y claramente cuando uno tiene un hijo deja de ser uno, y se vuelve otra mujer’ (...) no lograba entender nada. ¿Otra mujer? ¿Otra mujer? Sentí espanto. ¿En qué mujer me habré convertido al ser madre? ¿Quién soy yo? ¿A qué horas me convertí en esto? ¿Qué hago para encontrarle sentido a mi vida siendo otra mujer que ni conozco?"

Separación y destete

“Pienso en las separaciones. En el destete. En el acto terrible de entregar a un hijo a los brazos de alguien desconocido, una niñera que no es niñera, sino que a la vez es también una mujer que tiene hijos y que los tiene que dejar al cuidado de otro alguien para venir a cuidar los míos. Una cadena interminable de madres que dejan a sus hijos con otros, cerrando los ojos, apretando el vientre, desprendiendo la vida de su origen”.

El orden del caos

“No les creo a las que dicen que tienen todo controlado, porque yo, la reina de la obsesión por el orden y el control, no lo he logrado. No les creo a las que dicen que todo es un descontrol, inseguridad y que nunca saben qué hacer, porque en medio de su caos se entienden y funcionan. Creo en la conciencia diaria de hacer, de actuar, de no paralizarse. La vida fluye y el tiempo inevitablemente pasa. Los errores que cometo como madre hoy, mañana los tendré que olvidar y seguir adelante”.

El sexo después del parto

“El sexo después del parto es como tirarse a una montaña de nieve desnuda: asusta, es espeluznante, una sensación que obliga a no pensar, a persistir, y a no mirar nunca atrás. Una vez metidos en la montaña de nieve hay que buscar la diversión y el éxtasis a como dé lugar, de lo contrario, es probable morir congelada y sepultada en el intento”.

Cambio extremo

“La llegada de un hijo dinamita a la madre por dentro. Explota sus células, sus órganos, su piel, su mente. Aunque siempre he escuchado decir que las mujeres nacemos preparadas para ser madres, es una mentira. Nacemos con un sistema reproductor, que es diferente a estar preparadas. Nacemos en potencia de ser o no, algún día, madres. Pero enfrentarse a renunciar a la mujer y darle la bienvenida a la madre es un tránsito donde la muerte está tan cerca que incluso se puede sentir. Yo he sentido la muerte, de mente y de espíritu”.

Aceptación

“Quizás no se trata de estar preparada, sino de tener la capacidad de aceptar: un nuevo ser, una nueva vida, un cambio de perspectiva. Ya no puedo mirarme todo el tiempo y tenerme para mí. Y está bien. Soltarme a mí misma para entregarme a una vida que necesita de mí para crecer, para formarse, para sobrevivir. La depresión postparto existe, y se manifiesta de muchas maneras. Yo sentí aburrimiento. Sentí que había entrado a un cuarto de cuatro paredes blancas, una silla y un bebé. Mi mundo se hizo pequeño. Mi cuerpo grande. No cabía en ninguna parte. Todo me pesaba. Me sentía extraña, marginal, o auto marginada, dentro de mi propia casa (...) Poco a poco fui entendiendo que es un momento. Que el posparto pasa. Que el amor propio vuelve, que la vida retoma su curso, que mi pareja aún existe y es el padre de mi hijo. Cambiar, transformar, casi a diario, adaptarse, aceptar. Eso, para mí, es lo más duro de ser madre”. 

 

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