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La importancia de la educación sexual en la infancia

Luisa Torres

La  importancia de la educación sexual en la infancia Foto: Thinkstock

Muchos padres y maestros creen que la educación de los hijos o alumnos en materia sexual no debe comenzar sino hasta la pubertad, porque piensan que los niños y niñas son seres asexuados.

Cuando los pequeños les hacen preguntas sobre cosas que tienen que ver  con la sexualidad, no responden, evaden el tema e incluso a veces mienten. Como resultado, los niños perciben esa actitud, asumiendo poco a poco que no deben preguntar; los adultos por su parte sienten alivio y quedan satisfechos por haber conseguido su objetivo. Pero lo que ocurre con éste comportamiento, es que la  desinformación disminuye las oportunidades de establecer la confianza en este tema, que es tan necesaria en la formación sexual. Asimismo, la falta de orientación sexual adecuada por parte de sus educadores,  muchas veces hace que los niños imaginen cosas que no son, o que reciban información equivocada.

Aunque muchos padres y educadores decidan no tocar el tema de la educación sexual con los pequeños, tarde o temprano ellos se verán enfrentados a muchos cuestionamientos y a muchas curiosidades que de alguna manera tienen que ser resueltas. Es por eso que la manera como los padres y las personas que rodean a los menores manejan el tema de la educación sexual, es determinante en la actitud que tendrán los pequeños frente a su propia sexualidad en el futuro. Lo que se aprende desde temprano acerca de la sexualidad, es difícil modificarlo más adelante; de hecho la parte informativa del aprendizaje se suele olvidar, mientras que la parte actitudinal no.  La mayoría de las personas que hicieron preguntas a sus padres cuando eran pequeños como: “¿qué es el sexo?” se les ha olvidado la respuesta, pero no la cara de susto de sus padres.

La sexualidad nos acompaña desde que nacemos hasta que nos morimos. No sobra mencionar que la sexualidad cambia en los diferentes períodos de nuestra vida. Las diferencias se deben a que cuando somos pequeños, los órganos genitales están menos desarrollados, tienen una menor cantidad de hormonas sexuales circulando por la sangre, el placer físico es más difuso, la atracción sexual de estímulos eróticos no es tan clara y la orientación del deseo no está determinada; incluso la actividad sexual es muy distinta a la de los adultos. Al concientizarnos de que  la sexualidad está presente desde el nacimiento, entendemos la importancia  de la educación sexual en la infancia, pues la sexualidad infantil será la base de la sexualidad adulta.

Por otro lado, es fundamental mencionar el tema del afecto, que comienza a construirse desde los primeros meses de vida. El afecto para los bebes es de suma importancia, sobretodo el que proviene de sus cuidadores. El vínculo afectivo que se crea con dichas personas es el apego. Es crucial porque a través de él, los bebes van adquiriendo seguridad, confianza, independencia, estabilidad y autoestima. La vivencia del apego va a determinar las futuras relaciones de pareja: si la experiencia ha sido negativa, es probable que las relaciones sean más cortas y menos satisfactorias.

Pero la educación sexual no se limita a las respuestas, lecciones y consejos que los padres y educadores puedan transmitir. La información no verbal y las actitudes manifestadas por ellos, también son claves. Desde la gestación ya existen diferentes expectativas dependiendo del género; se les viste con diferentes colores, se les ofrecen juguetes diferenciados, incluso el afecto se expresa de distinta manera, estableciendo los roles del género.

Gran parte de la información no verbal que fomentan estas diferencias,  la reciben los menores a través de los modelos simbólicos contenidos en las películas infantiles, en las series, en los anuncios publicitarios, en los juguetes, en los cuentos y en el lenguaje, entre otros.  Aunque muchos creen que eso tiene poco que ver con la sexualidad, están equivocados. Todos estos modelos hacen creer que hay muchas más diferencias entre el género masculino y el femenino de las que hay en realidad.  Los adultos deben estar al tanto de que toda esta información subliminal existe y que los niños inevitablemente la reciben, para poderla contrarrestar con mensajes  más estructurados.  Además es importante filtrar y seleccionar ciertos materiales como cuentos, películas, programas, anuncios publicitarios, etc., antes de que lleguen a manos de los menores.

En conclusión, es de suma importancia que los pequeños reciban educación sexual consciente y coherente a través de la comunicación verbal y no verbal. La información adecuada, en el momento indicado, bien transmitida libre de tensiones y de misterios, es el éxito de la claridad sexual en los menores. Responder las preguntas que ellos hacen sin importar su magnitud es un derecho que ellos tienen y un deber de los padres y educadores responderlas con honestidad y sin temor.
Estas son algunas  recomendaciones que pueden servir de ayuda en la difícil labor de la educación sexual:

•    Los padres y educadores con su ejemplo, deben ser un modelo a seguir.

•    Cualquier momento es bueno para educar; hay que saber  utilizar las preguntas de los pequeños para dirigirlos por el mejor camino. Si no se sabe la respuesta o cómo abordarla en el momento, con toda la naturalidad se le pregunta al niño lo que entiende por eso  o  se pospone la respuesta hasta que nos hayamos informado. Sin embargo, no es necesario dar más información de la que se pide. Las respuestas deben ser consecuentes con la edad y la madurez del niño.

•    El lenguaje debe estar también acorde con la edad. Es conveniente que se vaya familiarizando con la terminología adecuada.
En el transcurso de la vida cada persona debería experimentar su sexualidad de una forma positiva y disfrutar de ella sin condicionamientos culturales ni sociales. De ello depende lo que recibimos de pequeños y lo que transmitimos de adultos.

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