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Los cuidados del bebé Aunque se piensa que basta simplemente con poner al bebé en una tina y bañarlo con cualquier tipo de jabón, este es un error craso (Foto: Thinkstock )

Son básicos y, como tales, deben ceñirse a una rutina que siga los sabios consejos del pediatra y el buen sentido común. Lo mejor para el niño es la sana costumbre de la limpieza, de ésta depende mucho su bienestar.

Partiendo de la premisa de que todas las mamás se esmeran en mantener a sus bebés limpios, sería poco lo que hay que agregar a una tarea que se aprende tradicionalmente a través de la práctica, y que se ha transmitido de abuelas a madres e hijas con bastante fidelidad.

Pero todas las previsiones son pocas para lograr que el bebé esté siempre impecable. Al menos, una madre dedicada —¿y cuál no lo es?— no escatima tiempo ni cuidados en esta labor que se repite tantas veces al día como sean necesarias.

El baño de un recién nacido empieza con una buena esponja y agua tibia. Cada parte del cuerpo debe recibir atención individual, mientras que el resto de éste se debe mantener abrigado con una toalla. La mayor atención se concentra en las nalgas y los genitales, y en el ombligo, que se debe limpiar con alcohol y con un copito de algodón. El alcohol limpia el área y hace que el pedazo de cordón umbilical que queda suelto en el momento del nacimiento se seque y eventualmente se caiga.

El baño y otras prácticas
Aunque se piensa que basta simplemente con poner al bebé en una tina y bañarlo con cualquier tipo de jabón, este es un error craso. La piel del niño es tan sensible que casi todos los jabones alcalinos le causan resequedad. Por algo existen una buena cantidad de jabones especialmente formulados para bebés, cuyos ingredientes son inofensivos.

La mejor manera de bañar un bebé, por más simple que parezca, es restregar suavemente su cuerpo con una esponja empapada en agua tibia. Claro que el agua jabonosa crea un ambiente de limpieza delicioso, la cosa es escoger bien el tipo de jabón que satisfaga las necesidades maternas de limpieza.

Como lo saben muy bien las mamás, hay pocas cosas tan bonitas y dignas de atención como las nalgas de un bebé. Desafortunadamente, es la zona que más tiende a irritarse debido a la orina y a las deposiciones. Aunque quieras aplicarle en esa parte la mejor crema o ungüento para crear una barrera entre el bebé y sus desechos, lo mejor es que consultes con el pediatra cuál es la mejor fórmula a ese respecto.

Un punto de controversia en cuanto a la piel del bebé es el uso de talcos. Aunque la sabiduría popular dice que cualquier clase de éstos es tan fina que puede perjudicar sus pequeñísimos pulmones, de hecho, la mayoría de los talcos son fabricados con maicena, por eso no se inhalan fácilmente. La solución salomónica es poner, si se quiere, un poquito de talco en las nalgas y en la barriga, y no en el pañal.

El ABC de la limpieza
Ante todo, piensa que éste también es un aprendizaje y que a medida que pasan los meses será más fácil dedicarte al cuidado del niño.
Regla de oro: ni demasiados jabones, ni demasiados productos; el agua tibia y una esponja son suficientes.
Para el baño, provéete de una tina que quede situada a la altura de tu cintura, de esta forma podrás manejar mejor al bebé y tener mayor control sobre él.
Adquiere un jabón suave para el baño diario. Nunca roces el cuerpo del niño con estropajo.
Las cremas que aplicas a tu bebé deben ser las indicadas para su cuidado.
No hay necesidad de bañarlo con champú todos los días, su cabeza permanece limpia la mayoría del tiempo.
Nunca saques a tu bebé de paseo sin ponerle bloqueador solar en las partes expuestas.
El olor de los bebés es de por sí agradable; no lo empapes en loción porque puedes irritar su piel.
Si le pones talcos, hazlo con mesura.

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