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Los hijos del 'mouse'

Los hijos del 'mouse' Los hijos del 'mouse'

Existe una generación de jóvenes que ya cumplieron la mayoría de edad inmersos en un mundo virtual. La era digital es su estilo de vida.

Mucho se ha hablado de los riesgos que hay en Internet y, por lo mismo, de los controles que se deben tener. De igual forma, expertos han advertido a los padres de su papel educador en una era donde claramente los muchachos llevan una gran ventaja y donde los adultos dejaron de ser la figura que más sabe, la que enseña y la que tiene la última palabra, para convertirse en observadores, casi temerosos, de las destrezas de un hijo que se mueve en la era digital con una facilidad sorprendente.

Hace poco, en Estados Unidos, un canal de televisión público mostró a la teleaudiencia un documental cuya novedad fue justamente hablar con algunos jóvenes de la primera generación que creció en la era de Internet, y por tanto no tienen un punto de comparación.

En el programa Growing Up Online se muestra cómo un gran número de muchachos viven situaciones que escapan del control paterno. El documental, además, evidencia que las relaciones sociales y la búsqueda de identidad son completamente distintas a las que vivieron los padres y profesores, que observan desconcertados un mundo que no pueden procesar y en el que dejan a sus hijos a merced de un medio invisible, anónimo, pero que también los educa.

¿Bueno o malo? Tal parece que los muchachos no se cuestionan eso. “Los que han crecido en la era de los PC o Internet no tienen, como tenemos nosotros, un punto de comparación. Para ellos el mundo es así, y así está bien. A ellos poco o nada les interesa saber si existe un ‘mundo real’ en el que, desde nuestro punto de vista, seguramente muchas cosas son más divertidas y requieren de otras destrezas. Lo que comenzó como una herramienta, se convirtió en un estilo de vida. Nadie puede negar la importancia de los computadores y de Internet para ayudarnos con nuestras labores cotidianas. Es casi una obligación usarlos. Pero para los jóvenes no se trata solamente de una herramienta, son su entorno. Allí viven y allí desarrollan su personalidad, con las ventajas y limitaciones que esto puede tener”, opina Jaime Dueñas, experto en tecnología y columnista de la revista Enter.

Inmersos en la pantalla
Esta generación internauta tiene a su disposición la posibilidad de respuestas inmediatas con un solo clic, de copiar textos y pegarlos, de acceder a música, videos y juegos online; de ser populares gracias a My Space y Facebook, donde viven en función de responder los ‘comments’ que escriben seguidores de sus páginas personales, tienen además la posibilidad de ser otros y desplegar identidades secretas.

Así lo reconocen los dos productores del documental, Rachel Dretzin y John Maggio, que se sometieron a un foro de discusión online organizado por el diario Washington Post. “Las formas tradicionales de interacción social son reemplazadas por la
socialización virtual. Muchos jóvenes están tan ocupados con el colegio, las tareas, los deportes y otra serie de actividades extracurriculares, que se ven obligados a gastar su tiempo socializando en línea. Algunos desconocen que hay una diferencia entre la vida social real y la interacción virtual”, afirman.

Pero más allá de si estar permanentemente conectado sea benéfico o no, la gran preocupación que estalla es: los muchachos saben que Internet es la mejor forma de tener un mundo privado en el que los papás no entran, porque ellos lo manejan a su antojo. De algún modo, los adolescentes de hoy saben que su mundo digital es una manera de controlar a los papás, de no dejarlos acceder a su espacio y eso les gusta. ¿Por qué?

Para la sicóloga María Elena López es como si existiera una especie de complot de los niños: “por más que los papás sepan de tecnología, nosotros les llevamos la ventaja, por más que se esfuercen en conocer, nosotros vamos adelante” así lo dicen. Los jóvenes se las arreglan para que los papás no tengan acceso y les permitan ese mundo privado. ¿Por qué será que no quieren que los papás sepan nada? ¿Porque ahí está todo? ¿Porque los adultos no estamos cerca o porque no es tan rico estar con los papás? ¿Qué ha hecho que los niños hagan rancho aparte? ¿Será que no entendemos ese mundo particular? ¿Que no estamos a la vanguardia de la tecnología?”, comenta la experta.

Y es que una de las grandes preocupaciones de esa ‘privacidad’ es que los padres desconocen realmente lo que sus hijos hacen en línea y tienen temor de no poder hacerles seguimiento, ni detectar a tiempo conductas indeseadas u orientarlos frente a las posibilidades y límites de ese universo. Dretzin y Maggio lo explican así: “Tener secretos en la adolescencia siempre ha sido algo típico, en todas las épocas, pero hoy con Internet los muchachos pueden decir y hacer toda clase de cosas, sin producir ruido y sin salir de sus casas. Ellos ya no tienen que dejar su hogar para meterse en problemas, ahora lo pueden hacer en la privacidad de sus cuartos”.

No sólo saber, sino mostrar
El que los muchachos ostenten una ventaja en conocimiento digital, también indica un cambio en las relaciones con los maestros. “Sin duda, cambia el rol de autoridad. Algunos profesores maduros o entraditos en años, por ejemplo, dependen de los alumnos para hacer ciertas cosas digitales. Ahí, hay un cambio de rol”, afirma Jean Carlo Jursich, profesor de Sistemas del Colegio Nueva Granada.

Y es que el conocimiento tecnológico se convirtió para estos muchachos en la mejor forma de ser popular, querido y aceptado. “En mi época, tal vez, el chico popular era el que usaba la mejor ropa, ahora no. El conocimiento de herramientas tecnológicas da estatus”, afirma Jursich.

Internet no sólo despierta la necesidad por enterarse de las últimas tecnologías, sino que permanentemente invita a vincularse a comunidades donde es posible ganar cierta fama y, por ende, algún estatus. El problema no es la herramienta como tal, sino el uso que le están dando muchos adolescentes. Los productores señalan: “En todas las épocas, los jóvenes han coleccionado fotos de ellos mismos haciendo incluso cosas inapropiadas, rebeldes y hasta ilegales. Lo que ocurre hoy, es que ahora ellos tienen herramientas para hacer constantemente de ello un momento noticioso, porque ellos han crecido en una cultura voyerista, es la era de los realities”.

Y en aras de perseguir la popularidad internauta, surge otra preocupación de los papás: el cambio de identidad de sus hijos. No en vano, se ve a grupos de muchachos que en la vida real son normales y tranquilos, pero que en el mundo virtual se convierten en pandilleros que libran guerras verbales con otros grupos.

“La niña se vuelve mayor de edad en la Red. Todos los niños siempre han querido ser más grandes, lo que ocurre es que Internet hace realidad ese deseo. Si es fea la vuelve bonita, si es bruta la vuelve inteligente, si es impopular la vuelve popular. Eso es lo difícil de manejar. ¿Cómo logra un joven pasar de ser popular en Internet con 500 amigos, a llegar al colegio donde nadie lo mira? Esa sigue siendo la realidad, que antes tocaba asumirla y hasta resistirla. Los muchachos hacen en línea cosas extravagantes y transgresivas, pueden ser los más vulgares siendo los más queridos, o los más violentos siendo los más pacíficos. Todo eso lo logran ahí”, señala la sicóloga López.

Un reto para los maestros
Para Julián Rodríguez, maestro de Sistemas en el Colegio Anglo Colombiano se avecina un gran reto para los profesores: “hay un desfase entre una enseñanza alejada de la tecnología y todos los estímulos a los que se exponen los muchachos. Se apunta a una educación interactiva para ganar su atención. Es un proceso lento, pero en un futuro cada alumno tendrá su portátil y el tablero será una gran pantalla digital. Todos participarán conectados vía mensajes emergentes, podrán llevarse una copia de la clase en Cd para repasar”, afirma. 

Los educadores deben saber que tratan con muchachos multitareas, que pueden hacer un trabajo académico y al tiempo chatear con ocho amigos, bajar música, etc.

Se requieren profesores ávidos de renovar sus currículo y lo suficientemente agudos para asignar trabajos que sean difíciles de copiar en la Red, en los que se les exija a los estudiantes análisis y capacidad investigativa. “Si ellos no ven algo novedoso en la clase, ésta se cae. Lo que antes se les enseñaba a los de décimo grado, ahora lo hago en séptimo. Hay un nivel de exigencia alto. Enseñar de manera tradicional puede lograr cosas, pero no hay que olvidar que para los muchachos es muy importante la parte audiovisual, eso tiene un efecto grande en su atención”, señala el maestro en Sistemas Jean Carlo Jursich, del Colegio Nueva Granada.

Palabra de internauta

Sebastián, 16 años
“Uno sí hace hartas cosas al tiempo en el computador. Después del colegio, lo primero que hago en la casa es conectarme. Mientras hago tareas, chateo con ocho amigos más o menos, bajo música y juegos para el celular, imágenes, sonidos, etc. Lo más importante en un My Space son los ‘comments’, el número de amigos no es tan importante, porque es más chévere que a uno le escriban viejas buenas o le dejen mensajes de ‘bacana su página’, y esas cosas. El Messenger es donde uno encuentra el mayor índice de declaraciones. Una niña puede decirte por Messenger ‘te quiero’, ‘te amo, ‘eres lindo’, y en el colegio ni te voltea a mirar. Yo he conocido niñas por Internet, pero uno les da el número celular después de muchísimo tiempo de chatear. Y nos ponemos cita, claro. No voy solo, voy con dos amigos de pronto. Pero primero uno mira de lejitos, a ver qué tal está, porque si no es como en Internet, uno no se presenta. Después por Messenger se inventa cualquier disculpa”.

Paula, 14 años
“A mí me gusta conectarme, pero tampoco soy fanática. Yo sé que uno no debe poner sus datos ni nada de eso, ¡tampoco! Tengo fotos mías en mi My Space y en Facebook, pero no videos, hasta allá no. Unas amigas si se sacan videos de recochas o de que se emborrachó Fulana, etc. Todas las tareas, de verdad están en Internet. Sólo una vez me pasó que la profesora nos dejó una tarea difícil. Pero todo se encuentra, es fácil. Internet es una farsa, son sólo letras escritas. Es fácil decir cosas, además si uno se pone colorado, pues nadie te ve”.

En este link, usted podrá apreciar capítulos del documental Growing Up Online, que salió al aire en enero de este año. www.pbs.org/wgbh/pages/frontline/kidsonline/view/main.html

¿Qué hacer?
Rachel Dretzin y John Maggio, los productores del documental, coinciden en decir que Internet no transforma muchachos sanos y correctos en jóvenes problema. Un muchacho emocionalmente en peligro está más expuesto a las amenazas de la Red: desde cyberbullies o personas que insultan a diestra y siniestra hasta acosadores sexuales. De ahí el gran papel que deben cumplir los padres en el mundo real. “Los papás deben ser agudos observadores de la manera cómo sus hijos encaran el mundo real y sus problemas, y al tiempo saber si todo eso que viven está bajo control, porque seguramente así también van a encarar lo que les pasa en Internet”.

Sin duda, habría que mirar los valores de los adolescentes, el grado de satisfacción frente a su ambiente, etc. Urge privilegiar los espacios de la familia. El compartir con los papás todavía es algo importantísimo en la vida de los adolescentes.

Se requieren padres informados acerca de las herramientas tecnológicas. No se trata de volverse policías al punto de pedirles las claves de sus correos o páginas, pero sí de intentar hablar el mismo lenguaje de los hijos. Más mente abierta, menos miedo.

Para cerrar, este consejo de la sicóloga María Elena López: “Los padres no debemos claudicar en nuestro papel de educadores, hay que decirles que hay límites, amenazas, que la vida pública genera un riesgo. Los jóvenes no pueden ser autorreguladores. Hay que hacer mucho trabajo educativo, sin satanizar, diciendo que eso es malo y prohibirlo. Los muchachos siempre se las arreglan para hacer uso de su mundo privado, que está en Internet”.




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