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Niños problema

Niños problema Es importante diferenciar un trastorno de una reacción a una circunstancia adaptativa como un divorcio. (Foto: Thinkstock)

Los problemas infantiles de comportamiento tienen solución. Aprende a identificarlos. Normas y rutinas claras son la base de un crecimiento tranquilo para padres e hijos.

Pataletas, berrinches, groserías. En su desarrollo los niños presentan episodios que, aunque parecieran salirse de una conducta normal y sacan de quicio a cualquier adulto, hacen parte del descubrimiento de su personalidad; y lo raro sería que no se presentaran. Son notorios en la edad preescolar 2 a 4 años y en la adolescencia. Sin embargo, cuando estos comportamientos se vuelven repetitivos existe la posibilidad de que se trate de un trastorno de conducta, el cual se puede catalogar de dos formas.

En primer lugar, está la conducta oposicional desafiante que corresponde a un niño que siempre dice que no a todo, es caprichoso, le gusta siempre hacer su voluntad; y la otra modalidad, es el trastorno disocial o de conducta. Este se evalúa a partir de 13 características, pero en la mayoría de los casos es tan claro, que conque se cumplan tres se hace el diagnóstico. Son niños agresivos, mentirosos, irresponsables, roban, destruyen y queman cosas intencionalmente, evaden las clases y a medida que se acercan a la adolescencia pueden iniciar un consumo temprano de alcohol o drogas. A los 18 años deja de denominarse trastorno disocial o de conducta y se habla de un trastorno antisocial de la personalidad o sociópata, de ahí la importancia de iniciar temprano una terapia.

Mi pobre angelito

El origen de los trastornos de conducta puede ser diverso, y es importante identificarlo para saber cómo enfocar la terapia. Por un lado, hay un componente familiar: niños que no tienen el concepto de jerarquía, son los reyes de su casa, no tienen claras las normas, están por encima de todo y, por eso, se acostumbran a hacer lo que les da la gana. Este tipo de situaciones son normales en la edad preescolar entre los 2 y los 5 años, pues es hace parte de la configuración de su personalidad. Por otra parte, están los niños producto de embarazos no deseados, que tuvieron algún problema durante la gestación o, al contrario, niños muy esperados que suelen ser sobreprotegidos por los padres, asumen la conducta como una manera de rebeldía.

Para poder hablar de un trastorno, éste debe presentarse durante al menos seis meses, pues, en algunos casos, los niños varían su comportamiento por factores externos, como un divorcio, un cambio brusco en su vida, el inicio del colegio, la llegada de un hermanito; pero son circunstancias adaptativas que se normalizan al cabo de tres o seis meses.

No se queda quieto
La hiperactividad está relacionada con el tema de la atención. Un niño es inquieto porque nada logra captar tu atención. Por eso, sube, baja, trepa, se revuelca. También es impulsivo, no se detiene a pensar, sino que va haciendo las cosas. Hay que evaluar los niveles de atención para el niño. Un niño de 7 años debe tener 10 minutos de atención. Por eso, resulta irónico que en los colegios les impongan en la primaria clases que sean de 50 minutos. Un niño puede ser inquieto, pero fijar su atención, entonces se habla de sobreactividad.

La hiperactividad tiene dos componentes: bioquímico que tiene que ver con los niveles de adrenalina; y el segundo, la motivación, o interés que sienta el niño por cierto tema. A veces las exigencias a los niños son exageradas para la edad. Por eso, los adultos no presentan esos problemas, porque eligen si quieren o no ponerle atención a algo.

¿Y de la medicación?
Hace 50 años apareció por primera vez la ritalina, que ha sido la droga más reconocida para tratar casos de hiperactividad severa, que no son más de 10 por ciento. En la hiperactividad severa existe un factor muy grave, y es la alta accidentalidad. Son niños que no miden el peligro. Tienen una baja producción de adrenalina porque no están concentrados. De hecho, pueden dedicarse a deportes de alto riesgo o buscar experiencias extremas para producirla o sustancias estimulantes para darle equilibrio a su cerebro.

En los casos leves, con refuerzo académico y algunas terapias, se logra modificar el comportamiento sin necesidad de medicamentos. El problema son los casos moderados porque hay que proteger la parte académica, entonces se les suministra en épocas de exámenes o cuando se considere que la pueden necesitar. Los médicos coinciden en que es mejor suministrarla a niños que a adolescentes, pues estas sustancias generan en los jóvenes una sensación de bienestar que podría resultar adictiva.  

Testimonio
Claudia es madre de dos niños bastante particulares. Esta es su experiencia luego de dos años en terapia para superar el problema.

“Entendí que mis hijos tenían un problema de conducta cuando tenían 8 y 10 años, respectivamente, y en colegio me dijeron que ambos iban a estar con matrícula condicional. Ese término me sonó horrible, como si fueran delincuentes ad porta de ir a la cárcel. El más inquieto es el mayor, pero, claro, es el ídolo de su hermanito que lo sigue a todas partes y le sigue las ideas. Mi esposo trabaja mucho y desde nació nuestro primer hijo yo decidí quedarme en casa.

Nunca he sido buena para impartir disciplina, tal vez porque crecí en una familia donde nos castigaban por todo, mi papá era muy estricto y todo había que hacerlo a escondidas, así que cuando tuve mi familia decidí que sería todo más flexible; pero, la embarré. Me muero por mis hijos, no soy capaz de regañarlos y durante varios años negué la situación y cada vez que hacían de las suyas yo lo veía con humor, como si fueran travesuras. Una vez estábamos de vacaciones y los dos se metieron solos al restaurante del hotel, pidieron entradas, langosta, todos los postres de la carta.

La cuenta era de casi 300 dólares. Los niños dijeron que sus papás ya bajaban a firmar la cuenta, afortunadamente, el administrador me llamó al cuarto y me explicó la situación. Baje y me puse furiosa, pero con los meseros por haber atendido a dos niños solos y no los reprendí por abusar de nuestra confianza. Error, ahora sé que eso no se hace. Cuando busqué ayuda, además de la advertencia del colegio, me llamó la atención que mis hijos ya no llegaban con invitaciones a los cumpleaños o reuniones en las casas de sus compañeritos. Entonces recibí la llamada de una de sus profesoras diciéndome que varias mamás habían comentado que preferían no invitar a esos ‘matoncitos’ porque se llevaban juguetes de los cuartos, agredían a los recreacionistas, querían partir la torta antes de tiempo. Me puse a llorar y comprendí que no podíamos seguir ocultando el sol con un dedo. Mi esposo y yo fuimos donde una sicóloga muy querida que nos ha ayudado a todos, y en el camino hemos descubierto que él y yo también tenemos cosas que trabajar”.

Manos a la obra

Estas son algunas pautas importantes que influyen en la conducta de los más pequeños.

Establece una jerarquía clara en tu hogar.
Ante un episodio en el que el niño irrespete a alguien se debe proceder con justicia reparativa:
1. El niño debe reconocer su error.
2. Ofrecer disculpas a la persona.
3. Indemnizarla, hacer algo por ella.
No apliques castigos físicos.
Ante un berrinche o pataleta, deja al niño a un lado, explícale que estuvo mal, y posteriormente ignóralo por un buen rato. No te dejes manipular.
Ayuda al niño con las tareas que no son para su edad, pero deja que haga las que le corresponden, como vestirse o bañarse solo después de los 6 años.
Dale al niño ambientes con personas diversas, y ofreceles actividades extracurriculares como deportes o artes para que él elija las que más le llamen la atención.

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