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Que no le metan gato por liebre, ni mucho menos encoñamiento por enamoramiento…

 
Por años, una amiga mía fue el blanco de conquista de un tipo que trabajaba con ella, el hombre intentó de todo para descrestarla, le mostró su carro último modelo, su loft amoblado, su pecho de Superman, su casa en Cartagena…, pero ella no cedió hasta que él le mostró sus pelotas y lo que podía hacer con ellas. Mi amiga reconocía públicamente que jamás sería capaz de salir con él, pero admitía privadamente que fue el mejor polvo de su vida, tanto, que consideró edificarle un monumento a su súper pipí. Él se molestó porque ella sólo lo consideraba para amante y no para novio, se sentía utilizado porque él era más que un pipí.

Hay personas a las que les entra el amor por los ojos, a otras por el estómago, y luego a otras cuantas les entra el amor por los genitales; esas son aquellas personas cuyas cabezas sufren un cruce de cables en pleno orgasmo que genera confusión: piensan que lo que sienten es amor porque les produce placer y felicidad, pero en realidad no es otra cosa que un clásico caso de encoñamiento, dícese de aquella atracción sexual por otra persona hasta llegar a la obsesión, en otras palabras, una ‘coñitis’ aguda.

El encoñamiento sucede muchas veces porque durante el primer ritual de apareamiento cada persona tiene sintonizado un canal totalmente diferente: él está viendo Playboy, quiere intentar aquella postura del sauce que vio la noche anterior; mientras que ella tiene sintonizado el Hallmark Channel, siente que es Julia Roberts en una comedia romántica y que tal vez ha encontrado al padre de sus hijos. Y ahí es cuando empieza el problema, mientras que para una persona fue un one night stand, la otra piensa que es el inicio de una relación.

Luego él le promete que la va a llamar mientras se viste (aunque nunca le pidió su teléfono) y ella se queda esperando eternamente su llamada; acto seguido, ella termina agarrándola contra su celular diciendo que es una chanda porque nunca tiene señal, sin aceptar que la chanda en realidad fue su príncipe azul desteñido. Los síntomas del encoñado varían: algunos caminan como pingüinos después del episodio, pero atribuyen su ‘caminao tumbao’ a algo menos incriminador como simple torpeza o alguna lesión deportiva, pero, en general, la cabeza del encoñado pareciera que hubiera sido formateada de todo material relevante para su vida y se la hubiera reprogramado con un Windows Sex Software, que hace que todo lo que piensan, vean, escuchan, huelan, tocan se convierte en un catalizador sexual, el cerebro se va de vacaciones y el coño ocupa el centro de control de todas las operaciones.

Estoy segura de que la mayoría del porcentaje de las personas a las que les cortan algún servicio público, se les olvidó pagar porque estaban encoñadas. Una vez uno empieza a ver más claro y el encantamiento del encoñamiento empieza a desaparecer, debe analizar por qué se quedó encoñado. ¿Será porque está demasiado necesitado de afecto y mendiga cualquier osito cariñosito que le quiera hacer el favor? ¿O porque sencillamente fue un polvo premium de esos que generan adicción? ¿O porque tiene uno tanto tiempo que lo único que hace es pensar en sacar una segunda edición del Kama Sutra? De cualquier forma, si aún está encoñado lo mejor es iniciar el protocolo de desencoñamiento, hay personas que toman medidas radicales y dicen “me voy a meter a monja” o “me voy a volver lesbiana a ver si me va mejor”; pero eso no garantiza regresar al mismo punto, ¿quién dijo que las monjas y las lesbianas no se encoñan también? Lo mejor es cambiar las sábanas y echarlas al pasado, para conocer personas no sólo para encoñarse sexualmente, sino también personalmente, para que la relación dure más que una noche.

Es difícil distinguir un enamoramiento de un encoñamiento, lo importante es no ser caprichoso y preguntarse realmente dónde siente más el vacío: ¿en el corazón o en el coño? Si es en el corazón es un caso de amor, pero si es en el coño, cómprese un vibrador, que no le va a prometer llamarla al día siguiente sin hacerlo.

Lo cierto es que si alguien es así de bueno en la cama, se puede crear una adicción, por algo existe Ninfómanos Anónimos, razón por la cual, me gustaría sugerirle a la comunidad científica (que estoy segura de que lee mi columna) patentar una pastilla tan útil y seguramente tan vendida como los anticonceptivos; la pastilla antiencoñamiento, que les garantizará una relación ciento por ciento libre de encoñadas improductivas. Ahí les dejo la tarea.

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