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En defensa del género masculino

Lila Ochoa

En defensa del género masculino "Por primera vez defiendo a los hombres. Ya era hora" (Lila Ochoa)

No entiendo realmente qué les pasa a las mujeres de hoy. Qué es lo que están pensando cuando creen que cada decisión que toman no trae consigo consecuencias y que hacerse las víctimas para no afrontar estas determinaciones es la solución.

No entiendo realmente qué les pasa a las mujeres de hoy. Qué es lo que están pensando cuando creen que cada decisión que toman no trae consigo consecuencias y que hacerse las víctimas para no afrontar estas determinaciones es la solución.

No hace mucho tiempo, las mujeres tenían como metas estudiar, conseguir un trabajo interesante, y algunas hasta soñaban con ocupar cargos importantes en la política. Fue la primera generación que entendió que libertad es sinónimo de trabajar para tener independencia económica, que tener mundo propio es la prioridad y que la relación de pareja no es un contrato de esclavitud y sumisión, sino una vida de dos personas iguales luchando por un bien común.

Cuando leo en las revistas y periódicos historias como la de la rubia Anna Nicole Smith, que se casó a los 23 años con un anciano de 94, millonario, y que murió a causa de una sobredosis de tranquilizantes y antidepresivos, no entiendo por qué se arma tanto alboroto, si la realidad monda y lironda es que ella se casó con él por la plata y se buscó ese final trágico.

Con la ayuda de sus abogados entabló una demanda para quedarse con parte de la fortuna de una familia por cuenta de un matrimonio por interés. Ella pensó que los implantes de silicona y su linda cara eran suficientes para tener éxito en la vida. Se dedicó a la rumba, a los hombres y a venderse en las revistas de farándula. Era tal el despiporre de su vida, que tres hombres se disputan la paternidad de su hijita.

Lo grave es que este no es un caso que ocurra solamente con las celebridades en otros países, también lo vemos cada vez con más frecuencia en Colombia. Cada vez oigo más historias de mujeres que se casan con hombres mayores y ricos. Les son infieles durante los cerca de veinte años que dura el matrimonio, se dedican a comprar, a salir con las amigas y a aburrirse, y cuando se les acaba la relación arman un escándalo, se sienten traicionadas y demandan a los maridos para quedarse con la mitad de su fortuna.

Yo me he quejado muchísimas veces de los hombres, pero en este caso tengo que salir en su defensa. Es injusto que una mujer que se casa por plata y no por amor crea que tiene derechos sobre la fortuna que hizo su pareja con el sudor de su frente. El hecho de ser mujeres no nos exime de responsabilidades, no podemos actuar como seres sin cerebro que después de hacer pendejadas nos sentamos a llorar pidiendo perdón o nos refugiamos en los tranquilizantes y en los antidepresivos para borrar las cosas mal hechas. Lo que no entiendo es cómo estas mujeres no se sienten avergonzadas.

No son pocos los casos de mujeres que desde que nacieron sólo soñaban con un hombre que las mantuviera para no tener que mover un dedo, eso no es nada raro. Lo que me extraña es la actitud que tienen hoy, que las hace pensar que la vida les debe todo y que ellas pueden hacer lo que se les dé la gana, simplemente porque sí. No están enamoradas de sus maridos, pero siguen sobrellevando su matrimonio porque, si se van, se mueren de hambre.

Además, son infieles y pretenden, cuando finalmente el marido se aburre de la farsa y se va, quedar ricas, solteras y listas para continuar la rumba. No se trata de juzgarlas con base en falsos moralismos. Pero los hombres no pueden ser tan bobos y dejar que los manipulen hasta que San Juan agache el dedo. Es triste saber que muchos de ellos trabajan toda una vida para que el fruto de su esfuerzo se lo lleve la mujer de la que un día se enamoraron.

No pretendo que todas mujeres sean astronautas o ingenieras civiles, pero sí creo que si estamos luchando por la igualdad, ésta debe ser en todos los campos. Si uno es infiel, tiene que asumir las consecuencias, si uno no quiere trabajar, si decide convertirse en un parásito, no puede pensar que porque alguna vez tuvo una cara bonita y un cuerpo de sirena se merece todo.

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