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La tusa para ‘dummies'

Odette Chain

La tusa para ‘dummies' Foto: Thinkstock

Los cardiólogos recomiendan que comamos pescado y hagamos ejercicio para cuidar nuestro corazón, pero aún no han descubierto qué hacer para que no nos lo rompan…

En el momento en que ruedan los créditos ‘The End’ en una relación, hay que entender que ese no es el final de la vida, sino de su vida con esa persona, y que el mundo todavía va a existir al día siguiente aunque no lo parezca. Lo cierto es que nadie se ha muerto de amor. Cuando uno termina con alguien, lo primero que hace es tratar de borrar toda la evidencia de esa relación. Se inicia el exorcismo, el ritual de botar todas las cartas cursis, regalos de aniversario (con excepción de los regalos con quilates), hasta prendas íntimas que nos regalaron; y se queman en el patio de la casa usando de banda sonora alguna canción de despecho de Darío Gómez.

Siguiente paso: procedemos a cortar todos los canales de comunicación con esa persona, lo borramos de los contactos del celular y del MSN, esperando que eso nos ayude a borrarlo también de nuestro corazón. Hay una canción que dice “…breaking up is hard to do” y es tan cierto que yo sugeriría que se escribiera un libro tipo Rompimiento para Dummies, o un protocolo de separaciones, porque cuando uno termina con alguien en realidad no termina, sino que se inicia una guerra fría de cuestiones incómodas como decidir quién se va a quedar con el televisor que compraron los dos, con el apartamento y con la colección compartida de porno para parejas. Resolver todos esos enigmas hacen la tusa aun más dolorosa, porque además de quedarse sin el ser amado, uno se puede quedar sin apartamento y sin pantalla plana, y eso, sí que duele más…

Cuando las parejas terminan no es un asunto de dos, sobre todo, si hubo cachos de por medio. No son sólo ella y él, sino que hay muchos más damnificados: desde la mascota sobornada de lado y lado que no sabe con cuál de los dos irse; la muchacha del servicio que espera a ver cuál de los dos le hace una mejor oferta; los amigos en común obligados a escoger bandos; y los suegros que muchas veces terminan queriendo más a sus nueras y yernos que a su propios hijos.

Hoy en día, hay tal vez muchas más tusas porque la tecnología le ha dado herramientas a los cobardes para romper con su pareja de una manera más sencilla, pero no menos dolorosa. Hay quienes mandan un mensaje de texto o dejan un mensaje en su máquina contestadora diciendo el típico: “No eres tú, soy yo el del problema”, o no quieren poner la cara y terminan vía MSN.

Analizando la situación del rompimiento, ¿qué es mejor, jugar en la posición del que corta o ser el cortado? El que corta tiene el poder, pero también puede quedar como el HP de la historia. Mientras que el cortado no tiene elección, pero puede hacerse la víctima y eso tiene sus beneficios a corto plazo, como conseguirse a ese amigo al que le tenía ganas, pero nunca lo consideró por uno tener novio, para que lo consienta ahora. Lo cierto es que ambos afectados pierden lo construido a cuatro manos, pero ganan libertad y nuevas posibilidades.

Lo más interesante del rompimiento es ver cuál de los dos afectados empieza a recuperarse primero, quién le encuentra reemplazo primero. Así como hay personas que no les sienta el rompimiento porque parecen extras de una película de zombies, hay otras que reciben un facelift gratis cuando terminan con los novios porque se les borran las líneas de expresión y amargura. Una vez, en algún salón, mientras yo gritaba por la carnicería, perdón, por el pedicure que me practicaban, entró una atractiva señora. Todas las clientas la escanearon de arriba a abajo, y una conocida le preguntó: “¿Qué te hiciste que te ves tan bien?” Y ella le contestó muy tranquilamente: “Enviudé”.

No hay mal que por bien no venga. Lo importante es aprender de los errores y no ver el rompimiento como un fracaso, sino como una oportunidad de… cambiar (o algo así). Lo cierto es que quien nunca haya contemplado suicidarse por amor es porque jamás le han terminado, y al que nunca le hayan roto el corazón es porque jamás se ha enamorado.

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