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Lo que todas las mujeres deberíamos saber acerca de los hombres

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Lo que todas las mujeres deberíamos saber acerca de los hombres Foto: Thinkstock

La concepción de la sociedad acerca del género masculino es muy machista, desde pequeños se les enseña a los niños que los hombres no lloran, que deben ser el elemento más fuerte en una relación de pareja y en muchos casos, que deben ser los que trabajan para mantener a la familia.

Para resumir, se les ha catalogado como seres humanos sin derecho la sensibilidad y a expresar abiertamente sus sentimientos. Pero la realidad es completamente opuesta, la mayoría de los hombres siente miedo, no soporta la soledad y les agobia la idea del fracaso, temiendo llorar para no ser considerados “homosexuales”. Esta es la idea que plantea el conocido autor Walter Riso en su libro “Intimidades Masculinas” que habla acerca del mito de la fortaleza masculina y la supuesta incapacidad de los hombres para amar.

Los hombres de esta época están cansados de llevar a cuestas la carga de ser los que sufren por no conseguir el sustento, de no ser capaces de desfallecer porque "los hombres no se dan por vencidos", de ser quienes han perdido la posibilidad de abrazar y besar tranquilamente a sus hijos, de auto exigirse exageradamente y haber perdido el derecho a la intimidad, de mostrarse inteligentes y poderosos para ser respetados y amados.

Un nuevo hombre está naciendo para dejar de lado conceptos que se le han atribuido como innatos a la condición masculina, tales como: fuerza, valentía, violación y agresión física, solo para citar algunos, que han definido a través de la historia a los hombres más “aptos”. “Al nuevo varón no lo inquietan los míticos ideales de éxito, poder fuerza, autocontrol, eficiencia, competitividad, insensibilidad y agresión”, afirma Riso.

Las principales tres debilidades psicológicas masculinas
1.    El miedo al miedo

En su libro, Riso manifiesta que el miedo es una característica de los seres humanos con la que hay que aprender a vivir, y que es tan común a los hombres como a las mujeres. Sin embargo, las mismas mujeres nos hemos encargado de reprimir en los hombres la posibilidad de expresar sus miedos  porque a través de la historia cuando presenciamos alguna situación de debilidad de los hombres, los criticamos y nos alejamos por no ser lo suficientemente fuertes para enfrentar sus fobias y defendernos. Es claro que no les perdonamos tener miedo a los ratones o a otro animal que pueda ser comúnmente desagradable, así como tampoco a cualquier otra situación en la que ellos normalmente tendrían que ser los “héroes” de nuestra salvación. De hecho, el autor cita un estudio realizado con peces, en el que se comprobó que las hembras de la especie estudiada preferían los machos que se enfrentaban ante sus depredadores, antes que aquellos que se mantenían alejados durante el ataque.

2.    El miedo a estar afectivamente solo
Dice el autor, que los hombres son menos dados a pedir el divorcio o la separación que las mujeres, ya que el proceso psicológico que debe elaborar el varón para encarar la soledad afectiva es más difícil de sobrellevar que el de la mujer. Textualmente dice que el miedo a una separación se genera “porque perdería sus principales fuentes de afecto, seguridad, placer y conveniencia, es decir, hijos, sexo, comida y muchacha de servicio; el paquete entero, con calor de hogar”.

Esto se debe en gran medida a que las mujeres son quienes crían a los hombres: las madres los amamantan, los acarician, los consienten, los regañan, los abrazan y los defienden, quedando esto presente en toda la vida del varón y creando dependencia, adición y seguridad. Al crecer, todo esto hace parte de su seguridad afectiva y lo buscan en las mujeres que consiguen como pareja, creando apegos y dependencias que casi siempre permanecen aun cuando no se sientan felices con la compañera que eligieron. En la mayoría de los casos, aunque haya sentimiento de infelicidad, permanecen unido a ella hasta que consiguen otra mujer para remplazarla, pero claramente no sueltan una hasta no tener segura a la otra.

También asegura Riso, que los hombres son mejores receptores que dadores de amor, por eso siempre buscan quién los ame, antes de a quién amar.

3.    Miedo al fracaso

Para la mayoría de los hombres, el poder y la competencia definen una buena parte de su existencia. El dominador suele ser el más apetecido y respetado tanto por un sexo como por el otro.

En la sociedad actual, el dinero  es la más evidente señal de supremacía masculina civilizada, que genera acceso directo a un sinnúmero de reconocimientos y favores específicos para su género.  
Se convierte en motivo de competencia al compararse con otros del mismo género, obteniendo reconocimiento y por supuesto, la admiración del sexo opuesto.

El miedo al fracaso está basado en los mitos responsable del aprendizaje social del varón, fundamentados en los viejos parámetros de dominancia biológica: “vales por lo que tienes” y “todo lo puedes”.

De esta manera, su impulsiva e inevitable búsqueda de dominio y poder, se basa en estos preceptos que no le permiten ser un hombre desempleado sin sentirse en una posición despreciable, generada directamente por las mismas mujeres quienes en muchas ocasiones le quitamos valor al hombre que está a nuestro lado en una posición de desventaja por situaciones como la falta de ingresos económicos.

La otra debilidad masculina incluida dentro del miedo al fracaso la constituye la incapacidad a aceptar que no son súper héroes que todo lo pueden, que tienen derecho a desfallecer y a ser humildes aceptando la derrota.

Nuestra sociedad actual y sus diferentes culturas siempre tan marcadas por el machismo, ha reprimido al género masculino para expresar libremente sus emociones, miedos y sentimientos sin ser castigado. Sin embargo, aunque es complicado modificar los paradigmas que nos han marcado desde principios de la historia, es el momento de empezar a entender que los hombres también tienen derecho a ser débiles, a llorar, a fracasar, a sentir miedo y a expresarse como seres humanos que sienten y desean abrirse al mundo de las emociones sin ser tildados de débiles.

Este cambio de concepción, el género femenino juega un papel fundamental en el hecho de entender que el ser sensible para un hombre no significa ser frágil y poco digno de respeto y valor, pues en gran medida, las mujeres hemos contribuido a fortalecer el machismo que caracteriza al género masculino.

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