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Manual para hombres  Thinkstock

No hay reglas para complacer a la mujer, ni sexo oral, punto G, ni maneras de besar, que valgan, si no se explora bien el cuerpo. Puntos para discutir y aprender en pareja.

“Lo bueno, si breve, dos veces bueno”, es un aforismo generalizado y aceptado para todo, incluso para el sexo. Sobre todo en los hombres. Por que en materia de satisfacción sexual femenina, tendríamos que decirles a los hombres que para la mujer “lo breve, si bueno, dos veces breve”, y hasta tres y cuatro veces y contando. Sin necesariamente referirnos al orgasmo o la capacidad multiorgásmica de la mujer, que, según la mayoría de los estudios y encuestas, se queda en capacidad, pues pocas veces se desarrolla.

Y no sólo por ‘culpa’ de los hombres; más bien por responsabilidad compartida. Lo cierto es que, sin aprendizaje previo, hombres y mujeres afrontan sus experiencias sexuales como debutantes permanentes, y siempre queda la sensación de que merecían por lo menos un ensayo. 

Como músicos frustrados, hay parejas que pasan su tiempo sacando brillo al instrumento sin llegar a interpretar la canción que iban a cantar; la mayoría improvisa sobre la marcha y, como sordos, se ven obligados a tocar a oído.  Y cada encuentro puede ser un concierto desafinado, en contra de todas las expectativas. 

Un chiste feminista pregunta “¿por qué la mujer es más moderna que el hombre? ”Y la respuesta es: “Porque su masturbación es digital y la del hombre manual”. Cierto o no —lo del modernismo—, hay que tener en cuenta lo del manual como característica masculina, y su fascinación para todo lo que signifique manual de instrucciones, aunque a la hora de la verdad, no hay una enumeración o reglas fijas.

No se puede olvidar la naturaleza del hombre y de la mujer, el deseo, la seducción, el erotismo y los estímulos, y para practicar, lo mejor es dejarse llevar por la pasión, sin manuales debajo del brazo. Como muchos necesitan un modelo a seguir paso a paso, para después innovar, los recetarios sexuales tienen una recomendación en común para hacer el amor: explorar, explorar y explorar.

Caricias de primera mano 

Como las mujeres tienen la ventaja de que lo que los hombres suponen de ellas siempre está en otra parte, y mantener el secreto es su propia fuerza; para satisfacerse en pareja, hay que ayudarse mutuamente, pues ya se sabe que el hombre permanecerá sexualmente inútil a no ser que el estímulo que tengan sea capaz de provocar la erección, si es la primera; y algo más difícil, las siguientes.

Señores: explorar el cuerpo como en un viaje es el mejor comienzo. De pies a cabeza, deteniéndose en la nuca, el pecho, cultivando el terreno antes de llegar a los genitales. Morder y hacer cosquillas con concentración, preguntar dónde se sienten mejor las caricias para controlar las partes más sensibles. No hay caricias prohibidas. 

Después de realizar el viaje con las manos, dejar que la lengua y los labios pasen por la axila, los hombros, detrás de las rodillas, la espalda, las nalgas y la ingle, sin que se le vaya la mano. La nuca es un punto débil, y el ombligo no debe olvidarse. Primero con el dedo índice alrededor y recorrerlo, después de un ligero masaje ayuda a aminorar el ritmo. Las orejas es mejor ‘manipularlas’ con la lengua.

En busca del orgasmo perdido

La historia cuenta que luego de perseguir el orgasmo por todos las partes del cuerpo, la comisión de la verdad conformada por científicos, médicos, homeópatas,cristianos, budistas y taoístas lo ubicó en el pene, y el caso del hombre, ‘cosa juzgada’. En la mujer se inició en la vagina, cercó el clítoris y cuando se escapó, se descubrieron unos testaferros, que para el caso se les llamó zonas erógenas.

Las intensas pesquisas prosiguieron hasta que apareció el Punto G, un lugar encantado, conminado a la oscuridad. Cuando la oscuridad se hizo luz, el orgasmo se deslizó por la espina dorsal hacia el cerebro y desapareció.

Pero se ha olvidado que en el orgasmo la mirada está perdida, casi siempre los ojos están cerrados. El orgasmo es la oscuridad, se mira con los ojos cerrados. Las miradas de uno y otro se disuelven en una, las conciencias se pierden en un instante, se juntan, se abandonan, se extravían y vuelven a aparecer una contra otra después de un suspiro.

Dónde está el punto G 

El Punto G fue el último lugar visitado por el orgasmo, según cuentan los sexólogos. Y ubicarlo es tarea difícil. Está en el interior, una cuarta arriba del labio superior, y nueve debajo del inferior, rodea toda el área por delante y por detrás. (No se moleste en hacer cuentas: el labio superior referido es el de la boca, el interior es la cabeza, la mente, el corazón, los riñones, y toda el área es el cuerpo). El más poderoso instrumento sexual no lo tenemos entre las piernas, son los sentimientos de deseos que residen en otro lugar inexplicable: la mente.

Mano de obra

El sexo no es algo que sucede, sino algo que se hace suceder. Por lo tanto, si hay algo que no funciona, hay que remediarlo: es mejor preguntar si se va por el buen camino, ya que no todas las mujeres son iguales, y en su caso no todos los caminos conducen a Roma; hay que aprender qué necesita el cuerpo y compartirlo con la pareja, mano a mano.

¿69?

Para llegar al 69, hay que empezar de cero, y luego de uno en uno. Está bien que a los hombres les guste. Sin embargo, la mayoría de mujeres prefiere sólo una cosa a la vez, que las cuiden o cuidar. Sin distracciones.

¿Y el sexo oral?

Depende de cual. El cunnilingus no se pide tanto como la felación, pero resulta más placentero para la mujer. Y en cuanto al reparo contra la felación, hay una diferencia en el cuidado del cuerpo: las mujeres suelen preparar un encuentro, se depilan, se perfuman; los hombres deben aprender a cuidarse más, para poder exigir.

Primero las damas 

La idea es que antes de penetrar, la mujer ya haya tenido uno o varios orgasmos con la estimulación manual u oral. Primero: es  una forma de garantizar que ella tenga un orgasmo pase lo que pase. Segundo: permite que el hombre viva el momento con menos tensión, porque ya no se siente obligado a cumplir. Tercero: la mujer, al estar ya muy excitada, siente más durante la penetración y cuarto: porque si es multiorgásmica tiene más probabilidades de llegar en más de una ocasión. Quinto: si una mujer es multiorgásmica, ¿con cuál de sus orgasmos ha de coincidir el de su pareja?

Buena mano 

Siempre que pasen los dedos por entre las piernas, y se detengan con su yema roma en la vulva, hay que asegurar que estén mojados, los dedos; por cualquier medio, se debe humedecer los dedos antes de tocar el clítoris, que se lastimará si están secos, y eso duele y no gusta.

Besos en roma

Para besar sólo hay que incitar a que la lengua suavemente abra los labios, y que siga explorando, explorando y explorando. ¿Sabemos que no estamos hablando del beso francés? ¿Sí? Continuamos entonces. De ahí en adelante, la mujer guía con sus estremecimientos, su estatismo o un monosílabo para aminorar o aumentar el ritmo del jugueteo de la lengua sobre el clítoris, hasta que cante...

Directo al punto G 

Por lo general, las mujeres responden mejor a la estimulación del Punto G después de una estimulación prolongada o después de varios miniorgasmos clitoridianos. Así que llegar directo al Punto G, no es la prioridad. Ubicarlo no es fácil, pero, dicen los manuales, que está en la parte interna de la vagina hacia el pubis; hay que encorvar el dedo, en forma de gancho, y palpar, un área que, dependiendo de la excitación, la sienten rugosa los hombres; por que las mujeres, si el hombre sabe manipular bien, están en otra dimensión. En lo único que está permitido que el hombre sea manipulador, a nuestro antojo, es en las yemas de sus dedos.

¿Qué hay después del orgasmo?

Hasta ahora, supersticiones. O si se quiere, fortalecer el amor. Nuestra cultura genitalizada como producto de siglos de prohibición sexual, debe entender que el sexo es apenas el comienzo.

En la relación sexual todos los sentidos actúan. El tacto no es el principal ni el primero, puede ser incluso el último; luego de excitar con palabras el oído… como diría Einstein: “La imaginación es más poderosa que el entendimiento”; y con imaginación hay que estimular el gusto, las miradas y los olores. La única regla que puede haber en los juegos sexuales es el secreto, porque como en todo juego, el desarrollo no es misterioso, el proceso y sus jugadas se conocen: complacer y complacerse

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