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Objetos de placer Foto: Archivo Fucsia, Wolgang Mustain

Prefieren una prenda íntima a una mujer desnuda, unos pies descalzos a un cuerpo entero y un elemento común a una noche de pasión. Son los fetichistas, fieles amantes de las cosas.

En Japón ninguna mujer pone a secar su ropa interior en la ventana de su casa. No por vergüenza, pues la práctica de asolear las prendas en las fachadas de los edificios es allí común, sino porque jamás la vuelve a ver. Se la roban. Tanto es así, que en Tokio, desde 1985, existe toda una mafia alrededor de las prendas íntimas usadas. El negocio consiste en que la mujer lleve durante dos días la pieza (especialmente panties) y después la venda en un lugar secreto (casi siempre ubicado en el distrito del sexo o en un apartamento del centro de la ciudad) por una suma cercana a los 125 dólares. 

Muchas lo hacen porque creen que es una forma de ganar dinero fácil sin verse obligadas a tener contacto físico con ningún hombre. Después, los miembros de la mafia venderán cada pieza íntima por alrededor de mil dólares. Eso sí, mientras más olores o fluidos se puedan adivinar en la prenda, o si ésta viene acompañada de una foto de su usuaria, más pagarán por ella.

Cuando uno de los compradores —casi siempre asalariados hombres de corbata— llegue al lugar, encontrará cada panty guardado delicadamente en una caja transparente y etiquetado según el tiempo que la mujer lo llevó puesto. Pero tendrá más para escoger: también verá uniformes de colegio, vestimentas de azafatas, ropa de gimnasia, medias, zapatos…

En esta mafia, muchos quieren ahorrarse el pago a las mujeres por haber llevado las prendas, por lo cual es común que prefieran robarlas de las casas, las lavanderías y los hoteles. Saben que el mercado del fetiche mueve millones de dólares en el mundo entero.

De manos y pies 

Para aquel hombre japonés que pagó una suma exorbitante por ella, esa prenda íntima es mucho más que ropa sucia: es todo un objeto de placer. Según explica la sicóloga y terapeuta de pareja, Lucía Náder, “la única forma que tiene de satisfacer su deseo sexual es haciendo uso de ese objeto para exacerbar su pasión”. Por eso, lo primero que hizo cuando llegó a su casa fue encerrarse en el baño para masturbarse, ya fuera ante el objeto o con él puesto.

Otro hombre jamás se aislaría con la pañoleta de terciopelo que ha guardado durante años. Le gusta tener sexo con mujeres. Sin embargo, cada vez que tiene un encuentro amoroso, su pareja debe usarla o si no a él le resultaría imposible conseguir una erección.

“Necesita la pañoleta para estar igual con la mujer amada que con la que solamente desea”, dice la doctora Náder. Y después sentencia: “En el fetichismo es más importante el objeto que la persona”. Es más, quienes presentan estas conductas, comentan en las terapias que normalmente no precisan imaginar a la mujer que usó esa prenda para excitarse. El objeto les satisface lo suficiente para no necesitar de nada ni de nadie. Con el fetiche les basta.

Pero también están quienes sienten placer con una parte específica del cuerpo de su pareja. Internet está plagada no sólo de sitios que comercializan bikinis y brasieres usados, sino también acceso a fotografías de pies descalzos, manos, lenguas y largas cabelleras. Imágenes que para el común de la gente pueden parecer aburridas, para un fetichista del cuerpo son las más excitantes.

Luz Marina Riveros, sicóloga de familia, cuenta que en este caso existe al menos la ventaja de que el objeto de deseo está más relacionado con el contexto sexual y con la corporeidad del otro. Pero la persona sólo va a conseguir excitarse si encuentra a alguien que cumpla con las características de su deseo. “Por ejemplo —dice—hay hombres que sólo pueden sentirse excitados si sus parejas tienen el pelo largo y negro. Si no lo tienen, ni las miran. Pueden sentirse atraídos hacia una mujer fea o mucho mayor que ellos, contal de que tenga esas características. 

Y basta que se lo corte o se lo pinte para que deje de resultarles atractiva”. No les atrae la mujer, sino el fetiche que en ellas hay. Eso no quiere decir que toda persona que tenga mayor inclinación por ciertos colores, objetos o partes del cuerpo, sea fetichista. A alguien le pueden parecer muy sensuales unos pies desnudos o que su esposa use panties negros en la noche. 

El problema radica en que esa conducta se vuelva invariable. Si la única forma que tiene para excitarse es ante esos pies, o si sólo consigue la erección cuando ella usaesa prenda, se habla en la sicología de fetichismo.

Cuestión de hombres 

A las tiendas secretas de ropa interior usada del Japón, las mujeres sólo entran a vender, pero jamás a comprar. Las cifras de los terapeutas dicen que de cada cien fetichistas sólo cinco hacen parte del género femenino, y aún no se conocen las causas precisas de esta situación. No obstante, según la sexóloga Marta Bernal, se considera que la excitación masculina obedece más a razones visuales, mientras que la de la mujer tiende a ser más auditiva.

Es por eso que son bastante extraños los casos de fetichistas que sólo consigan excitarse con música o con un sonido especial. Lo más normal es que les baste con ver el objeto o con tocarlo. Ahí también es importante la sensación táctil. Aparte de la ropa interior, sienten placer por texturas como las de la seda, el cuero, el peluche y el terciopelo. Algunos tienen un solo objeto de placer, mientras que otros los coleccionan según su gusto: sólo ropa interior de algodón o sólo pequeños muñecos de felpa.

 

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